jueves, 15 de enero de 2015

Manuel Orestes Nieto y el Premio Casa de las Américas


El poeta Manuel Orestes Nieto partió a La Habana Cuba a integrar el jurado de poesía del Premio Literario Casa de las Américas del año 2015.  Es una distinción excepcional para el poeta ser parte del selecto jurado de personalidades literarias consagradas de Latinoamérica y el Caribe que se reúne todos los años para escoger las mejores obras literarias producidas en la región.

El pasado 9 de enero, Casa de las Américas anunció el programa y constitución del jurado en su sede en La Habana. Es la 56ª edición del Premio Casa de las Américas, uno de los premios literarios más prestigiosos en lengua española, se otorga desde el año 1960 y es el más antiguo y sostenido del continente.

Las principales categorías de premiación son poesía, cuento, novela, teatro y ensayo. Posteriormente se agregaron otras categorías como: testimonio, literatura para niños y jóvenes, literatura caribeña de expresión inglesa, literatura caribeña francófona, literatura brasileña y literatura indígena. 


La Casa de las Américas divulga, investiga, auspicia, premia y publica la labor de escritores, artistas plásticos, músicos, teatristas y estudiosos de la literatura y las artes; cuya comunicación fomenta el intercambio con instituciones y personas de todo el mundo.

El poeta panameño ganó el Premio Casa de las Américas en 1975, hace exactamente 40 años y hasta la fecha ningún otro panameño ostenta el primer premio en dicho galardón. Posteriormente, en el año 2010, hace cinco años, recibe el Premio José Lezama Lima de la misma Casa de las Américas por el conjunto de su obra reunida titulado: “El cristal entre la luz.”
El poeta panameño  (final a la der.) con  el pintor Mariano Rodríguez q.e.p.d  (centro)
y  Roberto Fernández Retamar (izq), actual director de Casa de las Américas en 1985.
Con una vasta obra literaria, cinco premios Ricardo Miró en poesía –que lo coloca como el poeta que más veces ha ganado el primer premio en esta sección y además en cinco décadas distintas- es actualmente el poeta de mayor reconocimiento internacional del país.

A fines de 2013 publicó “Altamar” que reúne cuarenta y cinco años de producción  literaria.

A su regreso de La Habana dará a conocer un inusual y original poemario, el cual está ya en imprenta titulado: “Aquí nací y moriré”. El texto poético ha sido traducido a 16 lenguas, en coordinación con intelectuales, traductores y académicos de Salamanca, España, su diseño está a cargo de Salomón Vergara y la edición al cuidado del autor.


La versión 2015 de Casa de las Américas.

Unos 652 textos han sido inscritos este año en el Premio Literario Casa de las Américas. La edición 56 del certamen tendrá lugar entre el 19 y el 29 de enero en La Habana y Cienfuegos. El historiador colombiano Alfonso Múnera tendrá a cargo las palabras inaugurales 

“Es cierto que ningún galardón convierte a libro alguno o a su autor en mejores o peores de lo que ya son; a lo sumo les dan apoyo y contribuyen a su circulación y reconocimiento. A fin de cuentas la literatura, ya lo sabemos, no es una carrera de caballos. Y sin embargo, los autores confían año tras año en la confrontación con otros y en el juicio de colegas y entendidos”. 


Para Jorge Fornet, director del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas y del propio certamen, los centenares de textos inéditos que cada año llegan hasta 3ra y G desde todos los países de la región “no hacen sino refrendar la pertinencia de premios como este”. 


La edición 56 del Premio Literario acogerá a 22 intelectuales de 14 países, que conformarán los jurados en cada una de las categorías: Ignacio Echevarría (España), Nona Fernández (Chile), Luis Negrón (Puerto Rico), Carol Zardetto (Guatemala) y Hugo Luis Sánchez (Cuba) en Novela; Piedad Bonnett (Colombia), Manuel Orestes Nieto (Panamá), Tony Raful (Rep. Dominicana), Ariel Silva Colomer (Uruguay) y Alex Fleites (Cuba) en Poesía; Marta Harnecker (Chile), Alfonso Múnera (Colombia) y Zuleica Romay (Cuba) en Ensayo de tema histórico-social; Edgar Allan García (Ecuador), Ema Wolf (Argentina) y Rubén Darío Salazar (Cuba) en Literatura para niños y jóvenes; Sylvie Josserand Colla (Francia), Silviano Santiago (Brasil) y Julia Calzadilla (Cuba) en Literatura brasileña; y Aileen El-Kadi (Brasil), José A. Mazzotti (Perú) y Margarita Mateo (Cuba) en el Premio de literatura latina en los Estados Unidos. 


Unas 652 obras han sido recibidas por la Casa desde la apertura de la convocatoria: 232 libros de poesía; 116 textos para niños y jóvenes; 29 ensayos; 25 obras escritas por latinos en los Estados Unidos; 71 por brasileños y 179 novelas. Para este último género, la cifra constituye un récord de concursantes. 


Como cada año, el jurado tendrá sus sesiones de lectura en la ciudad de Cienfuegos durante la primera semana, y a partir del lunes 26, participarán de mesas y paneles de discusión en La Habana, en la propia Casa de las Américas. Lo premios serán anunciados el jueves 29 a las siete de la noche en la Sala Che Guevara de la institución. 


El programa incluye la presentación en Cienfuegos y La Habana de los libros premiados en la edición anterior: Explicaciones no pedidas, de Piedad Bonnett (Colombia, Premio de poesía José Lezama Lima); Arrecife, de Juan Villoro (México, Premio de narrativa José María Arguedas); Che Guevara y el debate económico en Cuba, de Luiz Bernardo Pericás (Brasil, Premio de ensayo Ezequiel Martínez Estrada); Cosas peores, de Margarita García Robayo (cuento, Colombia); Blanco con sangre negra, de Alejandro Román Bahena (teatro, México); José Lezama Lima: estética e historiografía del arte en su obra crítica, de Carlos Orlando Fino Gómez (ensayo, Colombia); La loca inconfirmable. Apropiaciones feministas de Manuela Sáenz, de Mariana Libertad Suárez (Premio de estudios sobre la mujer, Venezuela); Miedo a una nación negra. Raza, sexo y seguridad en el Montreal de los años sesenta (ensayo de literatura caribeña, Jamaica), y Sistema, de Abel González-Melo (mención teatro, Cuba). 


Otra importante estación dentro del programa de la edición 56 del certamen será el homenaje de la Casa por los 100 años de Julio Cortázar. El lunes 26 de enero a las once de la mañana quedarán abiertos los archivos virtuales del autor de Rayuela. Gestionados por un grupo de especialistas del Centro de Estudios Latinoamericanos (CRLA) de la Universidad de Poitiers y de la biblioteca de la Casa de las Américas, estarán disponibles en Internet los cerca de dos mil documentos donados por el autor a la institución europea, decenas de cartas enviadas por Cortázar a la Casa de las Américas y a intelectuales a ella vinculados, el millar de materiales de referencia que contiene el Archivo Vertical de la Biblioteca de la institución cubana, fotos y registros analíticos de publicaciones seriadas. Los archivos del CRLA y los que atesora la Casa se complementan en este proyecto y ofrecerán al lector una perspectiva integradora, plena de referencias cruzadas. Una cronotopía única de su tipo que prestigia también esta edición del certamen.
Cuba. Cartas Cruzadas es el título de una exposición que ocupará la Galería Latinoamericana desde el propio 26 de enero a las 6.30 p.m. Su centro estará en las relaciones del escritor con personalidades e instituciones cubanas con las cuales sostuvo un intenso y fecundo intercambio epistolar. Además, tendrá lugar la presentación del volumen Materiales de la revista «Casa de las Américas» de/sobre Julio Cortázar. Como los dedicados a Carpentier y a Roque Dalton, el libro recoge textos escritos por el argentino, así como otros del propio Roque, Eliseo Diego, Lezama, García Márquez, Gelman, Galeano y Ricardo Piglia, entre muchas otras páginas dedicadas a cronopios y famas. 

Y no faltará la música en las jornadas del Premio: esta vez, Ernán López-Nussa, autor de casi una veintena de producciones discográficas, ha elegido como escenario la Sala Cervantes, en el Prado, para el “concierto del Premio” el martes 27 de enero a las 6:00 p.m. Entre otros temas, interpretará parte del repertorio del CD Sacrilegios, su más reciente producción. 

Más información aquí: Casa de las Américas



Fuente: Tomado de “La ventana” órgano divulgativo de la Casa de las Américas

viernes, 9 de enero de 2015

Lo que hemos perdido

A Damaris Díaz de Szmirnov,
quien creyó en los niños y jóvenes.

Por Carlos Fong

No debemos afirmar que los jóvenes de hoy son menos nobles y buenos comparados a los del pasado. No podemos asegurarlo, sólo podemos opinar. Los jóvenes hoy día parecen más indiferentes y abusar de cierto narcisismo. Sin embargo, la totalidad de ellos es buena y tiene preocupaciones igual que los del pasado. Si la mayoría de la juventud fuera mala, el país se hubiera acabado. Lo que sí es cierto es que las generaciones actuales son más vulnerables y están expuestas a peligros distintos: carecen de referentes políticos y cívicos que los ayuden a tomar decisiones como ciudadanos; tienen acceso a una educación que no forja el pensamiento crítico y están cercados por los vicios institucionales en un país sin un proyecto colectivo como nación. En el pasado, creo,  no era así.

Afirmo que somos los adultos los que hemos empobrecido el presente de los jóvenes. Hablé de peligros, esas amenazas las hemos construidos los adultos. La adolescencia, sin temor a equivocarme, es la etapa más difícil del ser humano, porque es allí donde se toman las pequeñas y grandes decisiones que pueden definir la vida. Pero en un mundo donde las dimensiones de la vida cotidiana –el entorno- está impregnado de prácticas de corrupción, juega vivo, narco-tráfico, clientelismo, oportunismo, impunidad, en un mundo así, ¿Para qué tomar buenas decisiones? ¿Para qué elegir ser bueno, si los malos viven mejor?

Somos los adultos los que hemos edificados instituciones sin un proyecto común; somos los adultos los que estamos destruyendo esa institución llamada familia, la única que crea lazos éticos sólidos con la sociedad; somos nosotros los que tomamos decisiones equivocadas que afectan a los niños y jóvenes; y somos quienes hemos construido una mentira: Todo es relativo, todo vale mientras te sirve para triunfar. Todo es aceptable y cuando lo aceptas todo, no te comprometes con nada. La palabra competencia ha sustituido el compromiso. Vivimos dentro de un domo donde la noción de competividad ha sustituido el sentido de la participación; donde ser individuo es más ventajoso que ser persona; donde es suficiente ser habitante y no ciudadano.

Nociones como soberanía, patria, nación, civismo, naturaleza, solidaridad, democracia, justicia han perdido la sustancia elemental que le daban sentido: el imaginario de país. Ese imaginario era un elemento que componía el ideal juvenil; hoy los cuerpos juveniles se han adoctrinado como proyectos de individuos y no como proyecto común. De allí el ataque directo a los elementos de la historia y la agresiva campaña de consumismo: si logras sembrar la indiferencia por el pasado, disminuyes la preocupación por los problemas reales del presente, lo importante es tener cosas.

En gran medida las decisiones de los jóvenes están condicionadas por las decisiones de los adultos. Nuestras instituciones no están atendiendo las subjetividades de la condición juvenil. Podría poner muchos ejemplos, pero sólo citaré dos: la inversión en actividades efímeras y la ausencia de programas juveniles. Es más fácil destinar un millón de dólares en el carnaval que en programas para la juventud. Si bien es cierto que el carnaval es una fiesta que forma parte de nuestro patrimonio cultural y necesita apoyo, no es menos cierto que sumas como esa no se consideran para invertir en programas de desarrollo cultural en las comunidades.
Es más fácil destinar un millón de dólares en el carnaval
que en programas para la juventud. Foto de La Prensa.
¿Qué hacen las Juntas Comunales y los Representantes por los jóvenes en sus comunidades? Se ríen de nosotros cuando hablamos de millones para construir equipamientos culturales o para crear programas juveniles permanentes, cuando eso se gasta en 4 días de jolgorio ¿Dónde está la Cámara  de Comercio, los empresarios? Cuidando que sus cajas registradoras hagan música en sus oídos. Ellos prestan más atención a su mundo competitivo que a ese otro que es cooperativo, constructivo, diverso, complejo, creativo que necesita también un millón y más. Pero si vamos y presentamos un proyecto de un millón para trabajar con jóvenes de comunidades vulnerables, campesinas o indígenas, se nos ríen en la cara.

Lo que se ha perdido y hay que recuperar cuesta más de un millón y una gran dosis de voluntad política. Se ha perdido el sentido del ser nacional que implica una variedad de saberes. Se han perdido los valores familiares y el amor por la persona. Se han perdido los referentes políticos de liderazgo, clave en el sentido de construcción ciudadana. Se han perdido las conexiones éticas y cívicas con la cultura. Y lo que me deprime más, es que sobre esa descomposición social fingimos que somos una tacita de oro en el corazón del mundo, pero no es verdad y esa mentira, esa ilusión, se la vendemos a los niños y jóvenes cada vez que tumbamos un árbol para poner un mall. Y, si un joven no alcanza esa ilusión y comete un error, lo condenamos  ¿Qué moral tenemos para juzgarlos si nosotros construimos ese infierno?

Rogelio Guerra Ávila: modelo para narrar la identidad

  Rogelio Guerra Ávila La XLVI Semana de la Literatura Panameña, Rodrigo Miró Grimaldo, que organiza el Departamento y Escuela de Español de...