miércoles, 8 de abril de 2015

MENSAJE A LA NACIÓN PANAMEÑA, A LA VII CUMBRE DE LAS AMÉRICAS Y A LA CUMBRE DE LOS PUEBLOS



Pintura de Rolo De Sedas
En el marco de la celebración en Panamá de la VII Cumbre de las Américas y de la Cumbre de los Pueblos, en los próximos días, cuando el mundo del siglo XXI confronta a naciones judeo cristianas y musulmanas, a nivel global, mientras opone a gobiernos socialistas contra neoliberales, en nuestro hemisferio, manifestamos las siguientes inquietudes y propuestas desde la perspectiva cultural.

     1. Ausencia de una Mesa de Cultura
Señalamos con preocupación la ausencia de una mesa de cultura en la Cumbre de Las Américas, como un vacío grave, imperdonable, incluso si se intenta incluir, subsumida en la mesa de educación. Interpretamos este bache como resultado de la propia visión de sí mismo del Estado anfitrión, expresada en su plan quinquenal de gobierno, donde sus políticas públicas manifiestan equivalente exclusión temática y disminución sectorial en su agenda de gobierno.

Pero el mundo no se halla exclusivamente ante desafíos de naturaleza económica, social o medioambiental. La creatividad, el conocimiento, la diversidad, la belleza son presupuestos imprescindibles para el diálogo por la paz y el progreso, pues están intrínsecamente relacionados con el desarrollo humano y la libertad.

2. La Cultura como 4º pilar del Desarrollo
El concepto de desarrollo sostenible y su articulación en tres dimensiones fue desarrollado en la segunda mitad de los 1980s. Estas tres dimensiones o pilares son: el crecimiento económico, la inclusión social y el equilibrio medioambiental. La Cumbre de la Tierra, celebrada en Rio de Janeiro en 1992, afianzó estos tres pilares como el paradigma del desarrollo sostenible. Desde entonces, investigadores e instituciones como la UNESCO y la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible piden que la cultura sea incluida en este modelo de desarrollo, aseverando que la cultura al fin y al cabo moldea lo que entendemos por desarrollo y determina la forma de actuar de las personas en el mundo.


Esta nueva perspectiva apunta a la relación entre cultura y desarrollo sostenible a través de un enfoque doble: desarrollando los sectores culturales propios (patrimonio, creatividad, industrias culturales, arte, turismo cultural) y abogando para que la cultura sea debidamente reconocida en todas las políticas públicas, particularmente en aquellas relacionadas con educación, economía, ciencia, comunicación, medio ambiente, cohesión social y cooperación internacional.

El desarrollo humano sólo puede ser efectivo y sostenible si asume una consideración explícita de la cultura y sus componentes como la identidad, la memoria, la creatividad, la diversidad, la solidaridad y el conocimiento.

3. Cultura de Paz
Mientras la educación se consolida como instrumento político del Estado, la libertad humana se desarrolla a través de la cultura. Por su naturaleza la cultura es rebelde, creativa e innovadora.

Contrariamente a la cultura individualista y competitiva del neoliberalismo, que ha conducido al mundo a más confrontación, colonialidad y guerra, una cultura de paz promueve la diversidad, la solidaridad, la interculturalidad y la equidad participativa.

Incluso ha demostrado la cultura ser eficaz como lenguaje sanador contra la violencia juvenil y otros grupos de alto riesgo social, como también ser forjadora de civismo en ciudades latinoamericanas flageladas por las maras o bandas.


El siglo XXI es el siglo de la diversidad cultural. Todas las culturas forman parte de las riquezas del mundo e interactúan para avanzar hacia una humanidad más solidaria, mediante la reciprocidad, el respeto y la confianza mutuos.

Esto exige erradicar el etnocentrismo, como una de las formas más frecuentes de discriminación, así como a combatir cualquier presunción de supremacías raciales, de género, religiosas, o culturales.

Tampoco puede haber democracia sin contradicciones, diversidad ni oposición. La inclusión es la clave. Si no lo logramos, generaremos violencia y guerra, una y otra vez, inevitablemente. Por tanto, no podrá haber democracia para la paz a nivel hemisférico ni global sin una inclusión ideológica en el diálogo entre Estados amigos y adversarios, como tampoco la habrá a nivel nacional sin la participación tolerante de gobierno y oposición; sin inclusión multiclasista, multipartidista,   multiétnica y de género; es decir, sin la participación de todos los actores sociales, políticos y económicos en un nuevo pacto social o gobernabilidad.

Una cultura de paz para el desarrollo humano con libertad y equidad solo es viable si respeta los derechos culturales de todos los pueblos, entre los que resaltamos el acceso a la tecnología y a los medios de comunicación, la memoria histórica, el patrimonio cultural y las identidades nacionales.


Exhortamos al Presidente de la República de Panamá a promover la idea de la cultura como cuarto pilar en el desarrollo, a través de las siguientes acciones:

Añadir la perspectiva cultural a los planes nacionales de desarrollo; establecer objetivos y acciones concretas relacionadas con la cultura en áreas como educación, economía, ciencia, comunicación, medio ambiente, cohesión social y cooperación internacional.

Sancionar, sin más dilación, la Ley 128 de marzo de 2015, que reinstaura la asignatura de Historia de las Relaciones entre Panamá y los Estados Unidos de América en un acto de respeto por la memoria histórica de Panamá y de su lucha generacional por la soberanía nacional; asignar suficientes recursos para reabrir el Museo Antropológico Reyna Torres de Arauz, como reconocimiento a la antigüedad precolombina y multiculturalidad de la nación panameña; impulsar la educación integral en nuestro país, con el fortalecimiento de las humanidades para beneficio del pensamiento crítico de la nación y, finalmente, crear el anhelado Ministerio de Cultura como manifestación de su compromiso con el desarrollo humano de los panameños en el contexto innovador de una cultura de paz.


Coordinadores: 
Ana Elena Porras, Ricardo Ríos y Eduardo Flores.
 Movimiento Ciudadano por la Identidad Panameña

Dado en la República de Panamá el 5 de abril de 2015

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