lunes, 30 de mayo de 2022

Las dos caras de la cultura

Es probable que nunca en la historia de la humanidad había sido tan importante entender la necesidad de retomar la relación de los humanos con la naturaleza; jamás había sido tan indispensable desarrollar destrezas para el conocimiento que nos ayuden a construir sociedades más justas y equitativas; ningún tiempo pretérito ha sido tan imprescindible para que la humanidad reconozca el valor de la solidaridad, la cooperación, la resiliencia y la empatía; nuestras  capacidades y habilidades intelectuales nunca habían jugado un papel tan decisivo en el presente para definir el destino.

Todo lo anterior podría resumirse, en una palabra: Cultura. Tal vez en toda la historia de la especie humana jamás la cultura había sido tan protagónica en un escenario universal donde las artes ayudaron a resistir la incertidumbre y la ansiedad; donde la ciencia y el conocimiento fueron decisivos para combatir el Sars-CoV-2; donde las estrategias de reorganización de una nueva normalidad produjeron una forma de convivencia nunca antes vista; donde la educación, pese a la brecha sin precedentes que afectó directamente a las poblaciones más vulnerables en todos los territorios, dejó a millones de personas sin recibir instrucción escolar y otros millones que desertaron.

Todo esto se puede enmarcar en la cultura. La cultura es un componente fundacional en la toma de decisiones de la única especie que ha sido capaz de inventar la escritura, el libro, la lectura, los rifles, las bombas y los bombarderos. La cultura es destrucción y es construcción; la cultura es fatalidad y felicidad. La cultura es Dios y el diablo, al mismo tiempo. Es el diálogo entre el infierno y el cielo.

Ha sido la misma cultura la que ha matado a millones de personas en los últimos dos años. El fracaso de la cultura podríamos decir consiste en que somos incapaces detenernos. La cultura de la destrucción y la violencia son las más dañinas; esa forma de tratar a la naturaleza desde las costumbres, creencias y tradiciones culturales que han creado una brecha entre el hombre y su mundo. Sí, es la cultura, es decir, ese conjunto de valores, pensamientos, ideas, conceptos que hacen que los humanos tengan cierto comportamiento, cierta actitud, una organización como colectivo; una raza humana que cada vez necesita consumir más, devorar más; una especie de animal pensante con una cultura egoísta que ha destruido y está destruyendo la naturaleza sin parar.

Por otra parte, paradójicamente, ha sido la cultura la que nos ha mantenido vivos. La cultura nos ha ayudado a seguir buscando otras posibles formas de convivencia que nos devuelvan la relación que existía con la naturaleza. Con la cultura hemos creado instituciones que son fundacionales en la construcción de sociedades prósperas, justas, inclusivas y democráticas. Con la cultura podemos tomar decisiones que nos salven del desastre. Hemos edificado un pensamiento y conocimientos que pueden orientarnos. Esta dualidad de la cultura, está contradicción es la que da sentido a todo lo que hacemos como seres humanos.

Escribe Carlos Julio Cuartas Chacón en un ensayo sobre Pedro Claver, que al menos existen dos formas de pensar el término cultura. Uno es cruel, casi perverso, pero tiene mucho sentido, y el otro es más cándido, casi utópico, pero ofrece esperanza. Para eso cita a Antonio Caballero que considera que  "hay muchas almas cándidas que piensan que nos mataríamos menos si hubiera más cultura. Y que haya que fomentar la educación y la cultura para que alcancemos la paz. Me parece que pensar así es tomar el rábano por las hojas. Nos matamos a causa de la cultura, como consecuencia de la cultura, y no porque esta nos haga falta»

La otra noción tiene más esperanza y se centra en la cultura como una herramienta de transformación, casi de resocialización. Cuartas Chacón cita ahora a Franco Bianchini para quien «las actividades culturales tienen una función importante en la cohesión social, para desarrollar una cultura de la paz y del respeto». Para Cuadras la palabra cultura puede apelar a escribirse con minúsculas cuando la pensamos en términos de políticas culturales, cuando se suscribe al arte, y se escribe con mayúsculas cuando intenta describir a la sociedad actual; por eso escuchamos expresiones como cultura de la violencia, cultura de la corrupción o cultura de la muerte.

Debo confesar que soy de ese bando de personas cándidas que piensa que nos mataríamos menos si tuviéramos más bibliotecas, más museos o más centros culturales. Soy de los que cree que una persona puede cambiar su calidad de vida, al menos espiritual, si tiene un encuentro más estrecho con los hechos del arte. Sin embargo, estoy convencido de que si reconocemos que la cultura es solo una representación simbólica de valores que en sí mismos no son nada, pero que adquieren sentido cuando podemos direccionar sus virtudes o defectos hacia la construcción de competencias ciudadanas. De nuestro sentido y propósito de la cultura, de la idea que tengamos de lo que realmente importa, dependerá que decidamos destruir bibliotecas o poner un rifle al alcance de un niño.


La Prensa, 28 de mayo de 2022.

sábado, 21 de mayo de 2022

Los elementos de la destrucción

En El Eclipse, el cuento de Augusto Monterroso, se narra la historia de Fray Bartolomé Arrazola quien se encuentra perdido en la selva de Guatemala.  Arrozola es atrapado por un grupo de indígenas que se disponen a sacrificarlo. Él tratará de librarse de la muerte valiéndose de su cultura universal y conocimientos astronómicos; pero, finalmente, el sacerdote indígena abrirá su pecho en la piedra de sacrificios.

El Eclipse puede tener muchas lecturas. Una de las cuales plantea el tema del choque cultural de dos civilizaciones. La civilización colonizadora ve a la otra, no como una civilización organizada con cultura, sino como a un grupo de salvajes ignorantes, bárbaros carentes de educación, por lo tanto, merecen ser colonizados.

En el relato se cita a Aristóteles, creador de la tesis de la servidumbre o inferioridad natural que fue acogida por Santo Tomas de Aquino, de allí la conocida tesis aristotélica-tomista que utilizaron los colonizadores para esclavizar y exterminar a los pueblos indígenas. En el cuento los conocimientos de Aristóteles no le sirven al personaje para salvar la vida. Los sacerdotes mayas no logran ser engañados y demuestran sus conocimientos astronómicos sin la ayuda de Aristóteles.

Frantz Fanon nos recuerda que la descolonización es siempre un fenómeno violento. Sin embargo, esa transición también es una tensión donde el conocimiento es vital para la emancipación o la conquista. Por eso el cuento termina de forma violenta y las fricciones del conocimiento representan la vida y la muerte.

El debate sobre los derechos de los indígenas se va a dar en la famosa disputa de Vallalodid protagonizada por Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de Las Casas. La discusión entre Sepúlveda y Las Casas, apoyada en las Crónicas de Fernando González de Oviedo, sentará las bases del derecho jurídico-político y una nueva mirada filosófica del pensamiento.

Cuatrocientos años después se dará otra polémica, esta vez entre Leopoldo Zea y Salazar Bondy sobre la autenticidad o posibilidad de un pensamiento o filosofía latinoamericana. Ha corrido mucha agua en el río. Hoy existen instituciones como las bibliotecas, donde se conserva el pensamiento y el conocimiento que permiten construir sociedades democráticas y donde se cuidan los derechos culturales, porque el conocimiento es una forma de libertad y un derecho.

¿Por qué traemos estos relatos de lucha y tensiones donde la libertad y el derecho han tenido un protagonismo relevante? Porque estamos convencidos de que en Panamá las personas desconocen sus derechos a la información y el conocimiento. Se ignora el poder que tiene el conocimiento. Se desconoce el relato de la historia de los derechos humanos.

Vayamos al punto. Cuando se descubrió que la biblioteca del Instituto Nacional había desaparecido era motivo para que la ciudadanía reclamara su derecho. Solo un grupo pequeño de personas protestó, por suerte, y la denuncia por parte de Ileana Gólcher se dio a conocer.

En nuestro país se pierden esculturas, libros, se destruye la memoria y las bibliotecas desaparecen de varias formas, porque la ciudadanía desconoce la noción de derechos culturales y su categoría de sujetos sobre esos derechos. No hay cultura de la memoria ni se valora todo lo que genera pensamiento. Existe una actitud colonizadora que pretende desvirtuar el valor de las bibliotecas y la comunidad desconoce su derecho a la información.

En nuestro país nos descolonizamos gracias a un proceso histórico donde la violencia no faltó, donde los mártires derramaron su sangre, pero aún seguimos colonizados por la ignorancia y por la indiferencia de las autoridades. Seguimos eclipsados desde una institucionalidad y una gobernabilidad que no tiene interés de despertar el amor por el pensamiento y el conocimiento.

En nuestro propio país se ha generado un pensamiento y una literatura importantes que permitieron definir categorías como nación, nacionalidad, Estado, soberanía, dependencia, colonia, identidad nacional y realidad social y el derecho. Bastaría con mencionar a Ricaurte Soler, Diego Domínguez Caballero, Humberto Ricord, Rodrigo Miró, Raúl Leis, Olmedo Beluche, Octavio Tapia, podríamos seguir. Nuestros jóvenes y niños no conocerán estos nombres y muchos otros porque están siendo borrados de la memoria colectiva.

Podemos entender que hacia los años 643-644, un musulmán egipcio llamado Amr ibn al-As le fuera encomendada la misión de destruir un museo donde estaba la biblioteca de Alejandría; podemos entender que Shih-Huang Ti, el emperador que edificó la Gran Muralla China, hiciera quemar todos los libros anteriores a él con el propósito de que la historia empezara a partir de su reino; podemos comprender que los nazis decidieran hacer hogueras con los libros que ellos odiaban; podemos imaginar por qué durante la Segunda Guerra Mundial más de 500 mil libros de la Biblioteca Estatal de Baviera ardieron; podemos entender por qué en 1993 fueron destruidas las bibliotecas por parte de las milicias nacionalistas croatas; podemos entender por qué en el 2003 las fuerzas de coalición, lideradas por los Estados Unidos,  se ensañaron con la biblioteca nacional de Irak y quemaron más de un millón de libros, entre ellos las únicas tablillas de la civilización sumeria y documentos del periodo Otomano.

Todas estas tragedias tienen un propósito por muy salvaje que parezca. Todas se pueden justificar desde la lógica del coloniaje.  Pero en Panamá, no podemos entender por qué razón se odian tanto a las bibliotecas y, aunque no las encienden en llamas, podemos pensar en una destrucción sistemática de la memoria. Algo que vamos a pagar muy caro y que tal vez ya estamos pagando desde una ciudadanía que desconoce sus derechos y sus tesoros.


La Prensa, 21 de mayo de 2022

viernes, 20 de mayo de 2022

José Franco o la muerte de la poesía


Carlos Fong

La primera vez que leí a José Franco fue gracias a Herasto Reyes, quien me dio una lista de nombres de autores nacionales y extranjeros que debía conocer para mi formación. En aquellos días, yo era un joven obrero con un deseo demente de conocer a escritores. Herasto me recitó de memoria los primeros versos de Panamá Defendida: “Entonces fue la Patria / los caminos del indio. / Los playones,/ las montuosas/ serranías atlánticas,/las salinas del mangle /y los estuarios”. Quedé petrificado con la entrada del primer canto. Le dije a Herasto que quería conocer al poeta. Me puso en contacto con él.

Para un muchacho que anda en pañales, dando sus primeros pasos en la literatura, no es una tontería que un escritor destacado lo reciba en su casa. En aquellos años, José Franco vivía en Parque Lefevre. Él mismo me abrió el portón de su casa. Entramos en un amplio estudio de ventanales grandes. Libros y más libros. Él descansaba en una hamaca; yo en una silla. Intercambiamos palabras. Hablamos de autores. Creo recordar que me preguntó sobre mis lecturas. Debí balbucear algunos nombres. Mis ojos caminaron por la biblioteca. Me gustó un libro de Francoise Perus. Me lo regaló. Dijo: “Los libros son de quienes desean leerlos”. Hoy día, uso esa frase cuando le regalo un libro a un joven.

Años después, José Franco fue el director del Instituto Nacional de Cultura. Yo sufría una crisis de esas eternas de desempleo de este país. Me atreví a visitarlo a la institución. Me recibió. Igual como me recibió aquella vez en su casa. Me atreví a pedirle trabajo. Yo venía de una clase trabajadora. Venía de apalear sorgo y maíz, de descargar camarón, de envasar agroquímicos, de estibar arroz, y ahora estaba en una institución del Estado buscando trabajo. El poeta me consiguió un contrato en el Inac.

Nunca lo podré olvidar. Entraba a trabajar el 2 de octubre de 1996. El primer día de mi nuevo trabajo falté. Al día siguiente, fui a la oficina del director. Me dijo: “Coño, poeta. Te consigo trabajo y el primer día que tienes que venir a trabajar, no vienes”. Le ofrecí disculpas y le dije: “Perdón, poeta. Es que mi papá se murió ayer”. Había pasado la noche entera al lado de mi padre hasta verlo morir, el mismo día en que empezaba a trabajar en el Inac. José Franco dijo unas palabras, casi como las que habría dicho mi propio padre para tratar de levantar a su hijo de la tristeza.

Un día me llamó a su oficina para preguntarme si yo había escrito algo en el periódico contra el gobierno.

Pablo Thalassinos era el ministro de Educación y los docentes estaban en la calle. Le dije que había escrito un artículo de opinión sobre la crisis de la educación. Me dijo que solo mantuviera la calma, que recordara que ahora era un funcionario. Que usara las palabras con sabiduría, sin dejar de ser valiente. Me lo dijo con un tono de cariño, como cuando un padre regaña a su hijo y también le da la razón. El poeta no terminó su gestión, porque tuvo fricciones con la administración de entonces.

Al poeta José Franco le debo no solo el trabajo que aún conservo; también me orientó para tener conciencia social de lo que es ser un escritor responsable. Me enseñó a ser valiente y que las palabras son más poderosas que la arrogancia de los que detentan el poder. José Franco me enseñó a ser humilde. Él era como un campesino y un intelectual. Creo que por eso logramos ser amigos.

Las motivaciones juveniles por la escritura, las inquietudes existenciales y políticas, la experiencia con la poesía, la búsqueda de una dialéctica y reflexión sobre la utilidad de la cultura y la educación, el cuidado del lenguaje y las peripecias de la escritura, son muchas de las cosas que José Franco me enseñó a través de su vida y la lectura de su obra.

Su despedida nos obliga a hacernos algunas preguntas fundamentales. La muerte del poeta, ¿representa el ocaso de la poesía o es el reconocimiento de la importancia del arte en una sociedad en crisis? ¿Muere con el poeta el sentido de la poesía y el valor de la lectura como un instrumento de humanización o es la oportunidad de ir contra la fatalidad y la frivolidad y rescatar las lecturas de nuestros autores que han defendido la patria desde distintos frentes?

Desde los sollozos anónimos de las lejanas tierras de Calobre; desde la patria sagrada de una Panamá defendida con la palabra; desde la semilla en flor y las fábulas infantiles que limpian la sangre derramada hasta la luna entre los pinos que hoy llora en su altura la partida de un gran poeta; desde este país lastimado por el olvido, te digo adiós y gracias, poeta.

sábado, 30 de abril de 2022

De la utilidad pública de la poesía (la lectura)

Por Carlos Fong

El pasado 25 de abril, en el marco del Día Nacional del Escritor, el poeta Manuel Orestes Nieto recibió la Condecoración Rogelio Sinán; una distinción que se otorga a un escritor o escritora por los méritos de la obra de toda una vida. La medalla fue impuesta por el presidente de la república Laurentino Cortizo Cohen. Queremos hacer una reflexión en torno a las palabras que el poeta dio aquella noche. Es un discurso que pensamos es valioso por las valoraciones y aciertos que encierra.

La disertación contiene varios planos o miradas que permiten comprender la relación de la poesía, la cultura y la lectura con la sociedad. Esas miradas son: La infancia como revelación de la poesía; la poética de la memoria; la epopeya de la interoceanidad; la ciudadanía de la poesía para reparar el país roto; la poesía como recuperación de la soberanía; el valor del libro, la educación y la cultura como esencia de la nación. Estos podrías ser los ejes temáticos del discurso del poeta.

Percibimos a primera vista una postura y cosmovisión de la poesía que para Orestes es la misión de la poesía, su arte poética: El arte de la poética es un rito. Una salutación.  La soledad acompañada donde se talla lo que el corazón dicta.  Es la música que surge del imponente altar del amor. El abrazo que conmociona. La lágrima vencida por la ausencia.  La impotencia por los que mueren. La muda voz del dolor”.

La evocación de la infancia, su revelación y el encuentro con la cultura a través de la figura de Rogelio Sinán son otros elementos implícitos en el discurso del poeta. Este encuentro con la cultura le permitió al poeta entender que la poesía es “una comunión de múltiples seres, nacimientos y resurrecciones, es la suma de hechos ardientes de la vida misma”.  El descubrimiento de la utilidad pública de la poesía que para el poeta está basada en la fuerza y la ternura, para servir a otros.

Otra exploración que hace el poeta es la reflexión de la poética de la memoria. Nos habla del registro de la realidad que custodian “las pupilas de nuestros ancestros, la marcha de una caravana humana y cuya historia está escrita en la piel y las espumas de los mares que nos circundan”. Esto lo lleva a pensar en otro tema: la epopeya interoceanidad. La relación de la patria con el mar (el agua/la poesía) que lo ha llevado a escribir su obra, porque “el borde de los océanos es nuestro hogar.  Los panameños somos el caracol y su laberinto sonoro.   Aquí oramos y blasfemamos, con los ojos inyectados de esperas, soledades y alegrías encendidas”. 

Queremos sintetizar en los siguientes párrafos las últimas categorías de pensamiento que se destacan en el discurso del poeta santanero. La literatura (la cultura) para reparar el país fracturado.  El poeta hace referencia a ese país roto que lucha por curarse de sus heridas y desde donde él escribe buscando “la ausente y la anhelada soberanía sobre nuestra tierra”. “La poesía es también ciudadana”, dice el poeta. La literatura ayuda a construir ciudadanía porque ella misma es sujeto/ciudadano. La poesía es el genoma contenido en la célula de la organización social. 

El valor del libro y la educación; es decir, la cultura como esencia de la nación. Tal vez la parte más pulsante del discurso del poeta porque toca una herida y nos sugiere el ideal de país que todos deberíamos anhelar. “Somos uno de los países más desiguales del mundo”, dice el poeta. Esa brecha se puede reparar con la educación y la cultura. “Es con la educación con la que se hace una sociedad. Ese es el secreto más público de todos los secretos”.

El valor del libro y la lectura es lo más resaltado en el discurso.  El poeta destaca que la Ley General de Culturacontiene las herramientas para dar un salto cultural y ello incluye a la lectura desde la niñez. Tener un Plan Nacional para el Fomento del Libro y la Lectura, generará frutos asombrosos.  Debe procurarse su expansión por todo el país”.

Por todo el país significa que un Plan Nacional de Lectura debe ser integral para todos y debe ir más allá de la escuela donde, sin duda,  es vital empezar, pero no podemos olvidar a los otros: grupos étnicos o identitarios, la primera infancia, mujeres lactantes, poblaciones  LGTBIQ+, personas con discapacidad, personas en asilos, hospitales, albergues, cárceles, instituciones; personas víctimas de violencia de género, migrantes, población reinsertada, jóvenes en riesgo, jóvenes sin actividad fija, personas sin vivienda, personas desplazadas de territorios de violencia. Todos.

Un plan de lectura debe ser una estrategia nacional que articule a todo el país, al sector privado y público; debe ser una brújula, un mapa que sirva de guía y donde la escuela, la biblioteca pública, la biblioteca escolar, los centros culturales, las casas de cultura, los museos, todos juntos, respondan a esa educación que Manuel Orestes Nieto evoca: “Una educación integral, solidaria, humanista, en el aula, en la ciudad, en la cordillera y en tierras remotas.  Este es el camino”.   

 La Prensa, 30 de abril de 2022.

miércoles, 27 de abril de 2022

POETA DE UTILIDAD PUBLICA

El 25 de abril de 2022 el poeta Manuel Orestes Nieto recibió de manos del Presidente de la República, Laurentino Cortizo Cohen, la Condecoración Rogelio Sinán. En un acto cultural lleno de emociones y aplausos el poeta dio su discurso que titulo Poeta de utilidad pública y que reproduce La Mirada de Nuchu porque consideramos que es una comunicación con importantes aportes a la cultura que deben darse a conocer. Felicidades al poeta Orestes por este merecido reconocimiento.

POETA DE UTILIDAD PUBLICA
Condecoración Nacional Rogelio Sinán
Discurso de Manuel Orestes Nieto

La poesía ayuda a vivir.  Su alma es la palabra inmaculada para cantarle a la vida.  Compañía leal de los patriotas que en su heroicidad no se dejan arrebatar la patria. 

Es la bandera en su mástil. El viento arrodillado a sus pies.

El arte de la poética es un rito. Una salutación.  La soledad acompañada donde se talla lo que el corazón dicta.  Es la música que surge del imponente altar del amor. El abrazo que conmociona. La lágrima vencida por la ausencia.  La impotencia por los que mueren. La muda voz del dolor.

 

La poesía es gratitud para quienes nos dieron aliento, país y cielo. 

La escritura es un oficio de luz, orfebrería y misterio. Es una maravilla. Siempre plasmando, inventariando, denunciando y profetizando.

 

Amigos todos

Recibo el honor inmenso de la Condecoración Nacional Rogelio Sinán.   

Mi agradecimiento al Gobierno Nacional que preside el Señor Presidente de la República, Laurentino Cortizo Cohen; al Consejo de Escritoras y Escritores de Panamá quien decidió y valoró mi obra poética. Al Ministerio de Cultura y al Ministerio de Educación, quienes convocan y otorgan cada dos años esta Condecoración.

Este honor lo atesoraré entre las cosas más queridas.  Es un regalo inigualable y conmovedor.          

Son 52 años sin pausas desde el primer cuaderno poético de 1970.  He podido pintar con las palabras y tomar fotogramas verídicos del tiempo histórico que me tocó vivir.

Mi familia -Helena, esposa, Ethielt, Jihan, hijos, y los nietos, Ethielín e Ivana, el porvenir encarnado- están aquí acompañándome; la vida ha sido buena y generosa por tenerles. La casa es el lugar donde escribo y cada día les agradezco el espacio y el tiempo que me dan, y, sobre todo el aliento amoroso para insistir en la escritura solitaria.

Yo estaba en aquella acera con Domingo López Chang, marido de mi tía abuela, frente a las cariátides de bronce del Instituto Nacional, en la puerta del colegio heroico.  Allí está mi infancia y allí crecí, en calle Estudiante, en Santa Ana, bajo el aguacero.  Siempre olía a lluvia. 

Domingo tuvo la delicadeza de poner en mis manos los primeros libros de literatura panameña que leí. Estábamos allí y por la otra acera venía caminando sin prisa este hombre impecable.

-Mira, ese que es Rogelio Sinán.  Ese es el poeta, Sinán-

Lo vi, saludando y conversando con los estudiantes institutores. Fue toda una revelación ese día singular: un niño en la pobreza de un barrio pobre de la ciudad de Panamá, se asombró por ver por vez primera al escritor vivo, a la estela luminosa cuyo nombre es Bernardo Domínguez Alba. Al poeta predestinado que cambió el curso de la literatura de nuestro país.

Sinán trajo las novedades y noticias del otro lado del mar Atlántico.  Él y Roque Javier Laurenza, desataron un impulso de la poesía panameña: el vanguardismo irrumpió con vigor en Panamá y su poemario Onda, de 1929, es la pieza clave de ese salto.  

El Maestro Rogelio Sinán es el escritor más completo e importante que ha producido la nación panameña.  

Con medio siglo que mediaba entre ambos, fui su amigo en la poesía y en vida.

Señoras y señores:


Nuestra literatura está hecha de eslabones que brillan en un hilo de plata que une a todos los escritores de Panamá, desde sus orígenes, en generaciones sucesivas, hasta hoy.

Allí está la hermosa legión, elegida y digna que ha escrito los versos inmortales, los libros que nunca morirán, las páginas con sus plumas, sus máquinas, sus computadoras. Creadores de mundos.  Manuel María Ayala, José María Alemán, Gil Colunge, Tomás Martín Feuillet, Amelia Denis, Ricardo Miró, Demetrio Korsi, Demetrio Herrera Sevillano, Gaspar Octavio Hernández, Esther María Osses, Elsie Alvarado de Ricord, José de Jesús Martínez, Pedro Rivera, y los jóvenes de hoy.

La poesía es una comunión de múltiples seres, nacimientos y resurrecciones, es la suma de hechos ardientes de la vida misma. 

En 1990 publiqué Poeta de utilidad pública. Es un verso prestado del Premio Nobel chileno de literatura Pablo Neruda.   

La utilidad pública de la poesía se basa en la fuerza y la ternura, para servir a otros, curar heridas, dar aliento y no perder la esperanza.  Sin esas calidades, la poesía suena pero no canta.

Escribo obsesionado sobre un tema recurrente: la memoria que anida en nuestro ser y los pigmentos centelleantes de nuestra identidad nacional.

Para escribir han sido inspiradores los hechos que ocurrieron, las sangres que se mezclaron, la sagrada de la matriz que nos formó.

Ello es, la placenta de la panameñeidad.  Es un intento que no cesa: saber quiénes somos y cómo nos atrevimos a vivir.  Cómo se gestó, de qué sentimientos está hecha la nación panameña  

Escribirle a la patria, sobre sus años duros y los de su esplendor, sobre su vértigo geográfico, sobre el abuso por quienes le ocuparon, ha sido una motivación poética, incluyendo la transustanciación poética con aquellos seres anónimos, invisibles, sencillos, que han hecho este país, que lo han amado y que han muerto por él.

En suma, es la poética de la memoria. Ese registro de lo que vieron las pupilas de nuestros ancestros, la marcha de una caravana humana y cuya historia está escrita en la piel y las espumas de los mares que nos circundan.

El mar es nuestro infalible testigo. El deslumbrante mar que nos hizo.

El borde de los océanos es nuestro hogar.  Los panameños somos el caracol y su laberinto sonoro.   Aquí oramos y blasfemamos, con los ojos inyectados de esperas, soledades y alegrías encendidas. 

Panamá es una tierra dulce y de agua salada, es nuestro alero.  Panamá es el estrecho, las aguas que estaban unidas y se separaron al emerger un muñón de tierra con costras, piedras y huesos; el puente del continente americano y que volvería a abrirse excavándolo con máquinas y colosales trabajadores. Cruzar entre los mares fue un milagro de imaginación y persistencia.  La proeza titánica. Hacer aquí en la angostura el Canal, el lago y el portentoso río que lo alimenta de agua dulce.

La epopeya que nos legó la interoceanidad como un supra valor geográfico, que conecta pueblos y acorta distancias.

En el tercio selvático -El Darién- está el cuerpo inerte del conquistador como Vasco Núñez de Balboa, sigue allí de pie ante un mar desconocido.  Pero por paradojas de la historia allí lo decapitaron.

Fueron siglos sin libertad y sin independencia.  Los estandartes ajenos fueron los de las consecutivas colonias. 

La nación, titánica, se fue armando y emergió pese a todo. Se ha ido forjando contra todo pronóstico, multicolor, pluriétnica, diversa, entremezclada, politonal, danzarina veloz, fusión de rostros, manos y pisadas.  Fue aquí, ante el agua, el sol oblicuo y el sopor ambarino de estas costas, nacimos crujiendo como langostas y cangrejos en el dolor de nuestro parto.

 

Señoras y señores

Escribir en un país fracturado en su geografía, no fue fácil.  No fue fácil crecer y vivir junto a los ocupantes, consciente del sesgo físico, en la herida quemada de la tierra dividida, en la confusa cotidianeidad de no tener lo que te pertenece.

La posesión foránea del Canal y sus bases militares. Un pabellón extranjero enclavado en nuestro suelo que laceró nuestros ojos.   Este es otro de los núcleos donde ha bebido mi poética:  La ausente y la anhelada soberanía sobre nuestra tierra.

En esa curva del tiempo y la historia escribí con tristezas y rabias, pero ocurrió que las costillas telúricas de la patria fueron recuperadas. 

Y también pude cantar al maravilloso día del siglo XX en que la multitud entró a tomar posesión del Canal, cuando toda la tierra de la patria fue una y nuestra y ellos se fueron de aquí para siempre.

Señor Presidente y amigos todos: 

La poesía es también ciudadana y tiene cédula de identidad. Pero hay algo desconocido sobre el oficio. Tenemos horizontes luminosos y mucho sabemos del interior de nuestra sociedad.  Pero a veces una humareda se cierne sobre nosotros.

Por ello permítanme expresar lo siguiente:

La nación panameña ha llegado hasta aquí, con esfuerzos enormes y exclusiones, no murió en el intento.  Pero no todos llegamos de la misma manera ni del mismo tamaño.  Somos uno de los países más desiguales del mundo.  Esa brecha lacera y daña vidas.  Unos mueren de gula y otros de hambre.   No creo que ese sea un ideal de país para nadie.  Ni para la conciencia de nadie.  

Es con la educación con la que se hace una sociedad. Ese es el secreto más público de todos los secretos.  ¿Cuál educación?  Aquella que pueda revolucionar nuestras vidas. Aquella que sea herramienta transformadora.  Aquella que sea semilla, plancton, que crea conocimiento e inteligencias.  La que tiene como prioridad el desarrollo humano de Panamá.

Un sistema educativo con acceso es lo que dignifica a la persona.  Una educación integral, solidaria, humanista, en el aula, en la ciudad, en la cordillera y en tierras remotas.  Este es el camino.  Por allí la inequidad puede ser extirpada y ser un país más humano.

En ese proceso, quiero subrayar el valor que tiene el libro -porque a través de él se educa; es el que transporta nuestra literatura; el libro impreso y el libro digital, el audiolibro y los libros infantiles con su poderosa magia- para el estudiante, los ciudadanos y para quienes los escribimos.

Se que no estamos en el kilómetro cero.  La Ley General de Cultura contiene las herramientas para dar un salto cultural y ello incluye a la lectura desde la niñez. Tener un Plan Nacional para el Fomento del Libro y la Lectura, generará frutos asombrosos.  Debe procurarse su expansión por todo el país. 

Hacer literatura es un privilegio. Y también implica un deber con la sociedad donde ha nacido.

Es todo lo contrario al estigma de que los artistas y escritores se inventan mundos imaginarios.  No puede ser que hoy en las aulas, los estudiantes desconozcan quiénes son sus escritores.   Si no somos leídos es igual a que no existiéramos.  Mientras no lleguemos al aula no existiremos. 

El libro leído es la constancia de la función útil de la literatura.  Ser un país casi sin editoriales no es nada agradable.  Dejar atrás los libros de los autores que ya no están y no se vuelven a publicar nunca, es muy incómodo. 

La edición contemporánea de libros de autor tiene recursos técnicos para que Panamá tenga una bibliografía abundante, ya sea en papel, en digital, bajo demanda, en alta calidad y belleza.

La cultura, las artes y la literatura, son esencias de esta nación y ellas tienen que construir orgullo, estima y respeto en nuestro pueblo.  Nacen en ese pueblo y funcionan como la sangre en el corazón.

Yo les pido mirarnos en la historia de esta tierra llamada Panamá con gallardía.   

Escribamos las páginas que testifiquen que somos la nación que ha sabido vencer adversidades, altiva y con una historia de dignidad que los panameños del futuro agradecerán. 

Vendrá un tiempo para arribar a los puertos que hemos anhelado, a la casa merecida, a los mares sin heridas, a una sociedad más fraterna y sin fratricidas.  Para ello hay que remar con fuerza.

Vendrán los tiempos de las emancipaciones y las anfictionías. Como una capital del universo. 

Por derecho propio, ístmico, telúrico y porque estamos aquí, en este lugar que es techo y morada permanente, y no la fugacidad efímera.

Panamá es una decantación histórica, llamada a tomar su papel en este epicentro, en este eje terráqueo.

Llegarán otros hijos y vendrán las madres de otras madres.  En los ojos de las aves marinas vendrá el tiempo de lo justo.

Pude hacer la poesía. Pude tocar la intensidad humana.  Insistí e insisto en la palabra, cumpliendo sus leyes infinitas, con amor al país y a los que conmigo viven.

Gracias.  Muchísimas gracias por este día. Por todo el afecto que recibo y por cada palabra pronunciada aquí, que es aliento vital.  

Panamá.  Ésta fue, es y será por siempre nuestra patria sagrada.

MUCHAS GRACIAS

Panamá, 22 de abril de 2022
Teatro Nacional

domingo, 2 de enero de 2022

La isla mágica o la isla inalcanzable




Le tengo un cariño especial a la isla de Taboga por varias razones. Por su relación con la cultura: fue la Isla Mágica de Rogelio Sinán y de Raúl Leis; la inspiración de Paul Gauguin y Roberto Lewis; es una perla en el Golfo de Panamá y un jardín de flores; hemos llevado libros en varios proyectos y hemos contado cuentos en varias ocasiones. Tengo amigos en la isla que son hermosas personas proactivas y brillantes. Es una península realmente mágica con cuentos y leyendas, mitos y costumbres.  

Pero (siempre hay un pero) en Taboga todo es muy caro y eso dificulta que uno pueda ir con la familia a pasar un fin de semana o un solo día con su familia. Sin contar el pasaje que es más caro que ir a Chiriquí,  pagas por cambiarte de ropa, por hacer pipi, por tener sombra, por sacarte el agua salada del mar. La comida es lo más caro. Mala gestión del turismo local. Creo que deben diseñar un plan estratégico que ayude a los negocios de la isla sin pasarse con el turista local.

En una isla las cosas se encarecen porque cuesta trasportarlo todo y el combustible de las naves es caro. Por eso todo sube de precio (hasta los billetes de lotería). El agua es un tesoro que hay que apreciar porque, aunque no es potable, cuesta cultivarla a punta de bombas que consumen electricidad.  Sin embargo, creo que los precios de las cosas deberían de ser más generosos con el turista local porque no hay ninguna diferencia con los extranjeros que, de pronto, no digo que debe ser así, tienen más dinero porque vienen preparados para gastar. No es fácil para una familia panameña de cuatro personas pagar por un almuerzo que cuesta 16 ó 19 dólares (hay más caros). He comido más barato en Kuna Yala y Boquete, incluso en el Casco Viejo, y no estoy mintiendo. 

Las autoridades deben sentarse con los emprendedores, artesanos y empresarios para estudiar el tema y buscar una solución que sea viable para las personas que visitan la isla. Una solución para que todos estemos felices y no una decisión arbitraria que va a alejar al turista local, solo por favorecer a los dueños de los restaurantes y negocios que pululan en la isla.

A parte, y esto es una crítica sana, las áreas de balneario de la isla necesitan más cariño y cuidado porque hay basura.  Se han descuidado en eso. La gente que va a la isla, pienso, no lo hace tanto por ir a la playa porque sale más barato ir a las playas que hay después del puente o, incluso, a Veracruz. Pienso que ir a Taboga es por la experiencia de ir a una isla, disfrutar los 30 minutos en el  Ferri (donde dicho sea de paso venden bebidas alcohólicas mientras a la gente se las quieren prohibir llevar, ojo) con la esperanza de ver un delfín o una ballena cosa que no pasará al menos que tengan mucha suerte.  Desde que uno llega a isla Flamenco,  donde se toman los barcos para viajar (hay otro muelle en Amador cerca al Puente de Las Américas) todo está caro. Un café sale tan costoso como en el aeropuerto de Tocumen. Es realmente un lujo. Ni pienses en comerte un helado.

Espero que las autoridades de Taboga encuentren una solución y se hagan la pregunta de por qué la gente lleva su comida, agua y hasta el guaro para no comprar allá. Ojalá la imaginación y la creatividad los iluminen o Taboga ya no será mágica, sino inalcanzable.

Carlos Fong

lunes, 4 de octubre de 2021

De la breve naturaleza en No está de más, de Eyra Harbar*.


Carlos Fong

Con el libro No está de más (2018, Foro/Taller Sagitario Colección Breve) Eyra Harbar se da a conocer como escritora de cuentos. Leemos una exquisita prosa llena de elementos que logran matizar un discurso enmarcado en la cultura, el género y la subalternidad en el escenario del poscolonialismo. También podemos leer una narrativa donde se cruzan imaginarios de identidad con una propuesta ecológica implícita.


Eyra Harbar. Foto cortesía de La Prensa

Estamos ante un libro de cuentos cortos, donde la destreza para sintetizar la realidad es un atributo cuyo contenido de las historias nos ayuda a entender las relaciones de interdependencia de sujetos subalternos con la sociedad, la economía y el medio ambiente. Eyra es una profesional en temas socioculturales y una especialista en género, además de una resplandeciente poeta que era el talento que le conocíamos, porque Eyra empieza a publicar cuentos posteriormente a la poesía. Cuentos que demuestran que estamos frente a una narradora que sabe fabular y transmitir sus preocupaciones de las ciencias sociales a través de la literatura de ficción.

Eyra Harbar nace en Almirante, Bocas del Toro, Panamá, el 19 de agosto de 1972. Abogada, con especialidades en Género, Proyectos Sociales y Cultura. Diploma Superior en Cultura y Comunicación por Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Argentina. Publicó los poemarios Donde habita el escarabajo (2002) y Espejos (2003), trabajo premiado en el concurso de poesía “Gustavo Batista Cedeño” (2002). Ha ganado otros premios como el “Esther María Osses” de los premios IPEL (1995) y el “Demetrio Herrera Sevillano” (1996) de la Universidad de Panamá. En 2013 gana el Concurso de Poesía “León A. Soto” con Paraíso quemado; y en 2015 el Concurso IPEL “Esther María Osses” con el poemario Desertores de alborada. En 2017 el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, con Cuentos para el planeta.

Empezaré utilizando las nociones más acordes para este estudio, dado que son muy complejas dependiendo de su enfoque histórico, sociológico, político, incluso, antropológico, que nos permitan hablar de manera más clara de los cuentos de Eyra Harbar. La primera es el concepto de género. Debo ayudarme de Marcela Lagarde quien afirma “Ser mujer o ser hombre es un hecho sociocultural e histórico. Más allá de las características biológicas del sexo, existe el género”. Propongo, así mismo, que pensemos, para la conveniencia de este estudio, acercarnos a un concepto de Blanca Elisa Cabral: “el sexo y género no son lo mismo, pero ambas categorías son construcciones conceptuales complejas que proponen dicotomías”. Estamos, entonces, asumiendo estos conceptos como relaciones socioculturales de poder y no las negamos. En este sentido, propongo pensar, para no caer en una discusión culturalista y antropológica que nos aleje del placer de la lectura de los cuentos de Eyra Harbar, en la dualidad Hombre/mujer, para no caer en la dicotomía de sexo/género como actividad sexual que plantea otras relaciones. Entonces, reconociendo las nociones anteriores, en este estudio usaremos la norma heterosexual que implica hombre/mujer solo para no trascender en una discusión cultural sobre sexo/género que no es el objetivo de este estudio y que nos permita analizar algunos de los cuentos    

La segunda es el concepto de subalternidad que tomamos de Antonio Gramsci como una relación sincrónica y diacrónica entre subordinación y resistencia; lo subalterno como el sujeto de la historia (Modonesi, 2012) y los subalterno como categoría que permita examinar, críticamente, las posibilidades de la articulación de diversas identidades subordinadas (Banerjee, 2014). Lo subalterno en este estudio se refiere a las relaciones de los sujetos y su subordinación a los poderes implícitos que los rodean en distintos contextos históricos. Para nosotros, muchos de los protagonistas de los cuentos de Eyra Harbar están subordinados a las relaciones de poder (como en efecto lo estamos todos nosotros) y por lo tanto están subordinados a distintos esquemas de la organización social donde se mueven y luchan por sobrevivir en el tejido social que les ha tocado. Lo 'subalterno' como sujeto de la historia es lo que proponemos en este trabajo.

Sobre el concepto poscolonial compartimos con Damaris Serrano que es una noción que reviste un discurso de resistencia a todo lo hegemónico y que es un proceso que tiene que ver con el engranaje económico. Panamá ha sido espacio clave para esta arena de conflictos desde los tiempos de la colonia española, pasando por la colonización de parte de los Estados Unidos de Norte América. Las tensiones entre lo moderno y lo post moderno dan nacimiento al concepto de la crítica poscolonial de Homi K. Bhabha que nos parece se acerca más a lo subalterno y la alteridad por la ambivalencia cultural que soportan. La teoría postcolonial de Bhabha se basa en el espacio donde las fronteras culturales se abren y cruzan entre sí y crean una nueva cultura híbrida que fricciona con las relaciones de poder en la actualidad. Creemos percibir estas tensiones sociales y económicas en el libro de Eyra.

Por último, percibimos en los cuentos de Eyra Harbar una propuesta estética que sugiere un nuevo diálogo con la naturaleza. Pese a que en la mayoría de las historias hay un desenlace fatal entre la lucha del ser humano con la naturaleza, también hay un llamado a la reconciliación con el medio ambiente que se da en esa disputa de los personajes en entornos asimétricos lo que nos hace pensar que la autora ha detonado deliberadamente conflictos para que de muchas maneras se recupere este diálogo o al menos haya una discusión.

Quiero citar algunos cuentos que intentan sobrevivir a la realidad cotidiana y hacerles un comentario para sustentar esta relación entre la mujer como personaje subalterno. En los cuentos La enagua, Al otro lado y Jardinera en gris aparecen personajes femeninos que se mueven en una aparente realidad que de pronto es irrumpida por un elemento sobrenatural. Los personajes se cruzan con elementos de la naturaleza como en La enagua donde una mujer vieja indígena en una comarca, lo podemos intuir por la enagua y la alusión a la naturaleza que la rodea, se ve de pronto luchando con una tormenta. El recurso de prosopopeya deja un extraño sabor de ambigüedad porque la naturaleza parece un feroz dios que ataca a la mujer: “Con ojos incrédulos y salpicados por el terror, la vieja lo vio salir de entre las nubes con un remolino cubierto de escamas y con ojos de pez que la miraban fijamente”. Aquí la autora se vale de lo subalterno, como Damaris Serrano lo ha observado en la literatura panameña, no para hablar por el otro, sino para luchar al lado del otro. La mujer logra salvarse, pero también pierde la enagua que queda destruida. Quizá esta violencia entre mujer/naturaleza y la enagua, sean representaciones simbólicas implícitas en el cuento.

En Al otro lado encontramos un desdoblamiento de la identidad en la vida rutinaria de una mujer. El espacio es otro. Ya dejamos las montañas comarcales para enfrentar “Junglas de asfalto”. Lo onírico se presenta como una manera de salvación o de escape. La mujer tiene un sueño recurrente donde ella es un caracol. El mar parece ser una forma de escape. Al final, asistimos a un cambio de conciencia y tiernamente descubrimos que es un caracol el que sueña ser una mujer que se debate con una vida rutinaria llena de autopistas. La felicidad lo abraza al saberse que es un caracol y no una mujer; un caracol que descansa en la arena “donde no cabían desquiciadas autopistas ni tristes máquinas de humo gris”. En este cuento la naturaleza es también protagonista porque el mar se presenta como un héroe que viene a salvar a la mujer de una ciudad contaminada.

En Jardinera en gris tenemos a una mujer aparentemente con un oficio bastante marginal. “Cada mañana la mujer limpia con celo las tumbas del cementerio como jardinera de los sepulcros”. El trabajo de limpiar cementerios puede ser algo inusual para una mujer, pero ella lo hace con cariño y dedicación: “Más demora al limpiar los mausoleos familiares de cuatro muertos que configuran el cementerio, porque en ellos debe cepillar también el limo que la humedad cubre en la construcción y restaurar las fisuras de la piedra”. Todo parece indicar que la mujer es feliz realizando su oficio y así lo es. La realidad transcurre normal y el cuento nos va dejando un sabor de ternura hasta el final, pese a que descubrimos, sin ninguna inquietud, que la mujer vive allí, en el cementerio porque ella también está muerta.

Hay más cuentos donde la mujer es protagonista. Y en algunos cuentos la voz del narrador puede ser hasta un animal que puede mirar las acciones fantasmales de la protagonista como ocurre en Medium. En otros cuentos la naturaleza se advierte a través de elementos como los pájaros, el agua, el gallo, la tierra o un siniestro como en Testimonio de ceniza donde el lector se sitúa en el tiempo pasado para descubrir la irá de otra mujer, ahora mítica y con mucho poder para convertir a una ciudad en cenizas. Tal vez la furia de Ceres es otra forma de aludir de la escritora de cómo la naturaleza puede sin misericordia borrarnos del mapa, para decirlo con una metáfora muerta. Hay otros cuentos donde la tierra es la protagonista y a través de la ficción nos hace advertencias como en Paciencia. Pero tal vez ya el planeta está perdiendo paciencia y un cuento tan corto como este nos lo está advirtiendo.

La casa, la luz, el agua, la tierra, la luna son elementos que en los cuentos de Eyra Harbar nos transmiten formas de denuncia que solo con la lectura atenta se pueden percibir. La violencia aparece en algunas de las piezas donde también hay sujetos masculinos que sobreviven, aunque estén subordinados a la realidad. Algunos cuentos muestran una realidad distópica como Breaking News y otros los personajes son emociones como La malquerida. En otros como Viaje prometido atravesamos el tiempo para encontrarnos con una ciudad que empieza a ser moderna. Este cuento es una representación simbólica del choque cultural.

Quiero terminar citando el cuento que cierra el libro de Eyra: Los remedios de Miss Harrington. Me parece una de las mejores piezas porque es un texto donde se juega con el sentido del paladar y la inclusión se introduce de manera delicada. Miss Harrington es una vendedora de dulces que se enamora de un negro jamaicano con una discapacidad y que trabaja reparando los rieles del tren que lleva a Colón. El cuento temporalmente se sitúa en momentos de la construcción del canal. El amor que nace entre los personajes nos deja a la vez un registro contextual histórico. Todo parece arruinarse cuando Mista Keith, el enamorado de Miss Harrington enferma aparentemente de fiebre amarilla; pero milagrosamente es sanado por los sabores y el trato de ella. Una vez más, Eyra nos lleva de la mano por la historia y los elementos sociológicos que exploran de manera limpia nuestra identidad, la cultura y la otredad. Los personajes subalternos se liberan a través de sus luchas y el sabor de la cultura.

Podríamos decir que la brevedad de los cuentos de Eyra Harbar aportan a la construcción de un conocimiento que es producto del diálogo de la naturaleza con el ser humano. El territorio donde se da este diálogo es la historia y la cultura. La mayoría de los cuentos tienen algo en común: la lucha de la criatura humana con la naturaleza. Una lucha que parece ganará la naturaleza al final cuando el ser humano, incapaz de gestionar el buen uso de los recursos ambientales reducirá a cenizas nuestros ego y ambiciones. Los cuentos de Eyra Harbar pueden ayudarnos a gestionar o al menos a imaginar un nuevo ecosistema de la cultura, al mismo tiempo que nos llenan de placer al leerlos.

Bibliografía:

La literatura panameña: historia, nación, sociedad (Amor, cultura y conflictos en la segunda mitad del siglo XX). Damaris Serrano. Colección Ricardo Miró, Editorial Mariano Arosemena, Panamá, 2005.

La nación panameña en sus espacios: Cultura popular, resistencia y globalización. Damaris Serrano. Colección Ricardo Miró, Editorial Mariano Arosemena, Panamá, 2006.

Mundos convergentes: Género, subalternidad, poscolonialismo. lshita Banerjee. Revista de Estudios de género, La Ventana. Vol. 5, Núm. 39. 2014.

Sexo, poder y género. Blanca Eliza Cabral. Tomo II, Fundación editorial el perro y la rana, Caracas. Venezuela, 2009.

Subalternidad. Massimo Modonesi. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, mayo de 2012.

 

*Ponencia presentada en el VI CONGRESO INTERNACIONAL DE LITERATURA PANAMEÑA -Cuentistas emergentes de Panamá (2012-2019)-, Universidad Tecnológica de Panamá Vicerrectoría de Investigación, Postgrado y Extensión. Auditorio “Rosendo Taylor” /Facultad de Ingeniería Civil Campus “Dr. Víctor Levi Sasso”, martes 10 de septiembre de 2019.

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