sábado, 19 de junio de 2021

Sobre La loma de cristal de Ariel Barría Alvarado

Mirada de Nuchu lamenta profundamente la muerte de Ariel Barría Alvarado. A manera de homenaje recordamos su novela La loma de cristal con la que ganó por primera vez en el año 2000 el premio nacional de literatura Ricardo Miró. El siguiente estudio, de nuestra autoría, se publicó en el libro Para narrar la identidad  en el 2006 por 9Signos Grupo Editorial. Ariel Barría Alvarado deja un vació irreparable en las letras panameñas. Vivió con dignidad y su vida fue ejemplaria para muchas personas que hoy lloran su partida.

Ariel Barría Alvarado nació en Las Lajas, Chiriquí, el 23 de marzo de 1959 y murió el 11 de junio de 2021 en la ciudad de Panamá. Fue un destacado autor de libros de cuentos y novelas, además de docente y crítico literario.

Egresado de la Universidad de Panamá, donde se tituló en 1987 de Licenciado en Humanidades y Profesor de Español, y de la Universidad Santa María la Antigua (USMA), donde obtuvo un Postgrado en Docencia Superior. Fue profesor de Español y Semiótica en la USMA, cátedra desde la que se dedicó a promover la literatura panameña contemporánea, sobre todo la narrativa breve, labor de mucho valor. También fue durante muchos años facilitador del Diplomado en Creación Literaria de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), donde dedicó su trabajo a la narrativa, en especial, a la novela.

Fue miembro fundador de la Asociación de Escritores de Panamá, además de miembro de la directiva electa (2008-2011), y parte del Consejo Nacional de Escritores y Escritoras de Panamá, además de otros gremios de escritores. En la primera y segunda década del siglo XXI participó en innumerables conversatorios, conferencias y talleres de literatura. Actuó de jurado en los concursos más prestigiosos de literatura organizados en el país.

Su obra fue siempre ganadora de premios y distinciones. Sus primeros cuentos, como estudiante de secundaria, ganaron varias veces el hoy desparecido Concurso Literario Intercolegial del Ministerio de Educación o el Concurso Nacional Histórico Literario. Luego, como estudiante universitario, ganó en 1980 el Premio "Panorama Social", de cuentos; en 1981 el Premio "Pablo Neruda" de la Universidad de Panamá; y en 1987 el Premio Universidad, con la obra De lodos y dioses.

En el siglo XXI ganó los principales premios literarios panameños: el Concurso Nacional "César Candanedo" en 1999; el Premio Nacional de Cuentos "José María Sánchez" en 2012, con el libro Al pie de la letra; y el Concurso Nacional de Literatura "Ricardo Miró" que ganó cinco veces, en las categorías de novela con La loma de cristal, en 2000; La casa que habitamos, en 2006; y Las canciones que el público nos pide, en 2014; y en la categoría de cuento con Ojos para oír, en 2006; y Losa doce, en 2015.

Además de los cinco libros ganadores del "Ricardo Miró", editados en Panamá por el Instituto Nacional de Cultura, publicó El libro de los sucesos (Signos, Panamá, 2000); Al pie de la letra (UTP, Panamá, 2003); y En nombre del siglo (Ed. Géminis, Panamá, 2004)*.

Reseña tomada de Literatura panameña hoy


LA LOMA DE CRISTAL O EL PRIVILEGIO DE NARRAR LA IDENTIDAD


Por Carlos Fong


INTRODUCCIÓN

EL DISCURSO POSTMODERNO EN “LA LOMA DE CRISTAL” Y SU APORTE A LA IDENTIDAD.       

Ariel Barría Alvarado
             

Desde hace varios años se viene escribiendo de manera muy amplia en las distintas publicaciones especializadas, tanto en sus ediciones físicas en papel como en las ediciones electrónicas a través de la WEB, de la identidad en América Latina y del problema de la Postmodernidad. Es necesario, antes de intentar una aproximación a la problemática de estos dos conceptos y su expresión en la literatura, hacer una breve aproximación conceptual de ambos.

Una noción bastante resumida y tradicional nos dice que la identidad se organiza en torno a los símbolos históricos-territoriales, la memoria, la patria, lo nacional, la idiosincrasia de una expresión colectiva que defiende sus valores tradicionales con un soporte en los museos, lo ritual, el discurso cívico, lo popular, el folclor: es el resultado de la herencia y el pasado de un pueblo que se reafirma en el presente mediante el sentido de pertenencia. Se define haciendo una lectura de las costumbres, tradiciones y patrimonios: identificando el valor de sus razas, religiones y creencias del conjunto. Se constituye a través de la subjetividad en un eje central de sentidos: la fiesta, la magia, la familia, los símbolos, el rito, etc.

En cuanto al concepto de postmodernidad es un concepto bastante ambiguo y lleno de incertidumbre. Es una noción difícil de enmarcar en una definición concreta, puesto que es una disposición, un enfoque, una pose, con una mezcla de seducciones indeterminadas e inconclusas que parecen no terminar de construirse. Una actitud hacia la realidad donde hay mezclas, repeticiones del pasado y el presente, pero sin demasiada preocupación por el destino. Podemos coincidir con Victor Guédez en que es una noción que va más allá de lo moderno para “favorecer la coexistencia de tiempos y convivencia de poses y estilos”. La postmodernidad, agrega este autor, “es la supremasuperación de cualquier dicotomía, y también es la superlativa afirmación de lo paradójico”. Es algo inconcluso que huye del encasillamiento. Algo que estamos consumiendo todavía.

Para efecto de nuestro estudio vamos a utilizar el concepto de identidad, las expresiones, idiosincrasia, cultura, creencias, etc., representada en una ciudadanía, un pueblo o nación que, ya sea individualmente o colectivamente constituye un “sistema de solidaridades”, un “sentido de pertenencia” confrontado con una variedad de dicotomías. En cuanto al concepto de postmodernidad nos limitaremos al rótulo que designa la producción literaria-imaginativa y sus consecuentes características y no al concepto antropológico, ni sociológico. También trataremos de enfocarnos en este trabajo al género narrativo de la novela, por ser el caso que nos ocupa, los demás géneros (ensayo, poesía, etc.) quedan parcialmente discriminados, y solo se citarán como soporte teórico en casos de que haya que explicar intertextualidad.

Para empezar, queremos solidarizarnos con el Dr. Fernando Ainsa, cuando escribe:

            “Estoy convencido de que buena parte de la identidad cultural de América Latina se ha definido gracias a su narrativa, porque la ficción literaria ha ido más allá que otras disciplinas en la percepción de los signos que define la especificidad del continente” (AINSA).

            Las características de esta narrativa se han venido sintetizando en un proyecto que busca la integración de los diversos elementos y códigos. Este proyecto tiene como una de sus principales finalidades expresar la identidad nacional y cultural a través de un esfuerzo que explique la problemática de nuestras realidades. La novela postmoderna tiene características importantes que resumimos así:

1.      Tendencia a una integración de los métodos de exploración de la realidad (la antropología, la filosofía, la pedagogía, el periodismo, etc.).

2.      La recuperación de las fórmulas estéticas (la poesía, la tradición oral, la crónica, el relato, el mito, etc.).

3.      Establece un diálogo con la cultura de masas (la radio, la TV, el cine, etc.).

4.      Utiliza los recursos o métodos para cuestionar la realidad como la polifonía de relatos, el distanciamiento irónico, la escritura paródica, la autocrítica; y cuestionar los actuales discursos que han perdido credibilidad, como el discurso oficial.

5.      Hay una tendencia de reflexionar sobre el presente a partir del pasado.

6.      Tiende a partir de un referente geográfico que parte de lo local, lo provincial, lo micro-cultural (AINSA) como arquetipo que se proyecta hacia lo macro-cultural.

            Todas estas características las encontramos en la novela Ganadora del Premio de Literatura Ricardo Miró 2000, La Loma de Cristal (LLC) de Ariel Barría. En (LLC) existe una especie de polifonía (lo veremos más adelante) donde convergen distintos relatos o líneas. También hay una actitud hacia el presente cuya preocupación reflexiona a partir del pasado a través de los monólogos y retrospecciones de los personajes (la historia personal del protagonista, por ejemplo, o la de Abdulio Silgado).

            Vamos a ver un estrecho diálogo entre la cultura rural y la cultura urbana a través de los mas media, que hoy día tienen una gran influencia en nuestra manera de entender la realidad. Además, la forma no lineal en que está escrita la novela permite una tensión estructural, cuya brevedad en cada capítulo, el tratamiento de cada final (escritos con cuidado atendiendo siempre el final y la situación del personaje, lo que permite la escritura rítmica propia de un cuento), va a permitir al autor el espacio propicio para la transgresión irónica que parodia las convenciones del poder, el sistema educativo y el discurso oficial.

            La realidad en (LCC) es un espacio para que la ficción pueda trabajar haciendo lo que mejor sabe hacer: ficcionalizar la realidad para, al mismo tiempo, desenmascararla:

 “Lo que nos dicen las formas de ficción que podemos llamar posmodernas es que toda la realidad es siempre una ficción, una construcción deliberada de sentido, producto de las convenciones del lenguaje y los géneros del discurso” (TEMESI).                                                                                                                    

Ariel Barría en una de sus clases en el Programa de Fromación de Escritores del Ministerio de Cultura de Panamá
Ariel Barría Alvarado dictando los cursos de novela
del Programa de Formación de Escritores del Minsterio de Cultura

            En loma se puede distinguir cómo lo local se expresa en medio de lo universal y cómo lo universal se sintetiza en lo local. Lo universal que se extiende hasta tocar los espacios de lo provincial y lo urbano como lo micro-cultural: Darién, La Palma, Dolega, Yaviza, Boca de Cupe, La Central, Curundú, San Miguel, El Marañón...son localidades con un referente cultural. El referente cultural cumple una misión de recordarnos, como Néstor García Canclini ha dicho: la imaginería de cada nación, la producción artística y los mensajes mediáticos siguen expresándose y naciendo dentro de las localidades, circulan y se internacionalizan a través de los escenarios de consagración

y de comunicación: la literatura, por ejemplo.

            La lógica de la novela postmoderna no es la de experimentar sino la de contar (GARCÍA-BEDOYA); es por eso que vemos en (LLC) un privilegio en la trama contada, narrada. Se narra la identidad a través de los personajes, del diálogo con el pasado y con la cultura de masas. La narración puede iniciar o finalizar en cualquier referente geográfico. Esta narración con distintos recursos lingüísticos cuestiona los discursos del Estado y de las organizaciones privadas e independientes.

LA LOMA DE CRISTAL Y LA CRÍTICA 

            De todas las novelas que se han publicado desde finales de la década del 90 hasta el presente, (LLC) es una de las novelas que la crítica literaria panameña ha acogido con bastante benevolencia. En tan solo poco tiempo desde su publicación en el 2001, la novela ha sido objeto de diversos estudios. A nosotros nos parece interesante traer estos comentarios críticos como un aporte enriquecedor. Para eso hemos hecho una revisión crítica de esos primeros textos sobre (LLC) en los cuales hemos encontrado que algunos coinciden en sus observaciones; otros son menos analíticos y superficiales y se limitan a una mera narración de la trama, pero no sin dejar un aporte al estudio esclarecedor. Veamos.

            Uno de los primeros comentarios que vamos a encontrar es el de la profesora Vielka de Carrillo, quien fue miembro del jurado que premio la obra. El ensayo tiene como título: La Loma de Cristal: “metáfora de la realidad” y plantea la siguiente hipótesis:

La visión del mundo en La Loma de Cristal plantea la degradación en una sociedad corrupta, en la que los antivalores son la base de la política que ejerce la clase dominante. Su estructura representa una novela moderna dialógica con ficción polifónica (CARRILLO).

            Esta observación de la profesora Carrillo en su ensayo, la de ficción polifónica, la queremos tratar aquí un poco más a fondo. La hipótesis de polifonía de la profesora Carrillo es reforzada al abordar el estudio del discurso narrativo a partir de la descodificación del mismo a través de la diversidad de “voces” de los “otros” en la novela.

            Esta característica, la de distintas voces que cuentan una historia para romper con la trama lineal de lo narrado, es propia de la novela moderna, pero los elementos que a la vez se introducen son particulares de una novela postmoderna. Milán Kundera ha observado que para que haya polifonía en una novela debe haber un conjunto indivisible tratado simultáneamente bajo un tema común (KUNDERA); pero debe existir una serie de líneas o relatos con igualdad, donde uno no ocupe cualitativamente más espacio, privilegiando uno más que el otro. Para el escritor checo basta con una unión temática y una fina técnica de fabulación que una las distintas voces y líneas.

La Loma de Cristal
primera edición del INAC, 2000.

            Pero qué son estas voces y líneas. ¿Son, acaso, únicamente diversas historias contadas por diversos personajes que se encuentran en una sola historia? o ¿estamos hablando de distintos géneros y relatos que se mezclan en una misma historia? ¿Sucede esto en (LLC)?, ¿hay armonía e igualdad en los relatos? Si la hay, ¿qué tipos de relatos son?;  ¿cómo se manifiestan en la obra de Barría?

            Para la profesora Carrillo la ficción polifónica en la obra se logra en la medida en que existe un “afán lúdico” donde coexisten varios “planos narrativos”, pero no profundiza en la manera como que se dan. No obstante, la lectura de Carrillo acierta en que hay un relato autobiográfico (el del protagonista), y que también existe una diversidad de historias individuales que se unen en una sola trama; pero esto no es suficiente para argumentar una polifonía.

            Nosotros quisiéramos aportar a este problema a través de nuestra lectura. Primero queremos dejar anotado que estamos de acuerdo con cierta. Para nosotros hay una serie de elementos que se dan en la obra que bien podrían darse de manera independiente siendo así distintos temas para distintas novelas. Detectamos la simultaneidad de distintos discursos que, a su vez, podrían ser distintas líneas novelescas.

            Tenemos, ante todo, el relato autobiográfico (observado ya por Carrillo), introducido a través del protagonista principal (lo de si este personaje es el protagonista principal es tema de discusión); encontramos el reportaje, introducido por la periodista Irene Candanedo; tenemos el ensayo crítico, introducido a través de las reflexiones pedagógicas del narrador a través de Pablo Allard y el maestro Rosales; percibimos los relatos intimistas que cuentan los distintos personajes, el de Libertaria, por ejemplo, que desnuda su problemática existencial humana escondida bajo el uniforme de fatiga; y tenemos el tema principal, un relato que sirve para sostener un discurso que contrasta con la ilegitimidad del discurso oficial, la falta de liderazgo nacional, y que encierra una propuesta o proyecto ético. Existen otros relatos que podemos anotar, pero que no estudiaremos en esta oportunidad, como es el relato feminista (en la obra la mujer tiene un papel quizá alegórico, quizá simbólico, muy importante: la mujer como columna imprescindible para la edificación de un proyecto nacional).

            A sus vez, creemos que estas distintas líneas en la novela podrían servir como soporte teórico para varios géneros de novelas: una novela política (la trama se centra en una conspiración clandestina de orden político), una novela semi-romántica (las relaciones personales del protagonista con Cristina Linares, Liliana y su esposa Verónica), una novela irónica o paradójica (la discoteca super-moderna en medio de la selva; Quito Mepaquito y Librada Cárdenas, los niños con una cultura universal en una escuelita del Darién; el contraste entre lo popular y la cultura elitista).

            ¿Cómo Ariel Alvarado se propone esta polifonía (si esa fue su intención)? Habíamos dicho que para Kundera la polifonía estaba ligada a un tema común. Pero, ¿cuál es el tema en (LLC)? Hay una trama que no es lineal. Hay acciones de intriga, de traición, de suspenso, de violencia, de conspiración que se van hilando a través de las circunstancias que viven los personajes. Pero, ¿cuál es el tema central o no lo hay? Creemos que es fundamental poner mucha atención en los personajes en la obra, por eso habíamos dicho antes que, a pesar de que existe un supuesto personaje principal, esto podía ser motivo de discusión, tomando en cuenta que ese personaje en la obra ni siquiera tiene una identidad nombrada. Es anónimo, aparece en escenas intercaladas con monólogos introspectivos y autobiográficos. Nosotros creemos que esto es intencional. Para ayudar a sostener esta aseveración nos ayudaremos de los comentarios de la profesora Emma Gómez de Blanco y de Mario García Hudson, quienes también han comentado críticamente a (LLC).

            Empecemos con la profesora Emma Gómez. Para la profesora Emma no es fácil hablar de un personaje principal, sino de un personaje colectivo: La Loma como personaje, donde lo natural, lo mágico y lo pedagógico se mezclan en una telaraña de personajes. Es lo urbano contra lo natural. Un personaje colectivo y polivalente que busca el poder a través de la devoción y la evasión. “Más que una lectura fragmentada hay un discurso múltiple”, nosotros nos preguntamos: cuáles son los temas de esos discursos. Y nosotros mismos nos respondemos: las necesidades del país. En (LLC) el discurso de un narrador protagonista es continuamente desviado para hacer énfasis en las voces de los otros. Hay una construcción de espacios múltiples, ha puntualizado la profesora Emma Gómez y una multiplicidad de historias; pero cada una de ellas tiene algo que decirnos. La voz del narrador (cuando está en primera persona) es la voz de un protagonista principal, pero jamás esta voz ocupa espacio cualitativamente para dejar sin privilegio a los “otros”. Porque es precisamente los “otros” los que importan. La Loma es una alegoría (o deberíamos decir símbolo) de nuestra circunstancia actual e histórica. La Loma es una excusa para narrar los grandes relatos de la crisis existencial, sociológica, política y cultural del ser panameño: este es el tema de (LLC).

            Queremos reforzar los anteriormente expuesto con los apuntes de Mario García Hudson en torno a (LLC).  Hudson parte de la afirmación de que Loma y Cristal son conceptos sociales. “Loma y Cristal son conceptos telúricos. En la literatura la tierra se asocia al paganismo (un deseo de encontrar las raíces vitales en la identidad. En Panamá, el paganismo sustenta la necesidad en reafirmar el mundo rural y urbano con elemento claves: el campesinado y el Canal” (Hudson).  También coincide en que en (LLC) el autor hace énfasis en “crear personajes como relatos”. Estos relatos son para nosotros los códigos que hay que descifrar en la obra. A través de ellos el autor se atreve a narrar la identidad nacional expresada en la situación existencial reveladora de los personajes (KUNDERA).

             Es por eso que nos inclinamos más por la teoría del personaje colectivo. El secuestro del protagonista, el crimen en el aeropuerto, no son más que acaecimientos para dar espacio a otros acaecimientos donde la realidad (el presente) se mezcla con el pasado (la historia). Esa presencia unívoca de relatos de la realidad ficcionalizada en (LLC) reemplaza todos los discursos del poder convencional que, en el marco de la postmodernidad, han perdido su legitimidad como espacios de propuestas o alternativas para darle espacio a lo que Carlos Fuentes ha llamado: el relato imaginativo de la nacionalidad, donde:  “La nación es más grande que su poder” (FUENTES) y la literatura sigue siendo un arma para las adversidades de la vida, para sosegar el ruido y rasgar el silencio.

            Para concluir, debemos citar al profesor Erasto Espino quien en su lectura de (LLC) ha detectado también una propuesta ética civil. El discurso postmoderno también encierra una propuesta ética. El tema de los excluidos dentro de un sistema democrático y los poderes que controlan las tomas de decisiones que afectan los derechos de los no incluidos: la población de Ají. La pobreza como un problema ético lo veremos en LLC representado en una colectividad que, por carecer de fuerza política, no participa en las tomas de decisiones de un país con una aparente democracia representativa. La población de Ají está en el olvido. La ubicación geográfica en la que se encuentra la población imaginaria simboliza a las personas en estado de pobreza que han sido excluidas. Nosotros creemos que la obra de Ariel Barría ya no es suya, es ahora de este colectivo, de ese lector que busca solidaridad identitaria en su cultura.

 

BIBLIOGRAFÍA

AINSA AMIGUES, Fernando. Problemática de La Identidad en el Discurso Narrativo Latinoamericano, CIRCA, Costa Rica, 21 de noviembre de 1994.

ALVARADO, Ariel Barría. La Loma de Cristal, Primera Edición, Editorial Mariano Arosemena (INAC), 2001.

BARAHONA, Erasto Antonio Espino. Reflexiones sobre una voz sin nombre inmersa en La Loma De Cristal, Biblioteca Nacional, 27 de septiembre de 2001.

BLANCO, Emma Gómez de. Loma de Cristal: intertextualidad y protagonismo del discurso Biblioteca Nacional, 27 de septiembre de 2001. 

FUENTES, Carlos. Geografía de la Novela, Fondo de Cultura Económica, México, 1993.

GUÉDEZ, Victor. La Posmodernidad: mito o realidad, Revista Tablero N°. 60, marzo 1999.

HUDSON, Mario García. Qué son La Lomas y Cristales de Ariel Barría Alvarado, Casa de Gobierno de David, Chiriquí, 2 de octubre de 2001.

KUNDERA, Milan. El Arte de la Novela, Tusquets Editores, 1986. 

 Revista de Literatura, Arte y Cultura Hoja Naviera especialmente: “La narrativa “postmoderna” (posvanguardista) en Hispanoamérica” por Carlos García-Bedoya M.; Lima, julio de 1995, Año III, N°4.

Revista Blanco Movil: Literatura y Postmodernidad, especialmente: “El Post Meridiano de la Literatura” por Ferenc Temeci y “La ficción posmoderna como espacio fronterizo” por Lauro Zavala; #57, marzo-abril de 1993.

SOTOMAYOR, Andrés Pizarro. La mujeres en La Loma de Cristal: Un signo de vanguardia, Huellas Boletín del Círculo de Lectura de la USMA,  Año 6, Volumen 8, Octubre 2001.

VIELKA U. De Carrillo. La Loma de Cristal: “metáfora de la realidad”, ATLAPA, 5 de septiembre de 2001.

sábado, 6 de febrero de 2021

La invención de Ricardo Arturo Ríos Torres

Con la muerte de Ricardo Arturo Ríos Torres muere una parte del Panamá literario; muere un trozo del Panamá histórico; muere un fragmento de la soberanía; muere un pedazo de la patria; muere la bandera sembrada el 2 de mayo de 1958. Es la metáfora de los espejos que refleja la muerte de la cultura y la memoria, la muerte de la lectura y del libro, la muerte de la biblioteca; simbólicamente, el fallecimiento del maestro Ríos Torres es la muerte de la nación en el marco de una encrucijada nacional y mundial.

 

La muerte de Ricardo Ríos Torres representa la caída de un hidalgo de los de lanza en astillero que luchó contra los gigantes que han frenado el desarrollo de la cultura. Muere un caballero de triste figura, pero de brillante pensamiento que cabalgó por el libro y la lectura. Muere el estudiante que sembró banderas en aquella Operación Soberanía que años después intentó oscurecer otra operación mal llamada Justa.

 

La muerte de Ricardo Arturo Ríos Torres es también la posibilidad de la imagen del escudero de hazañas heroicas que subsiste en medio de la tragedia de la nación; es el reflejo del campeador juvenil que aún cree en las gestas y el cantar, en la lectura como forma de resistencia y en libro como objeto de transmisión de la cultura y escudo para la adversidad. Porque Ricardo Ríos también sembró banderas en ciertos corazones gentiles que hoy lloran su partida, pero recogen la lanza y la bandera para seguir peleando contra los molinos de la indiferencia. Quizás la muerte de la cultura también es el renacer y la resignificación de otra esperanza.

 

Como un caballero medieval, Ricardo Arturo Ríos Torres fue El Cid panameño que, con fragores valientes y alma estoica, luchó sin miedo contra los poderes actuales que representan a los señores feudales de épocas lejanas y ambiciones políticas igual a las que hoy dominan el mundo. El Cid contestatario nacional de cabellera blanca y sonrisa afable, de mirada seria y memoria clara, se ha marchado dejando la locura narrativa de su calle del espanto poblada de poesía. ¿Cuántas Sal Si Puedes hay en este Panamá gastado y roto? Solo la aventura del arte y la cultura nos salva de no quedar atrapados en otras calles malditas.

 

En algún momento me dijo que Richard Brooks había sentenciado que “todo escritor tiene el derecho a soñar, único derecho que ningún Estado policíaco puede eliminar”. Le pregunté que quién era ese tal Brooks, y me contestó que era otro loco, otro idealista, otro soñador que siempre va contra marea. Aprendí de él que no se puede escribir con miedo. Que la imaginación y la creatividad no pueden ser gobernadas por la fatal y absurda burocracia. Que no se puede ser libre y creador si vives preso de la tiranía ideológica y de los dogmas; que la verdadera libertad del escritor está en decir su verdad.

 

Ricardo insistió tanto en retomar el canon literario, a devolver la mirada a los clásicos, en leer con atención El Quijote, de Miguel de Cervantes Saavedra; El libro del buen amor, de Juan Ruiz, el arcipreste de Hita; La Celestina, de Fernando de Rojas, y la poesía épica del Poema del Mío Cid, porque hallaba en ellos las virtudes y valores necesarios para fortalecer la dignidad y la nobleza humana. Obras que representan lo más noble de la grandeza humana con personajes tan contradictorios dialécticamente, como Don Quijote y Sancho, que simbolizan los bordes opuestos de la humanidad.

 

A este bardo del corpus literario lo vamos a recordar con respeto, porque fue luz para muchos jóvenes que, desde el Círculo de Lectura Guillermo Andreve, se regocijaron con la lectura de decenas de autores de corte nacional y universal. ¿Acaso no es menester crear un círculo de lectura que honre su nombre? Ricardo podía hablar de Matsuo Basho o de Octavio Paz, de Justo Arroyo o Gloria Guardia, de Hermann Hesse o Alejo Carpentier, como un campesino habla de su huerta; con sabiduría y un amor extremo enseñó a muchos a caminar por la lectura con un placer que dejaba encantado al que buscaba el goce en los libros.

 

Hoy, es decir, en el momento en que escribo estas palabras, tengo los ojos cansados y el corazón desordenado. Me han llamado varias veces para saber de las honras fúnebres de Ricardo Arturo Ríos Torres. Logré contestar a algunos con un monosílabo. Estoy tratando de entender la locura de un tal Richard Brooks que inventó a un tal Ricardo Ríos... O, ¿fue al revés? ¿Quién imaginó a quién? ¿Quién de los dos es real? No lo sé. Creo que al final, ambos fueron reales y producto de la locura de la imaginación. Una invención, una fantasía de la ficción. Ambos fueron personajes reales en esta saga de la existencia.


La Prensa, 06 de febrero de 2021 -

viernes, 10 de julio de 2020

Pensamiento, imaginación y creatividad para una nueva normalidad


Carlos Fong

Hay dos experiencias que quiero citar para sustentar este artículo. La primera es el concurso de creatividad virtual Arte en Casa que organizaron Arckalab y Space. Fui jurado de este concurso, donde participaron muchos niños en distintos formatos, que iban desde la pintura, la creación literaria y las manualidades. Fue una experiencia emocionante ser parte de este concurso, porque los trabajos que realizaron estos niños fueron hechos en el marco de la pandemia, en medio de la ansiedad de estar confinados. Pudimos hacer una lectura, desde el arte y la imaginación creadora de los niños, de la forma en que extrañan su mundo, la manera en que ellos sueñan el país, y cómo desde el imaginario de infancia hay una propuesta para construir mejor el país. La pregunta que me hice: ¿estamos escuchando a los niños y jóvenes para poder reconstruir la sociedad? 

La segunda experiencia fue con Ana. Ana es una adolescente con muchas inquietudes y su deseo es ser una escritora. Es alumna del Instituto Alfredo Cantón, becada por la Fundación Alberto Motta y participa de los programas del Centro Superarte de esta fundación. La conocí a través de su mentor, Jesús Martínez, un viejo amigo periodista, quien la está guiando en su intricado camino para ser una profesional. Ana quiere ser escritora y me recordó cuando hace más de 40 años yo tenía las mismas interrogantes: qué estudiar, qué leer, con quién hablar. Le hablé como a mí me habló Herasto Reyes en aquellos tiempos, cuando yo no tenía ni idea de lo duro que es el proceso para ser un escritor. Es decir, una persona que escribe para aportar algo con valor para la sociedad.

Estas dos experiencias con la vida y la cultura me han hecho reflexionar en algo que Michele Petit menciona en el prólogo de su libro Leer el mundo: la apuesta de la enseñanza va más allá de una utilidad mensurable. Mi antropóloga de la lectura favorita se ayuda de otros pensadores, como Drew Faust, presidenta de Harvard, para decirnos que “los seres humanos necesitan sentido, comprensión, perspectiva tanto como trabajo”. Algo así como la bíblica frase: no solo de pan vive la gente. También nos remite a ese famoso discurso de Federico García Lorca: “Medio pan y un libro”, en el cual Lorca se refiere al libro como “la mayor obra de la humanidad”. La imaginación, el arte y la lectura son también una forma de alimento para que podemos resistir las adversidades de la vida. La gente necesita trabajo y comida, pero también intuición, emociones, pensamiento, que le den sentido a su vida.

No recuerdo a quien le escuché decir, creo que fue a Gloria Bejarano, mi madre en cuestiones pedagógicas, que sería una gran cosa que las autoridades le añadieran a la bolsa solidaria un libro. Un pequeño libro de literatura. Podría ser un cuento o un poema. Esto serviría para que las familias, al abrir la bolsa, no solo encuentren comida para las tripas; también comida para el pensamiento. Es como aquel proyecto de ayuda social, que desafortunadamente no es panameño, donde al entregar una casa o un apartamento a la familia beneficiada, recibían también con la casa un pequeño librero lleno de libros. Porque la familia también necesita nutrir el espíritu y el pensamiento. Con la pandemia, los panameños, al igual que otras naciones, descubrimos que no solo estábamos vulnerables en términos de equipamientos de salud; también en términos de cultura. Sólo México contaba con un protocolo de intervención cultural en situaciones de emergencia que nació con el duro terremoto que vivieron en el 2017. 

La falta de imaginación y creatividad conducen, no solo a la alienación y enajenación de las personas; también es una forma de empobrecimiento que incapacita la voluntad de pensar y es allí donde está la verdadera enajenación y la incapacidad de expresarse como sujetos de derechos. Cuando veo en los medios a una persona gritar contra las autoridades, con toda la justificación del mundo, reclamando la falta de algún servicio, pero lo único que sale de su boca son palabrotas que oscurecen su protesta, solo pienso en la diferencia que hubiera sido si esa persona hubiera tenido la capacidad de organizar sus ideas y expresarse con un lenguaje menos superficial.

Pienso que la imaginación, la creatividad y el pensamiento crítico son instrumentos para que las personas puedan imaginar su contexto. Hablamos de una nueva normalidad, pero esa nueva normalidad se refiere a movilizarse en un mundo con normas de bioseguridad. La verdadera normalidad debería de partir de una nueva ética del pensamiento que nos ayude a reorganizar el ecosistema en todas sus formas. La “imaginación inteligente”, como la llamaba Cesare Pavece, es ahora, más que nunca, una de las vacunas importantes que deberíamos descubrir y todos inyectarla en nuestras vidas.

La Prensa, 03 julio de 2020


Aprendiendo un poco sobre el cuento y su misterio


Carlos Fong

Algunos amigos me reclamaron algo en mi artículo anterior. Me dijeron que había aclarado qué no era un cuento, pero que no había dicho qué era un cuento. En realidad, sí lo hice, pero creo que no fui muy preciso. Ese artículo apelaba a una relación más estrecha de mi vida con el cuento. Ahora quisiera navegar por otro afluente del río de los cuentos. 

Un cuento es una ficción. Eso significa que es una mentira. Una mentira que nos ayuda a tener una relación especial con la realidad. También es una mentira que nos habla de la realidad (quiero eludir la palabra verdad) desde otro enfoque: desde la imaginación. La imaginación no es lo que algunos piensan. Algo que es solo útil al artista o a la persona que vive de la creatividad. La imaginación es muy útil para todos.

Vuelvo al cuento como hecho estético. Un cuento es una mentira que deja una impresión de la realidad. Una mentira que falsea la realidad para descubrirla o reinventar otra realidad, no menos impresionante de lo que conocemos como realidad. Con esa mentira, con esa recreación le damos un sentido nuevo al mundo y no solo lo hacemos más interesante; también más significativo. Al hacer verosímil lo dudoso e imposible, estamos dándole sentido a los hechos de la vida.

Una vez una amiga muy querida, maestra, algo de historiadora y socióloga, me dijo que ella no leía cuentos ni novelas. Las ficciones no eran precisamente algo que la ayudaban a entender la realidad, porque estaban construidas de la imaginación y la fantasía no se lleva con las ciencias sociales. A mí me pareció asombroso esta lógica y, en vez de confrontarla, decidí dedicarme a estudiar las ficciones como un hecho social. 

En mi modesta biblioteca tengo muchos libros de cuentos y sobre teoría del cuento; pero también atesoro libros de antropología, filosofía, sociología y de historia. Los de historia panameña son mis favoritos, pero también leo estudios literarios y culturales. Estás lecturas me ayudaron a descubrir que mi amiga, que es una extraordinaria docente e investigadora, estaba equivocada, pero sin su ayuda y la ayuda de los libros de no ficción, yo no hubiera podido ahora entender todo lo que los cuentos pueden hacer.

Podría hablar de las ficciones en general, pero quiero detenerme en los cuentos. Tal vez otro día hable de la novela o la poesía, cuyas propiedades son igual de maravillosas. Los cuentos son un registro o lectura de la realidad. Leemos la realidad y la recreamos. Algo curioso es que el escritor de cuentos recrea la realidad y el lector también lo hace. Y es esto lo que me lleva a pensar que el universo existe porque lo estamos contando constantemente. Algo que el científico podría refutar fácilmente, pero si observamos bien también las ecuaciones son una forma de narrar el universo.

El cuento es una síntesis de la realidad, correcto. Pero es una sinopsis que nos brinda una concepción más general del mundo. Necesito dar un ejemplo: hace algunos años leí un cuento de Ryunosuke Akutagawa; se llama Rashomon. El cuento me deslumbró por su lenguaje y la precisión estética de las palabras, pero luego entendí que el valor de ese cuento era una serie de referentes importantes: un marco social, un tiempo, un espacio, y que los personajes me llevaban por una circunstancia existencial histórica que yo nunca habría percibido leyendo un tratado de historia japonesa.

Ese cuento data de 1915 y fue una historia que inspiró a Akira Kurosawa a hacer una película que le mereció muchos premios. Akutagawa vivió solo 35 años; se quitó la vida como muchos grandes autores lo han hecho. A mí me bastó leer uno de sus cuentos para fortalecer muchas nociones de la literatura que hoy me sirven para trabajar y resistir. Porque leer es una forma de resistencia. Es una forma de conocimiento que puede servir para tomar decisiones.

El cuento, como lectura del mundo, es capaz de problematizar la realidad y ponerla a disposición de otros. Las situaciones dramáticas por las que atraviesan los personajes y sus posibilidades en los cuentos pueden contrastar con nuestra experiencia y también reflejarnos nuestra imagen.

Flannery O’Connor dijo que un cuento tiene que ver con la realidad. Afirmaba que la escritura de ficción no tiene que ver con decir cosas; tiene que ver con mostrar cosas. Es lo que hacen los cuentos a diferencia de las ciencias de la comunicación. Para mí los cuentos son una forma de la creación, pero tienen su ciencia. Darle una acción dramática completa y compleja a un personaje para que gravite y tenga vida en un universo en particular es algo que necesita de cierta ciencia. Tal vez esa ciencia no es una técnica, tal vez es un misterio. Uno que involucra el misterio de la personalidad, como decía Flannery O’Connor.

La Prensa, 20 junio de 2020

sábado, 13 de junio de 2020

Después de todo, es cierto... La vida es un cuento



Carlos Fong


La vida es un cuento. O, mejor dicho, muchos cuentos. Quiero pensar en el cuento y no en la novela, porque los cuentos son más intensos y la novela más extensa. De cualquier forma, es cuestión de perspectiva. Si se fijan bien, la vida misma tiene la anatomía de un cuento: inicio (nacemos), nudo (nos desarrollamos) y desenlace (morimos). Esta comparación la han hecho varios escritores, pero el que me viene a la memoria es Nicolás Buenaventura Vidal, que en alguno de sus libros lo anota.

Los entendidos en el cuento, como género y categoría literaria, sostienen que un cuento no es una anécdota, ni una leyenda o relato popular, ni una parábola, ni una fábula; no es una biografía, ni un sermón; tampoco es un ensayo, una escena, una viñeta, un cuadro, ni una monografía. Todas estas formas son de la prosa, pero ninguna de ellas, aunque se parezcan, son un cuento.

Sin embargo, la vida de una persona está hecha de todo lo antes mencionado. Incluso es un chiste que a veces deviene en tragedia. He vivido medio siglo. Podría decir, de manera metafórica, que he sido un relato, una fábula, una viñeta. Porque cada momento o experiencia en mi vida ha sido una escena de aprendizaje. Yo fui ebanista, llantero, aseador, celador, estibador, cantinero, repartidor, chequeador y tuve otros trabajos que no sé cómo se podrían titular, como el de envasar agroquímicos, apalear sorgo y soya o desplumar pollos. Fui ayudante de albañil, de electricista, de mecánico y hasta maestro de karate.

Cada una de estas experiencias me ha ayudado a valorar lo que hace el otro. Aprendí que hasta para golpear con un martillo se necesita saber. Cuando converso con los jóvenes en algún taller o conferencia me gusta bromear y decir que soy un pokemon, porque evolucioné. Hoy soy un cuenta cuentos. Mis hijos se ríen a la hora de comer y me preguntan “¿Papá, ¿qué nos vas a decir hoy que hiciste en la vida?”. Se morían de la risa hace poco cuando les dije que repartí mafas y platanitos en las abarroterías de San Miguelito.

Sí. Evolucioné y estoy seguro de que seguiré evolucionando, porque en la vida de un servidor público que trabaja en el sector cultura con los libros, con la lectura, hay un sinfín de cosas maravillosas que se aprenden, como ser animador sociocultural, narrador, tallerista, incluso ayudante de biblioteca. Curiosamente es uno de los trabajos más hermosos que hay en la vida y que no he podido hacer. He trabajado en bibliotecas y con bibliotecarios, pero no podría decir que soy un bibliotecario, como sí puedo decir que fui un obrero.

Quisiera terminar con una reflexión. Empecé hablando de que la vida es un cuento. Al final es solo una comparación. Mi vida fue muchos cuentos. Ya lo dije. Pero un cuento, teóricamente y estéticamente hablando, es una mentira. Dijo Juan Rulfo que el cuento “es mentira, pero no falsedad”. Significa que todo lo que hemos hecho no es una mentira. El cuento es una mentira que nos enseña a descubrir la realidad o, al menos, a persuadirnos de la falsedad que la oscurece. El cuento nos ayuda a tener una idea más general de nuestro mundo; sintetiza, pero también amplifica la vida.

Esta noción de Rulfo nos sirve para defender el arte de contar historias, porque son mentiras que nos cuentan de alguna forma nuestra verdad. Es por eso que Eraclio Zepeda afirmó que “un cuento nunca puede construirse con una mentira”. Y el trabajo de un escritor es, como sentenció John Updike, “descubrir o inventar la textura verbal más próxima al tono de la vida, tal y como la han percibido sus nervios”.

Yo creo que aún sigo aprendiendo a descubrir mi textura verbal y que cada día es una aventura. La aventura de vivir, de contar, de amar, de sufrir, de resistir, de aprender. La vida es un cuento, indudablemente. El escritor Joaquín Armando Chacón dijo: “Un cuento es una narración donde los personajes sufren un acontecimiento que les transforma la vida”. Si parafraseamos esta idea antropológicamente, un poco salpicada de sociología: la vida es una narrativa donde los sujetos sufren las tensiones de los acontecimientos que cambian sus vidas. Puede ser, pero me gusta más la primera. ¿Cómo terminará mi cuento? Aún no lo quiero saber.


La Prensa, 13 junio de 2020.


miércoles, 3 de junio de 2020

Los nuevos escenarios de la lectura y la cultura


Carlos Fong

Cada vez que una crisis golpea una sociedad, los escenarios, en todos los sectores, son afectados y se producen cambios. La cultura no es una excepción y, tal vez, es uno de los escenarios en los que se dan más cambios, porque está implícita en todo: en la economía, en la salud, en la educación y en la misma cultura, cuando pensamos en el arte o las tradiciones.

Hace poco, como parte de mi trabajo en el Ministerio de Cultura, tuve la maravillosa experiencia de ser parte de un programa llamado Proyecto madrina y padrino de enseñanza virtual, del Centro de Atención Integral Fundación Chilibre Panamá. El centro, ubicado en Tocumen, es un albergue para niños y adolescentes en riesgo social por abandono, discapacidad, violencia sexual, maltrato físico, entre otros problemas. El espacio cuida niños y adolescentes de todas las provincias de Panamá, incluso migrantes sin acompañamiento.
 
Hablamos con los administradores del centro y acordamos organizar un círculo de lectura virtual. Al principio dude mucho, porque desconfío de los beneficios de la tecnología en algunos casos. Por ejemplo, en el tema de los círculos de lectura, encuentro fricciones entre los atributos de socializar la palabra cara a cara en una reunión que hacerlo por webinar. Podríamos pensar a favor de la tecnología que, en efecto, se llega a más gente sin frontera; sin embargo, hay acciones culturales que pierden mucho cuando se transmiten por video y creo que lo mismo puede estar pasando en otros espacios culturales, como las artes escénicas y el teatro, por ejemplo.

Volviendo al Centro de Atención Integral Fundación Chilibre Panamá, la idea de crear un círculo de lectura virtual tuvo un efecto altamente positivo. Debemos recordar que los niños de este albergue han estado en cuarentena siempre desde antes de la Covid-19. Están aislados y la crisis los obligó a dar las clases virtualmente, como el resto de los niños del país. Pero había algo que estos niños no habían experimentado nunca y fue el hecho de poder interactuar con la literatura en un círculo de lectura virtual. Y este hecho me hizo reflexionar sobre cómo podemos habilitar nuevos espacios culturales.

Algunos expertos ya han dicho que la digitalización mata la realidad y afecta el concepto de la cultura como resistencia. Me parece que es cierto, pero en algunos casos, en los que las brechas socioculturales son el pan de cada día, parece que lo digital posibilita algunas experiencias de transmisión cultural que deben ser analizadas.

En el caso de la lectura, Gustavo Bombini nos habla de la noción de escena de lectura, que es la unidad de práctica/de intervención y de análisis que se define como un evento de cultura escrita (de oralidad, de lectura, de escritura) situada en un contexto institucional y sociocultural determinado y llevado adelante por diversidad de sujetos posibles.

En este sentido, me parece que la actual crisis ha destacado nuevos escenarios, nuevas situaciones de transmisión cultural; que en realidad no son acciones novedosas en sí mismas. Una reunión virtual no es algo nuevo; ver un concierto por youtube, tampoco. Lo que es nuevo, me parece, es la forma de apropiación de estos momentos de parte de los sujetos. Vuelvo al caso del Centro de Atención de la Fundación Chilibre. Aquí los chicos tuvieron una experiencia con la literatura que por primera vez se transmitía de forma virtual y habilitamos una conversación que ni siquiera yo pensé que podría generar buenos resultados, porque, ya lo dije, un círculo de lectura funciona mejor cuando las personas socializan la experiencia de leer en un espacio físico.

Entonces, creo que a los gestores culturales y otros mediadores nos toca discutir algunas cosas generales post pandemia. Y una de las preguntas clave creo que será cómo hemos habilitado nuevos espacios y momentos de conversación y de interacción cultural sin haberle restado valor al arte, sino todo lo contrario.

Hasta el momento hemos visto muchas acciones culturales en la modalidad webinar (conversatorios, seminarios de formación, lectura de poemas y cuentos, entre otros). Hay que destacar que un webinar es un espacio en internet donde puedes conversar y compartir entre varios, a diferencia del webcast que es una conferencia en la que el conferenciante es el que habla y los demás solo escuchan, según encontramos en internet.

En el caso de la lectura y la escritura, que es el escenario cultural donde me muevo, creo que es importante que reflexionemos en esto: ¿Dónde la lectura, la oralidad y la escritura son imprescindibles como espacios de convivencia en estos tiempos de incertidumbre y qué posibilidad de generar otros espacios de apropiación se están dando que nos permiten habilitar nuevas conversaciones sin desprestigiar la dimensión estética de la literatura? Las dimensiones estética y social de la literatura son más que un discurso en estos momentos. Y la lectura, como práctica sociocultural, lo confirma.

Publicado en La Prensa; 30 de mayo de 2020

sábado, 23 de mayo de 2020

Fragmentos de una despedida



Carlos Fong

Isis Tejeira (1936-2020)
Estos días de tedio y confinamiento se tornan más lúgubres y pesados cuando el solitario viento y la súbita lluvia te susurran que un amigo ha fallecido. Las nubes grises del invierno parecen traer el rumor de recuerdos lejanos que se desgajan como antiguas guirnaldas olvidadas para decirnos que la felicidad consiste en saber recibir y dejar ir los grandes momentos que compartimos con los seres queridos.

La amistad es más que una palabra. Eso me consta. Un día, hace algunos años, caminaba por los pasillos de la Escuela de Español de la Universidad de Panamá y pregunté por la profesora Isis Tejeira. Alguien me dijo que estaba muy enferma; sentí una tristeza comparada a cuando enfermó mi padre, pero no me atreví a ir a visitarla. No sé por qué. Supongo que nunca fui un buen amigo. Ahora me siento un fracasado en la empresa de la amistad y conservo con nostalgia la imagen de una mujer alegre que siempre decía las cosas con gracia incomparable. El lunes 18 de mayo murió Isis Tejeira.

Amigos, colegas y familiares han escrito sobre Isis y han hecho semblanzas que yo solo duplicaría torpemente. Bastaría con recordar que fue hija de Gil Blas Tejeira, el creador de la novela Pueblos perdidos; será suficiente con reafirmar su compromiso con la cultura y la educación y que también nos dejó una obra literaria de gran valor.

Isis Tejeira nos dejó una obra pequeña en volumen, pero grande en contenido. Su novela, Sin fecha fija, debería ser parte del canon de la literatura que deben leer los jóvenes. Es una historia que desde el inicio va a presentar a un personaje que atraviesa por una situación dramática existencial y que permite, por medio del monólogo interior, explorar la condición humana: “¡Vea la vaina! ¡Pasó lo que tanto temía! ¿Por qué no fui por la escalera? ¡He quedado atrapada! ¡Contra! ¡Qué país éste en que siempre se va la luz! Y no sé ni dónde está el timbre de alarma. ¡Qué oscuro está esto! Debí haberme fijado dónde estaba el timbre, me enseñaron a ser tan precavida, tan todo en su sitio, tan ordenada… y ahora...”, dice el personaje al inicio de la novela.

Desde las primeras líneas Isis nos va haciendo una radiografía de un país donde “siempre se va la luz”. Esa misma preocupación por lo existencial lo vamos a ver en sus cuentos Está linda la mar... y otros cuentos y El impostor: tratado sobre un milagro ausente.

Actriz, directora teatral, novelista, cuentista y profesora, a cada una de estas fases Isis le dedicó su amor y compromiso, por eso su sobrino, Felix Armando Quirós Tejeira, que también es escritor, brindó con estas palabras: “Por tí, que eras una y fuiste todas. Indoblegable madre coraje. Tejedora de los sueños de San Blando, que no tiene cuando, donde el dolor nos devora con la amenaza del vacío; pero con un guiño asomas desde el corazón y anuncias la imposibilidad de tu ausencia”.

De todos los textos que he leído en estos días sobre Isis, quisiera rescatar otros fragmentos como el de Isabel Victoria Turner, quien hizo un resumen de su trayectoria, pero selló con estas palabras: “…queda en el tintero lo más importante, su calidad de ser humano, de amante hija, de hermana, de atesorar un inmenso amor por la familia; su abierto corazón de amiga fraterna que nunca restó cariño y fidelidad a quienes acogió en su anchuroso corazón”. Y el poeta Porfirio Salazar dijo: “…hacedora de sueños, amiga, coraje del agua y de la escena, no estás muerta. Amiga aire, amiga pájaro, amiga copa que rebosa llena de esperanzas...”.

Otros colegas, como Rodolfo De Gracia Reynaldo, rescatan frases de Isis sobre la función del teatro: “No veo el teatro como un escape, no me gustan los escapes. Es un cambio. Es una forma de enviar mensajes, de comunicar situaciones, de hacer denuncias'. Y el periodista cultural Daniel Domínguez apunta: “La recuerdo siempre contenta y de un humor contagioso. Tenía esa alegría y esa picardía propia de los duendes. Siempre me incentivó a seguir en esto de contar historias desde el periodismo”.


Qué puedo yo decir de mi profesora Isis Tejeira que se compare con lo que han dicho sus mejores amigos, familiares, alumnos y colegas. Qué puedo decir yo que sea tan digno como la voz del poeta o el recuerdo del familiar herido. Tal vez solo darle las gracias póstumas por las palabras de aliento que me daba para seguir escribiendo y seguir trabajando por la cultura. Tal vez recordar esos dos lagos cristalinos que me miraban acompañados de una sonrisa y esa voz que decía palabras para hacerme reír y saber resistir; porque de eso se trata la vida, en saber resistir con coraje como Isis Tejeira supo vivir.

La Prensa, 22 de mayo de 2020

Sobre La loma de cristal de Ariel Barría Alvarado

Mirada de Nuchu lamenta profundamente la muerte de Ariel Barría Alvarado. A manera de homenaje recordamos su novela La loma de cristal con...