sábado, 14 de septiembre de 2019

Un camino posible para la lectura



Carlos Fong

La creación de un sistema eficiente de bibliotecas públicas, y de bibliotecas escolares óptimas y con programas monitoreados. La elaboración de contenidos y materiales para docentes, bibliotecarios y promotores de lectura. Los diagnósticos sobre el comportamiento lector. La articulación institucional e intersectorial. Los programas de rescate de la tradición oral, y de lectura para personas con discapacidad y equidad de género. La apropiación de espacios no convencionales para promover el libro y la lectura. El enfoque regional con énfasis en la atención a las comunidades indígenas, afro descendientes y poblaciones inmigrantes, privados de libertad y LGBT.
 
Estas son a penas algunas de las gestiones estatales que componen una política pública de lectura y que llevan a cabo algunos países de Iberoamérica a través de sus planes de lectura.

El VII Encuentro de la Red Iberoamericana de Responsables de Políticas y Planes de Lectura, que se realizó recientemente en Cusco, Perú, permitió crear un espacio para la discusión, la reflexión y el intercambio de experiencia en torno a las políticas, planes y estrategias que fortalecen el sector del libro y la lectura en la región.

En la conferencia "Panorama de los planes de lectura en Iberoamérica", que presentó Jeimy Hernández, coordinadora del área de Lectura y Bibliotecas del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, Panamá no salió bien parado, pese a que desde el 2007 tenemos un plan de lectura bien estructurado con los lineamientos de acción puntuales.

El problema de las políticas de lectura en nuestro país ya lo hemos planteado por escrito en varios trabajos de investigación que hemos publicado. Son muy parecidos a los que tienen otros países hermanos en la región: indiferencia de parte de las autoridades que toman las decisiones políticas, falta de recursos y poca o nula articulación intersectorial e institucional.

La reunión en Cusco permitió hacer muchas reflexiones y se realizó un taller para construir una agenda de cooperación sur-sur de RedPlanes. Los países con más problemas tuvieron la oportunidad de conocer cómo otros países como Chile (que hace a penas dos años tiene un Ministerio de Cultura) y Colombia, tienen planes de lectura dignos de envidiar. Esto lo han logrado porque sus gobiernos han insertado la importancia de la lectura en la agenda de Estado.

El plan de lectura de Chile, por ejemplo, está articulado con nueve instituciones, entre ellas el Ministerio de Desarrollo Social y los de Economía, Vivienda y Presidencia. En nuestro país no hemos logrado ni siquiera articularnos con Educación, porque cuando se piensa en términos de lectura se piensa que es un problema solo de educación. Tenemos esperanza de que el actual gobierno recupere las articulaciones que se hicieron hace quince años cuando nació el plan de lectura de Panamá.

Uno de los caminos posibles para recuperar la relación entre las prácticas socioculturales de lectura que vinculen a los sujetos, la ciudadanía y a todas las instituciones, es hacer una mirada desde la política que permita reconocer que la lectura es, sí, un derecho, pero un derecho que requiere posicionarse como una prioridad en la educación y la vida cotidiana de todos.

La Prensa, 14 septiembre, 2019. 


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