jueves, 5 de septiembre de 2013

El efecto espejo

Por Carlos Fong

Escribió Martin Gardner, el prestigioso filósofo de la ciencia, a propósito de Alicia a través del espejo, la obra de Lewis Carroll: “en un espejo…todos los objetos asimétricos van en dirección contraria”. Alicia contempla el mundo de los adultos desde una inversión de la realidad y así logra tolerarlo. La contemplación del mundo al revés, en la ficción de Carroll, es un elemento fantástico que permite posibilidades al personaje. Por otra parte, Eduardo Galeano, en su libro Patas arriba, la escuela del mundo al revés, dice con magistral ironía: “Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana”.

En la actualidad, en Panamá estamos viviendo el efecto del espejo de Alicia, con la única diferencia que no necesitamos atravesar como ella el espejo. Nuestra realidad es como una novela surrealista, con más elementos de corte fantástico que realistas. Los panameños también tenemos nuestro pequeño mundo al revés, sin la necesidad de espejos, armarios o agujeros mágicos que nos transporten a otro mundo, basta con observar la cotidianidad. Paisano panameño, camarada panameño, te invito a asomarte a la ventana y dar un vistazo.

En el mundo al revés panameño no necesitamos prisiones, porque la escuela, las instituciones, el barrio y el hogar son nuestras cárceles. En la escuela los estudiantes están presos en sus cuerpos y por un sistema autoritario; los servidores públicos laboran presos del miedo; los jóvenes están presos por la violencia en sus propias calles del barrio; y la familia está presa de la mediocridad de la TV y la batalla por el rating.  

En el mundo al revés panameño no se rinde tributo a Victoriano Lorenzo, ni a Bayano ni a Cémaco, pero se honra al “conquistador torvo”, en buenas palabras de Neruda, o a imágenes hieráticas, incluso a super estrellas de la farándula. En nuestro mundo al revés no necesitamos bibliotecas, ni museos ni cuenta-cuentos porque aquí la memoria, la identidad y la cultura no se come, ni se vende, es decir, no sirve para nada.

En el mundo al revés panameño no existen los pobres, ni los empleados mal pagados, ni el subempleo, porque, ya se sabe, somos el país más rico de la región. No se atreva usted a decir que vio a un pobre, porque todos somos ricos.  Aquí un paquetito de café, una micha de pan o un huevo no están caros y es por eso que nuestros niños van bien desayunados a la escuela y son superdotados, algunos, incluso hablan varias lenguas.  
En este país de los espejos todos somos muy felices; si no lo cree mire la fiesta que formamos todas las madrugadas para corretear un pirata o un metro bus que nos lleve al trabajo… es que somos tan felices, por eso de regreso a casa venimos soñando mientras dormimos, no es que estemos cansados, no. En el mundo al revés panameño los que roban miles de dólares o hectáreas de tierras o los que incendian muchachos recluidos no van a la cárcel; pero el que roba un mafa o una gallina va a la prisión con o sin condena y su rostro sale en la prensa, porque a este hereje del demonio hay que conocerlo para masacrarlo, joderlo, humillarlo y olvidarlo.

En el mundo al revés panameño no te mata el Aedes aegypti, ni una gripe mal cuidada, ni los diablos rojos (ya no); aquí te matan los hospitales, las medicinas, la tardanza, la negligencia, los sicarios y la basura;  hay veces que te matan desde la cuna para que no crezcas y te conviertas en escritor o cuenta cuentos. En el mundo al revés panameño no se tiene miedo a la tulivieja, ni a la silampa, ni a los duendes, ni al chivato; aquí se tiene miedo a la policía, al político corrupto y al jefe o jefa de la oficina de recursos humanos.

Paisano panameño, camarada panameño este es tu Panamá al revés. La mala noticia es que no estamos en un cuento como Alicia; la buena es que podemos imaginarlo al derecho como debería ser. Pero para eso tienes que asomarte a la ventana y decidir si quieres cambiar tu realidad o dejarla como está.


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