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sábado, 4 de noviembre de 2023

Del sentido de esperanza social

 

Carlos Fong

La Prensa, 04 de noviembre de 2023

En el libro El panameño, entre el malestar, la despreocupación y la esperanza, Octavio Tapia reflexiona sobre los problemas de nuestra sociedad moderna que se expresan en una serie de malestares como la descomposición del sentido ético, la degradación de los valores y el deterioro de las normas mínimas de convivencia que deviene, inevitablemente, en una condición de barbarie. Octavio Tapia analiza también los distintos sentidos de esperanza del ser panameño. La esperanza entendida en una primera instancia, como lo “aún no acontecido”, “lo aún no alcanzado” o “algo mejor por venir”. La esperanza como categoría de posibilidad existencial. Los seres humanos estamos constantemente “esperando”.

Sin la existencia de una idea de esperanza, una sociedad y un país, no pueden construir su porvenir, no pueden construir una idea de futuro promisorio, como tampoco le es posible construirlo en el plano individual”, escribe Tapia. “La idea de esperanza es condición indispensable para la experiencia histórica…”, añade. Esto está en sintonía con lo que Richard Rorty, uno de los pensadores contemporáneos más importantes del pragmatismo estadounidense, escribió en un ensayo titulado Sin sueños no hay esperanza, donde sostiene que sin esperanza no hay futuro, porque es necesario tener ideales y sueños que motiven acciones políticas.

El sentido de esperanza social y el sentido de esperanza política son de suma importancia. Me ayudo una vez más de Tapia: “… la esperanza social se convierte en la capacidad para crear, encaminar y racionalizar esfuerzos colectivos tendientes a la obtención de objetivos previamente establecidos”. Pero, aclara el autor que para que un proyecto de esa magnitud sea real se “requiere de referentes actitudinales, la voluntad sociopolítica, la decisión, la energía colectiva y una idea de progreso, que permitan encaminar con eficiencia nuevos proyectos de desarrollo social y humano”.

Mientras, el sentido de esperanza política está afectada por los modos en que se gestiona la administración pública a partir de la voluntad política, las decisiones y conductas que, regularmente y con mayor frecuencia, carecen de ejemplo ético y están más vinculadas a una gestión política partidista, improvisada y a espaldas de la población, lo que deviene en un malestar colectivo que impide la convivencia social y termina generando movimientos sociales de protesta, como el que estamos viviendo en la actualidad.

Algunos de los malestares que padece la sociedad panameña como el desempleo, la inseguridad, el empobrecimiento de la educación, el descuido de los servicios de salud pública, la desigualdad y la falta de gobernabilidad, entre otros, se deben a la falta de una gestión política eficiente provocada por la falta de liderazgo en nuestras instituciones. Otros, como la despreocupación, la intolerancia, la violencia, los prejuicios, la falta de pertenencia y empatía, la indiferencia, la apatía por el medio ambiente, el poco importa y el juega vivo, son condiciones individuales y colectivas de la población.

En el marco de los últimos acontecimientos, cabe hacer las preguntas: ¿se puede pensar en la recuperación de la esperanza social y política? ¿Hay una nueva esperanza social que posibilite la construcción de esperanzas colectivas en virtud de un orden social más humano, justo y equitativo que visualice un proyecto de Nación? ¿Existen nuevos sentidos de esperanza que nos están permitiendo pensar en el imaginario de país que queremos? ¿O estamos ante un racimo de pasiones efímeras que son una máscara para ocultar nuestros errores como pueblo?

Después de que pase la tormenta y de que hayamos ganado una lucha por nuestro patrimonio natural, ¿seremos capaces de apostar por nuevos procesos de convivencia? ¿Defenderemos con igual pasión la educación, la ciencia y la cultura para nuestros niños? ¿Seremos capaces de asumir la responsabilidad que nos toca como ciudadanos en nuestro microespacio social? ¿O volveremos cada quien a su burbuja individual, a su nicho narcisista donde disfrutamos del consumo egoísta mientras miramos para otro lado?

¿Acaso es culpa del político corrupto que atormentemos al vecino con la música estridente? ¿Es culpa del político que después de un partido de fútbol, un concierto, un desfile o un paseo en la playa, dejemos nuestra basura tirada sin ninguna preocupación por la naturaleza que ahora decimos defender? ¿Es culpable el político de que en las calles conduzcamos violando las normas de tránsito y que resolvamos nuestras diferencias a puñete? ¿Es culpa del político que en nuestras instituciones los servidores públicos atiendan con grosería o indiferencia al que va en busca de atención médica o de algún trámite?

La degradación del escenario político también es culpa de nosotros, porque no hemos sabido escoger ni exigir a los políticos nuestros derechos como colectivo. La mayoría de la población apuesta por una agenda egoísta y de esa actitud el mal político se alimenta. No hemos comprendido que nuestra verdadera pobreza no es material, es cultural. Por eso tenemos un país donde reina la despreocupación, la indiferencia, la incertidumbre, el egoísmo, el individualismo, los prejuicios, la exclusión y estos males empobrecen nuestro sentido de esperanza social.

sábado, 28 de octubre de 2023

Con la juventud se construye un nuevo relato

Carlos Fong

Desde las relaciones públicas de la minera se realizó una campaña por los medios que dice: “Con datos, se acaba el relato”. Con esta consigna se quiere dar a entender que los argumentos de los sectores que están en contra de la minería están basados en ficciones, en relatos o narraciones sin fundamento, frente a los datos de la minería que benefician a la población.

Sin embargo, hoy se escribe un nuevo relato en las calles. Es un relato de lucha y de resistencia. Es una narrativa que escriben los jóvenes con sus voces, con su valor y su coraje. Ellos, los jóvenes, los que siempre criticamos de muchas formas, son los que están en las calles de día defendiendo los derechos de todos.

Este relato que escriben los jóvenes hoy lo hacen desde distintas dimensiones de la ciudadanía.

La dimensión civil, que permite ejercer el derecho y deberes de los ciudadanos sustentada en la igualdad y la libertad; la dimensión política, que se basa en los derechos de asociación y de participación política para ser parte de las formas democráticas que permiten la toma de decisiones; una dimensión social, donde asisten los derechos y los deberes relacionados al derecho de justicia social y a la garantía de un nivel digno de vida; una dimensión cultural, donde las identidades, la pluralidad y la diversidad son parte del patrimonio cultural de una sociedad saludable que se expresa desde la multiculturalidad. Incluso, desde una dimensión económica que posibilita a los ciudadanos como sujetos responsables en las decisiones económicas que afectan a la sociedad.

Entonces, estamos ante una juventud que tiene claro sus derechos desde distintos espacios de reflexión y que tiene un concepto claro de la noción de soberanía; una palabra que parecía que habíamos conquistado, pero que vuelve a estar en riesgo porque la minería es otra forma de enclave colonial que atenta directamente contra el patrimonio natural. Estamos ante una juventud que reivindica el valor de la libertad y este no es un dato de ficción ni es mero romanticismo, sino una puntual y firme conciencia social y ambiental.

Si bien es cierto que las manifestaciones y protestas están conformadas por una población heterogénea, no es menos cierto que la juventud se ha destacado con una muestra de civismo que solo tiene un antecedente inmediato en el año de 1964, cuando la juventud salió a la calle a defender la soberanía nacional.
 

La juventud se construye desde diversas articulaciones de la realidad social, pero muchas veces no es escuchada, porque para algunos sectores los jóvenes no constituyen formas de participación colectiva y, en muchos sentidos culturales, sus voces no son tomadas en cuenta como debe ser por las instituciones oficiales.

Las identidades juveniles son construcciones históricamente situadas y significadas y la historia inmediata lo ha demostrado. Los jóvenes influyen y son influidos por procesos que expresan los cambios que viven nuestras sociedades y hoy día esos cambios afectan directamente sus vidas y por eso tienen el derecho de participación. Las juventudes son construcciones heterogéneas y lo hemos visto en las calles, son identidades vulnerables y al mismo tiempo con una fuerza capaz de resistir y validar sus derechos.

Las acciones de la juventud en el contexto de la discusión de la minería a cielo abierto construyen nuevos significados de ciudadanía y plantean la posibilidad de que retomemos el tema de la educación desde tres escenarios.

El primero es que debemos ampliar nuestra mirada de la formación en ciudadanía más allá de la educación en valores y empezar a educar en la formación en política. Es decir, la ciudadanía como expresión de lo político. Los jóvenes están demostrando que la conciencia política es vital en sociedades democráticas.

Otra mirada es la incorporación de metodologías y de estrategias para el reconocimiento de los verdaderos valores del desarrollo sostenible y poder educar para rescatar el diálogo con la naturaleza y salir del analfabetismo ambiental en el que estamos inmersos y del cual se valen empresas extranjeras para comprar el país y explotar sus recursos

La última mirada es rescatar una educación para el reconocimiento de la diversidad porque en la medida en que miremos la otredad y la pluridiversidad de identidades, podremos, desde las distintas colectividades, respetar el derecho de opiniones; sobre todo, a reconocer la participación del otro que, a la hora de la hora, es la mejor forma de que todos se sientan representados al momento de defender los mismos derechos.

En un estudio de varios autores titulado “Ciudadanía juvenil: una breve revisión”, se cita a Jorge Benedicto Millán: “Los jóvenes, por tanto, se hacen ciudadanos cuando irrumpen en la esfera pública, ejercen los derechos que van adquiriendo y reclaman su participación en la toma de decisiones colectivas; es decir, realizan una serie de prácticas que van dando forma a una peculiar experiencia cívica”. Tal vez esas experiencias cívicas de nuestra juventud se resumen en un dato que sí construye un relato: Panamá vale más sin minería.

La Prensa, 28 de octubre de 2023

sábado, 21 de octubre de 2023

Otra oportunidad para la lectura


 Carlos Fong

Últimamente, escucho hablar sobre la lectura. ¿Tal vez existe esperanza? Para el año 2008, el Foro Nacional del Libro y la Lectura de Panamá logró darle forma a lo que después sería el primer Plan Nacional de Lectura de Panamá. Para entonces se empezó con un buen pie y la asesoría profesional. El primer borrador del Plan Nacional de Lectura: Para leer Panamá nació el jueves 27 de diciembre de 2007 en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero. La historia de este documento, de gran importancia para el país, está llena de intrincadas peripecias. Desde el año 2005, cuando se celebró el Año Iberoamericano de Promoción de la Lectura, Panamá inició la búsqueda, igual que muchos países de la región, para contar con una política de lectura coherente con la realidad del país.

¿Qué ha sucedido en todo este tiempo que no ha permitido que la lectura sea política pública del país? ¿Qué fue destruyendo la esperanza de un Panamá lector? La respuesta es muy simple de resumir. Los sucesivos vaivenes de la política partidista, la falta de gobernanza y de institucionalidad, la poca o nula compresión del problema de la educación, la violación directa a la Constitución, entre otras cosas, han frenado y hasta han tratado de desaparecer un tema que es de vital importancia para la educación y la cultura. La historia inmediata nos cuenta un relato donde las políticas de lectura no han podido concretizarse como parte de un proyecto de país, porque no se ha entendido el sentido de una verdadera política de lectura y su relación con la educación.

Mucha agua ha corrido por este río que relata una historia de indiferencia y de falta de voluntad política, pero, sobre todo, de falta de interés de querer cerrar una de las brechas más importantes de la educación. También es una brecha social, porque tiene que ver con los derechos culturales de las personas. Es por eso que en los acuerdos del Pacto Agora uno de los principales lineamientos de la política fue implementar el Plan Nacional de Lectura, como marco general de programas institucionales que promuevan una sociedad lectora, pero el incumplimiento de la legislación, en primera instancia, que establece la asignación de fondos para el desarrollo y fortalecimiento de la cultura, y el presupuesto insuficiente que cada vez es menos para la cultura, no permiten que un tema tan importante sea tratado en serio.

Otra dificultad que históricamente encontramos los que trabajamos en procesos de gestión cultural desde la lectura, la escritura y la oralidad, es que nos ha tocado trabajar con la agenda de autoridades que perciben que el tema de la lectura es un problema de Meduca o que las acciones destinadas a fortalecer el hábito de la lectura consisten en condicionar la lectura y por eso crean programas basados sólo en la lógica de la competencia que parece ser la solución.

No parecen entender que para desarrollar una política de lectura que trascienda se necesita del desarrollo de acuerdos con acciones articuladas entre otras instituciones, porque el problema de la lectura, la escritura y la oralidad tiene solo sentido cuando va más allá de las aulas de clases, porque estamos ante un ecosistema donde leer, hablar y escribir bien son condiciones imprescindibles en una sociedad democrática que reconoce los derechos de los ciudadanos a partir de su educación. 

Otro problema que parece mermar las condiciones para crear una política de lectura es desconocer cómo favorece el desarrollo sostenible. Existen estudios, como el elaborado por el Laboratorio Contemporáneo de Fomento de la Lectura, que hacen una exposición sobre la lectura y los ODS, donde podemos leer: “La lectura no debe contemplarse exclusivamente como una práctica cultural que transforma la vida de las personas o que se relaciona con ciertos servicios públicos, sino también como la materia prima en torno a la cual operan industrias creativas e instituciones y servicios culturales que constituyen un recurso notable para generar medios de subsistencia y generación de valor añadido en la economía de cada país”.

Esto es así porque la lectura es una herramienta multiuso dentro del ecosistema de la sociedad. La lectura está implícita en todo el universo como instrumento básico de comunicación. Desde centros formativos, instituciones, organizaciones, industrias creativas, nuevas tecnologías, sector empresarial, la lectura es un ente sistemático que genera valor en el sistema económico y político. Porque para ser un verdadero ciudadano productivo, con aspiraciones de superación y deseos de defender la libertad, se requiere robustecer la conciencia y tener compromisos que no se comprenden ni se ejercen si no se sabe leer y escribir.

Es cierto que existen muchas maneras de garantizar la libertad y el ejercicio de la democracia, pero sin duda alguna uno de ellos es vivir en sociedades lectoras. Una sociedad lectora no quiere decir que todas las personas sean súper lectores o que tengan bibliotecas en su casa. Basta con que los ciudadanos tengan acceso a una educación de calidad, que tengan bibliotecas dignas y acceso a la información y, sobre todo, que sepan leer y escribir bien. Para eso se requiere de políticas culturales de lectura articuladas y verdaderamente gestionadas que fortalezcan el verdadero desarrollo. Estamos ante una nueva oportunidad para la lectura y no la podemos perder.

La Prensa, 21 de octubre 2023

viernes, 13 de octubre de 2023

Rogelio Guerra Ávila: modelo para narrar la identidad

 

Rogelio Guerra Ávila

La XLVI Semana de la Literatura Panameña, Rodrigo Miró Grimaldo, que organiza el Departamento y Escuela de Español de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, dedicó un espacio al estudio de la obra del escritor Rogelio Guerra Ávila. Desde nuestra mirada, este autor es el más representativo de su generación que ha trabajado la novela de corte histórico.


La obra de Rogelio Guerra Ávila tiene rasgos que representan la realidad de una panameñidad que a su vez redefine la identidad cultural, además de que se enmarca dentro de un nuevo modelo de la novela histórica que se ha venido escribiendo en Centroamérica y que a la vez se inscribe en una tendencia de la novela hispanoamericana.

Su narrativa se caracteriza por una serie de elementos decisivos que enfatizan puntualmente las tensiones y las crisis de la vida social y cultural de momentos históricos de la vida cotidiana; además de que intenta reconstruir y reivindicar desde lo novelesco las relaciones del ser panameño con la naturaleza y la cultura.

 Este significado antropológico es lo que Milán Kundera ha llamado una situación histórica existencial reveladora; donde la historia es comprendida a través de circunstancias existenciales que le devuelven al sujeto-lector la dimensión moral de la historia.

Rogelio Guerra Ávila nació el 21 de septiembre de 1963. Es sin duda el escritor más premiado en el género prosa de su generación. Basta con revisar su bibliografía. Ha publicado cuentos en las revistas Maga y Umbral. Tiene dos libros de cuentos: Lo que me dijo el silencio y El suicidio de las rosas. Tiene siete novelas, todas premiadas: Cuando perecen las ruinas, su primera novela (1991), El largo camino de regreso (2003), La puerta de arriba (2017), Una corona con cantáridas (2018), La muerte sin pensar en ella (2018), Reina de todos los santos (2018) y La miscelánea (2023).

La novela Cuando perecen las ruinas (1991) expone de forma representativa el desalojo del área del río Chagres y es un aporte histórico desde la literatura que busca reflejar el drama humano frente a la naturaleza.

Una corona con cantáridas (2018) está enmarcada en el escenario histórico de la invasión norteamericana a Panamá en 1989. La historia recrea el drama familiar con un manejo de los tiempos, que es la cualidad de los recursos utilizados por Rogelio.

vela Reina de todos los santos (2018), nuevamente Rogelio logra crear un relato con escenarios creíbles con contenido histórico interesante con una prosa brillante y expresiva. En ella se mezclan elementos contemporáneos y antiguos que permiten introducir el contexto histórico y geográfico de Panamá y Colombia. La intriga episódica, el drama rural y los elementos étnicos favorecen el relato y el tema de la novela.

En La muerte sin pensar en ella (2018), otra vez el autor logra introducir un marco histórico que explora la realidad geográfica del país de forma novedosa. Una mujer, Madolia Cundumí, supuestamente ha muerto y sus funerales se celebran en el marco de la guerra a finales del siglo XIX. La novela nos introduce desde un momento casi místico y mágico, pasajes de nuestra historia inmediata de forma estratégica. En La puerta de arriba, el novelista introduce los temas paranomales como un medio para jugar con el tiempo y los espacios. Lo fantástico y lo sobrenatural se relacionan con una misteriosa puerta en una vieja casa y señorial.

La miscelánea es una mirada imaginaria de Rufina Alfaro, un personaje insigne de la gesta de la independencia. El autor recrea una invención de la historia del personaje y la revista, La miscelánea, es solo una propuesta de cómo pudo ser su vida.

El largo camino de regreso, su mejor novela para nosotros, la virtud especial es la estrategia textual utilizada por el autor. De lo primero que se vale es del uso de la periodización del tiempo: la obra empieza temporalmente en 1987, luego se traslada a 1920, en seguida a 1921 y después a 1991, y finalmente termina en 1989. 

En la novela también encontramos circunstancias existenciales históricas a través de los códigos de los personajes: qué es la esperanza, el arte, el yo, el otro, la fiesta, el sueño, el miedo, el sexo, el humor, el destino... Asistimos a una novela donde la realidad histórica es representada desde una complejidad y problemática de sentido, de esclarecimiento a través de la nostalgia. 

En la obra se aborda el tema de la identidad que se sintetiza en una problemática y las preocupaciones de un ser panameño ambivalente y contradictorio. La parodia, la ironía, la trasgresión y la sátira son recursos para distorsionar la realidad histórica sin oscurecer, lo que tampoco significa aceptarla. Rogelio Guerra Ávila es un artista de la palabra, un creador de ficciones y un modelo para narrar la identidad.

La Prensa, 14 de octubre del 2023

sábado, 16 de septiembre de 2023

Vuelve la patria defendida (parte 2)


Carlos Fong

La Prensa 16 de septiembre de 2023

 

Castro, en El agua entre los mares, un libro que es referente imprescindible para comprender la historia ambiental, además de una propuesta para una estrategia de modelo de desarrollo sostenible, en el primer capítulo con el título “Sostenible por lo humano”, en el primer artículo “Gerencia, historia y poesía.

Las humanidades en la gestión del desarrollo sostenible”, sostiene que una de las misiones de la poesía es promover a un ser humano capaz de ser “sosteniblemente humano”, es decir, capaz de gestionar nuevas relaciones de convivencia con la naturaleza y con el semejante.

La metáfora, nos explica el maestro Castro, como figura poética, posee una especial capacidad para aludir con “especial capacidad comunicativa a aquellos factores de incertidumbre que nutren las situaciones de malestar en la cultura”. Es decir, el lenguaje poético desempeña un importante papel en la gestión del conocimiento. La poesía facilita el camino de la comprensión de los procesos y transiciones de los cambios culturales de la naturaleza.

El lenguaje metafórico forma parte de la historia de la naturaleza del país que somos y tiene su referente inmediato en la poesía. El lenguaje de la poesía permite visualizar las modificaciones y evolución del paisaje natural. Por eso, Guillermo Castro cita a Antonio Gramsci: “...el lenguaje es una cosa viva y al mismo tiempo un museo de fósiles de una vida pasada”.

¿Puede enseñarnos la poesía cómo esclarecer la relación que existe entre la naturaleza y los graves problemas que la afectan? La poesía es una forma de conocimiento que sirve para organizar y gestionar los problemas que plantea el desarrollo sostenible, porque ayuda a comprender la importancia de la historia ambiental de nuestro país. En el marco de la discusión del tema de la minería, la poesía tiene un papel relevante en la comprensión del problema ambiental.

Desde el lenguaje literario podemos intuir señales para una ética ecológica. Una ética y una política ecológica que nos ayude a detener el deterioro ambiental y a construir un verdadero desarrollo sostenible. Dice Guillermo Castro que “los problemas ambientales que padece hoy nuestra especie no son de origen natural, sino cultural”. Lo que probablemente significa que es en la cultura donde también están las respuestas a este desastre.

La historia del paisaje queda registrada en la literatura. Pensemos en el tema del agua. La devoción por el agua es una constante en la poesía panameña que podría ser el intento de un relato hídrico de nuestra memoria. Pienso así, porque es muy difícil, en estos momentos, pese a los avances de la biotecnología y la infotecnología, saber el futuro que le espera a la humanidad si seguimos dañando los recursos hídricos, pero podemos tener un registro de cómo era nuestra naturaleza en el pasado.

A qué hacen referencia estos versos de Enrique Geenzier: “Eres bella cuando ruges, /eres bella cuando saltas, / eres bella cuando lloras/ y eres bella cuando cantas”. O cuando Ester María Oses escribe: “¡De tus sueños nací, cristal despierto!” O cuando Homero Icaza Sánchez dice: “Yo grabé tu figura/en una gota de agua”. El agua, como la patria, es bella, pero sin contaminación.

La patria es la naturaleza, la biodiversidad, el paisaje, la tierra, el ecosistema. Como el vientre de la madre, la vida solo germina en un territorio sin contaminación. La poesía nos exhorta a construir un ambiente saludable y vivir en una sociedad con el líquido amniótico sano.

José Franco nos habla del destino de un río vigoroso: “Allí junto al barranco murió el río / como camino viejo abandonado”. Hercilia Ramos de Argote se pregunta con mirada de niño: “¿Por qué tan contento corres, / de dónde vienes buen río / con tus aguas cristalinas / y tu plácido albedrío?” Mientras que Sonia Ehlers, advierte la posibilidad de otro destino del agua porque la patria sangra: “Patria herida/ quiero ver el resplandor de tu verde / bajo una corriente de cristales / deslizarse hacia el mar…”

Esta misma actitud hacia el agua, esa poesía que retrata los elementos sanos de la naturaleza, la vamos a encontrar en toda la poesía que tiene ese vínculo con el medio ambiente. Cuando María Olimpia De Obaldía dice: “donde la brisa es fresca... / donde la calle es de hierba/ que cruje cuando pisamos...” O exclama: “en el campo todo ríe”, es porque existe una relación estrecha con la naturaleza porque allí: “retoza la vida”, pero también puede reposar la muerte.

La disyuntiva que podemos encontrar en la literatura, en la data de los relatos y poemas de la cultura, puede contener los componentes necesarios para construir un nuevo diálogo con la naturaleza y plantear un nuevo sistema de una sociedad más amigable con el ambiente.

Nos puede ayudar a entender que le hemos fallado a la naturaleza. Si trabajamos en tomar mejores decisiones, lejos de la codicia y la destrucción, tal vez podamos decir como Stella Sierra: “Exhala el campo místicos olores…” O, por el contrario, lamentarnos como Julio Yao: “Bello vergel que hoy añoro”.

 

sábado, 9 de septiembre de 2023

Vuelve la patria defendida (parte 1)

Carlos Fong

La Prensa, 09 de septiembre de 2023

 

Víctor Fernández Cañizales, en su libro La Patria en la lírica istmeña (1971), cita el libro de Gil Blas Tejeira, Campiña interiorana (1956), donde el autor hace una descripción del paisaje coclesano con admirables pinceladas. Además, se hace alusión a un soldado español que, embelesado por la naturaleza coclesana, escribe, tal vez en alguna crónica que se pierde en el tiempo, sobre los extensos llanos, donde la tierra es “... muy sana e muy talentosa e fresca, así en invierno como en verano...” Un paisaje, dice en su estudio Víctor Cañizales, que “invita al sosiego y a la meditación; mientras que las aguas cristalinas de los ríos generosos hacen apropiada la atmósfera para dar a sus habitantes un temperamento contemplativo y amable”.

Es seguro que estas descripciones de los “llanos sanos y frescos” de “aguas cristalinas de los ríos” de Coclé, si volvieran a ser tema de la mirada de los poetas, no imprimirían con el mismo aire entusiasta la descripción de la realidad actual.

La literatura, su poesía y su prosa, no se presenta ni nace del espíritu aislado y lejos de la realidad. La literatura no es producto de la imaginación que solo evoca ilusiones y fantasías. La literatura es un viaje y un largo camino de manifestaciones existenciales centradas en la realidad. Desde la expresión poética, el arte es también una propuesta que ayuda a entender la realidad y a pensarla desde su problemática histórica y social.

Cañizales también nos recuerda que Elsie Alvarado de Ricord apuntó en su ensayo El sentimiento patriótico en la poesía panameña (1961), que la auténtica verdad de la literatura se nutre de las circunstancias históricas. En la actualidad, la literatura nacional vuelve a cumplir su misión de orientar los elementos que condicionan a las personas como sujetos de derechos y de libertad. Parece que la palabra patria vuelve a ser la musa que levanta orgullosa el pabellón. 

Cuando la mayoría de los panameños piensa que el tema patriótico estaba agotado al despedirse la última bota yanqui con la reversión del Canal, nos damos cuenta de que los versos sellados por Jerónimo de la Ossa en nuestro himno: “Es preciso cubrir con un velo/ el pasado, el calvario y la cruz”, versos que significan confianza en el porvenir, que evocan progreso y bienestar, no aseguran del todo la confianza en el futuro y que el porvenir siempre estará amenazado por otras formas de colonización.

Este tipo de literatura ha quedado resguardada en numerosos estudios como el de Víctor Fernández Cañizales y el de Elsie Alvarado de Ricord que he citado al inicio, pero también estudiosos de la literatura nacional como Rodrigo Miró, Octavio Méndez Pereira, Isaías García, Ismael García, Carlos Manuel Gasteazoro, Alfredo Figueroa Navarro, Margarita Vásquez, Damaris Serrano y Melquíades Villarreal, entre muchos otros, han aportado con sus reflexiones a la realidad. Desde la literatura, autores como Ricardo Miró, Gil Colunje, Demetrio Herrera Sevillano, Carlos Francisco Changmarín, José Franco, Pedro Rivera, Dimas Lidio Pitti, Mario Augusto Rodríguez, Diana Morán y Moravia Ochoa, por citar solo un racimo de ellos; el parnaso literario panameño es amplio. 

Desde las ciencias sociales como la sociología, la historia, los estudios jurídicos y la antropología, también muchos autores como Diógenes De la Rosa, Ricardo J. Alfaro, Justo Arosemena, Ernesto Castillero Reyes, Omar Jaén Suarez, Octavio Tapia, Alberto Osorio, Richard Cooke y Olmedo Beluche, entre muchos más, se ha contribuido de manera sistemática a construir una visión de país desde sus distintas problemáticas nacionales.

La actual polémica sobre la minería en Panamá nos remite, nuevamente, a una literatura que defiende a la tierra de nuevos opresores. Ya no es la presencia yanqui (que aún vaga en sombras con otras presencias), sino la explotación directa de la naturaleza. En el caso de la poesía, es una literatura que nos evoca versos como este de Gil Colunje: “Aún me parece que te miro esclava, / aherrojada entre grillos y cadenas”. O como Pedro Rivera alude en estos versos: “…y he visto la tierra mía / abrir su pétalo herido”. Es una tierra que no termina de sangrar.

Recientemente, leímos un poema de Changmarín publicado en 2010: “Nos quieren robar el cobre, / la tierra y la serranía, / el cielo y la casa mía / y todo lo que nos sobre. / Y solo por ser tan pobre/ el rico nos recrimina / y quiere el agua, la mina,/ el sol, la luz y la luna. /Pero no tendrá ninguna / pues nuestro pueblo camina”. Ya en 1975, el poeta santiagueño escribía una décima aún más puntual y con poder visionario: “Ojo al recurso minero: / al cobre, el oro, la plata.../ Que no se meta la pata /en asunto tan primero. / La garra del extranjero / de manejo colonial, / no sólo mira el Canal; / ve también la minería / y en esto, de noche y día / hay que ser un buen fiscal”.

No demorarán demasiado otros poetas y narradores para renacer y crear una literatura que, como acordes musicales, se compone con laureles de sangre y valentía para defender un país que parece no librarse del todo de sus cautiverios. El amor a la patria se defiende desde el campo y las calles y con sus versos.

sábado, 1 de julio de 2023

El diablo no está en las pantallas

Carlos Fong

La Prensa, 1 de julio de 2023

Semanas atrás, estuvo circulando por las redes sociales un video de Pablo Muñoz Iturrieta, donde comunicaba la noticia, según la cual, la ministra de Educación de Suecia, Lotta Edhol, eliminó el plan de digitalización de las escuelas para volver a los libros de texto. Según el señor Iturrieta, esta decisión del gobierno del país escandinavo es correcta, porque las pantallas están creando una generación de “alfabetos funcionales” (me imagino que quiso decir “analfabetas funcionales”), que no comprenden lo que leen, no retienen, no prestan atención y no son creativos.

El video, como una fatwa islámica, sin evidencia científica, sataniza la tecnología, además de que tergiversa la noticia. En realidad, “...la ministra devolvió el documento a la Agencia Nacional y pidió la opinión de cerca de 60 organismos dedicados a la investigación en diferentes campos. Uno de ellos es el Instituto Karolinska, dedicado en parte al estudio de neurodesarrollo”, dice El Diario de la Educación, un medio de comunicación de España.

La falta de conocimiento del problema de la lectura lleva a muchos a pensar que es la tecnología la culpable de que los niños no sepan leer ni escribir; argumento que ha estimulado las hipótesis enardecidas de fanáticos que crean fricciones entre la cultura impresa y la digital. Volvemos, en cierta forma, a la época medieval, cuando el libro se convirtió en un enemigo tecnológico de la memoria y el conocimiento.

No es saludable poner en conflicto al libro y las pantallas. Reconocemos que existen estudios de la neurociencia que han demostrado que el uso de celulares a temprana edad afecta el desarrollo de la comprensión lectora en los niños; pero también sabemos que los recursos tecnológicos son soportes que pueden fomentar ciertos procesos de aprendizaje, si son bien usados. Al final, todos los extremos son malos.

Antes de mirar lo que pasa en Europa, miremos el panorama real de nuestro país. Un país que no ha atendido las políticas de lectura ni su plan de lectura; un país con bibliotecas públicas y escolares en estado de abandono; un país donde las bibliotecas terminan en cerro Patacón; un país donde se invierte millones en libros sin saber qué hacer con ellos.

El problema de la lectura y la escritura en Panamá es un arrastre que tiene muchos años y no se origina ni por la carencia ni por el avance de la tecnología. De hecho, la mayoría de los niños no tiene pantallas inteligentes en las aulas (con suerte tiene electricidad) y vive en contextos de pobreza donde la brecha digital es pan de cada día. El problema podría ser, más allá de la forma de enseñar a leer, es decir, de enseñar a decodificar, es que para los niños leer no es objeto de deseo y esto se debe por la simple razón de que no entienden lo que leen; nadie disfruta algo que no le hace sentido. Si leer un libro es un acto sumamente complejo, ¿leer en pantallas lo hará más fácil? No.

Daniel Cassany, autor del libro En-línea. Leer y escribir en la red, obra que parece necesaria leer en este momento, plantea que necesitamos trabajar constructivamente en la era digital y entender cómo aprender de forma competente y eficaz en medio de una encrucijada que estamos viviendo. Acceder a la información, no es lo mismo que comprender. La lectura es una actividad de comprensión significativa que es más difícil de lo que se piensa. Entonces, se trata de aprender a leer en el marco de las nuevas prácticas de lectura y entender los contenidos de lectura digital y saber usarlos de manera crítica.

En el estudio El mito del nativo digital: ¿Por qué necesitan libros?, que se puede consultar en línea en el dosier Lectura en papel & lectura en pantalla, Hildegunn Stole, docente asociada del Centro Nacional de Educación e Investigación en Lectura de la Universidad de Stavanger, Noruega, nos dice: “No hay razón para que la lectura de libros no se siga fomentando en la escuela, junto con el empleo didácticamente eficaz de los medios digitales”. Tenemos que inventar e invertir en escenarios de lectura con libros, tecnología y programas que involucren a la comunidad; seguir investigando para mejorar la enseñanza, y prestar atención a la conciencia fonológica y la oralidad. No mostrar un crucifijo a las pantallas.

Voy a cerrar citando el final del artículo “Pantallas y comprensión lectora”, de Héctor Ruiz Martín, director de la International Science Teaching Foundation, publicado en El Periódico de España: “Ante esta complejidad, lo importante sería rogar que analicemos el problema de manera sosegada para identificar sus causas [su importancia lo merece] y, si es posible, procurar no dar más bandazos en educación. Ni la tecnología educativa es la panacea, ni tampoco es funesta. Y si para huir del abuso caemos en el desuso, nos estaremos perdiendo lo que puede aportar, en especial en los niveles educativos de secundaria y superiores. En una cuestión tan compleja como es la educación, la respuesta no suele estar en los extremos ni en las simplificaciones”.

sábado, 17 de junio de 2023

La línea del destino de Alexander Bermúdez

  Carlos Fong

La línea del destino es el primer libro de cuentos de Alexander Jair Bermúdez, con el que mereció el Premio Nacional de Cuento José María Sánchez 2021. Con un puñado de siete cuentos, Bermúdez logra elaborar una propuesta que dialoga con una realidad compleja y enigmática por medio de personajes que atraviesan situaciones contradictorias.


 En el cuento que le da título al libro, La línea del destino, nos encontramos con una situación dramática en la cual el personaje se debate con una doble realidad, donde el tiempo parece ser un factor alienante subordinado a la condición existencial del protagonista que intenta escapar de una realidad trágica: “Muevo esa línea temporal porque todo pasa al mismo tiempo, presente, pasado y futuro…”, el narrador protagonista oscila entre varias realidades a través del tiempo.

 En ¿Quién mató a Bartolomé Hamsa?, el relato más largo del libro, Bermúdez, desde la voz del narrador, hace alarde de su habilidad como cronista de boxeo, al mismo tiempo que nos presenta la condición existencial por la que atraviesa el personaje: “Faltando cuarenta segundos para que concluya la ronda, el tercer hombre en el entarimado interviene y coloca sus manos sobre los hombros de Hamsa. El rostro del púgil reacciona presintiendo lo peor (…)”. El cuento culmina con una serie de preguntas que deja con cierta culpa, incluso al lector.

 Con La Habana, sin pecado concebida, Bermúdez nos adentra en el complejo mundo del espionaje, con una acción llena de peligrosa intriga que al final devendrá en una patología psicológica que deja un final inesperado. El relato está lleno de tensión amenazante y se desarrolla en Cuba. “El agente Schmidt lleva una nanomemoria en su dedo índice en la que está archivada toda la data de una investigación de más de dos años de seguimiento a empresas pantalla con sede en Panamá, que el régimen utiliza para mover fondos y capear el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos”.

 El jabón es un mini cuento de apenas 135 palabras que, en dos párrafos, retrata un escenario erótico cuyo clímax se intensifica de manera espontánea, creando personajes que buscan la liberación del tedio rutinario desde el sexo. Los personajes, cómplices de una tarde llena de relaciones sexuales casi descarriadas, finalmente deciden bañarse juntos un espacio muy pequeño, pero el destino los lleva a olvidarse de la rutina para darle rienda suelta al amor. El cuento logra matizar una escena erótica e insinuante, donde las identidades de los personajes no hacen falta.

 En Primera plana, Julio y Manuel son dos personajes que recrean peripecias para lograr una escena y poder obtener la primera plana en un medio de comunicación; seguramente un tabloide amarillista sensacionalista que busca tener una audiencia cautiva a costa del morbo, porque, dice el narrador: “Ya a nadie sorprendía una gallina con tres patas o un niño intoxicado accidentalmente”.

 Es un cuento que denuncia la falta de ética de algunos periodistas de crónicas, que se valen de cualquier cosa para alterar de forma hiperbólica la realidad para crear lo que hoy día es un fake new: “Siempre resultaba difícil lograr el ángulo preciso para maquillar bien el montaje y hacerlo verosímil, y aquel balance era cada vez más esquivo en cada nueva representación”. Hasta que un día las cosas no salen bien para uno de los personajes que es víctima de su propia falsa realidad.

 Los amigos de Luis es la una historia perturbadora de una mujer de “rostro hermoso y frágil” que acaba de perder a su marido. Estamos frente a un caso de acoso desde los abusos del poder arbitrario. Estos hombres misteriosos son los que han asesinado al esposo de la mujer, que ahora es rodeada por ellos y le ofrecen cuidarla, darle todo lo que necesita y amarla en lugar de su difunto esposo. La belleza de la mujer los ha llevado a cometer el crimen. “Divina, al mirarlos, tuvo la certidumbre de que un acontecimiento ya esperado se concretaba delante de ella”. Lo más perturbador e inquietante del relato es que la mujer se doblega ante ellos por una especie de oportunismo macabro.

 El cuento que cierra el libro se llama Una mañana en Las tres Marías. Es una historia que retrata cómo los medios de comunicación se aprovechan de la miseria humana para ganar rating. Un equipo de producción llega a una comunidad vulnerable para llevar muchos regalos a una familia. Pero, ¿no le emocionan todos estos regalos? ¿Cómo va a ser su vida de ahora en adelante?, pregunta una periodista. “Creo que mejor, pero igual de pobre”, es la respuesta de un miembro de la familia.

 El final del cuento es contundente: “La casa ahora estaba llena de objetos, inimaginables para todos. Algunos, ni siquiera sabían cómo funcionaban, pero tenían la esperanza de aprender a usarlos una vez llegase la luz eléctrica al pueblo”. Con La línea del destino, su primer libro, Alexander Bermúdez logra pasar su primer round en la literatura panameña.

La Prensa, 17 de junio de 2023


Alexander Jair Bermúdez


Alexander Bermúdez

Alexander J. Bermúdez nace en la ciudad de Panamá, el 6 de noviembre de 1972. Estudió periodismo en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá entre los años 1992 y 1996. Fue parte de una de las más sobresalientes generaciones de periodistas formada en dicha facultad. En 1995 fue escogido como Representante Estudiantil suplente de su facultad ante el Consejo General Universitario, máximo organismo rector de esa casa de estudios superiores.

En 1995, obtiene mención honorífica el Premio de Cuento Darío Herrera, convocado por la Universidad de Panamá para estimular la producción literaria entre su estudiantado. Desde el segundo semestre de la carrera de periodismo comenzó a ejercer en medios de comunicación la profesión que había iniciado a estudiar, dando señales de un notable talento. En 1995, durante su práctica profesional en el diario La Prensa, recibe la oportunidad de formar parte de los colaboradores permanentes de la Unidad Investigativa, la cual era dirigida por el también escritor y periodista, Herasto Reyes.

En diciembre de ese mismo año recibe de parte de Jhonny Duque Mcnamara una oportunidad laboral para formar parte de un nuevo proyecto editorial que se llamó El Universal de Panamá, en el que fue inicialmente contratado para conformar una Unidad Investigativa en dicho nuevo diario y, más tarde, se le abrirían una serie de posibilidades que le permitieron aprender todas las áreas editoriales de un medio de comunicación impreso.

En 1997 crea y dirige la primera sección cultural del diario: la sección dominical Ventana al Universo, con la que comienza a darle cobertura al interesante movimiento cultural que se gestó en Panamá durante las postrimerías de la década del 90 y a la vez, permitiendo a los lectores acceder a información variada y relevante del arte y la cultura universal.

En 1998, la dirección del medio accede a la creación de una separata cultural de edición dominical que se llamó Tragaluz, de la que fue su primer editor durante la época dorada de dicha publicación y del periodismo cultural, en general.

A este esfuerzo editorial se sumó un grupo de escritores que se convirtieron en sus principales colaboradores ad honoren, brillantes plumas de la época, entre los que destacan Juan Antonio Gómez, Felix Armando Quirós Tejeira, Luis Fuentes Montenegro, José Carr, Manuel Orestes Nieto, Pedro Rivera y muchos otros. En pocos números, dicha publicación se convirtió en un referente artístico y en un espacio de fomento y homenaje al artista nacional, que otras publicaciones similares de la época negaban.

Su inesperada salida de Tragaluz marcó un cisma a lo interno del mundillo cultural local e inició el declive del semanario, que poco a poco fue perdiendo relevancia y el sitial que había ganado en sus primeros 30 números.

Durante ese mismo periodo fue escogido por la UNESCO para representar en un libro patrocinado por la ONU un artículo que describiera las Prácticas Ejemplarizantes de Cultura de Paz en Panamá, entre una decena de profesionales de la pluma y catedráticos universitarios.

En 1999 comienza a ejercer el periodismo fuera de las fronteras de su país, siendo el primer corresponsal de la revista centroamericana Estrategia & Negocios, en la que inició su periodo de vida profesional ligada a la cobertura de hechos financieros, económicos y comerciales. Durante esa etapa, última de su carrera como periodista, fue corresponsal o reportero de publicaciones como Terra.com, Capital Financiero, Martes Financiero e Inforpress, con sede en Guatemala.

En el 2003 funda la agencia de comunicaciones Enlace: Prensa & Comunicación, en la que se ha desenvuelto como gerente general, desde entonces. En esta empresa ha sido copywriter de cientos de sitios web, publicaciones comerciales, anuncios publicitarios y campañas masivas de marketing digital.

En 2021, su libro, La línea del destino, resulta premiado por el jurado del Concurso Nacional de Cuento José María Sánchez, entre 18 obras participantes El libro fue escogido de forma unánime, por su estructura narrativa.

La línea del destino es su primer libro de literatura


sábado, 10 de junio de 2023

El derecho a leer en primera infancia

Hay algo esencial que debe ser abordado y aprovechado en los primeros años de la vida de un niño que es tan importante como otras cosas a las que también tiene derecho. Es el universo de la literatura infantil.

La lectura de cuentos y poesía en la primera infancia, aparte de ser un derecho, es una de las formas de felicidad que deja una huella en la vida de los niños.

Tal vez no hay nada más tierno y significativo como leer un cuento a un niño. Es tan sustancial como la nutrición que le da salud al cuerpo. Es tan importante como el juego que también aporta felicidad, imaginación, gozo e ilusión a la vida cotidiana en la infancia. Está demostrado que las emociones que descubre el niño a la hora de jugar lo ayudan a responder emocionalmente con creatividad frente a distintas situaciones de la realidad.

De la misma forma, la lectura es una experiencia lúdica que lleva al niño a responder desde la imaginación y a comprender el mundo que lo rodea. La influencia positiva que la lectura ejerce sobre la subjetividad del niño lo prepara para socializar de forma natural y lo blinda emocionalmente.

Es importante que el padre de familia entienda que la lectura de cuentos y poesía en los primeros años no solo es vital para acercar al niño a nuevos aprendizajes, sino que es la base para el desarrollo personal y la configuración del mundo que lo rodea.

Un “había una vez…” es una puerta que se abre y le permite al niño relacionarse con el mundo, le deja mirar la complejidad de la vida, porque la literatura infantil no solo transmite conocimientos, sino que favorece la construcción de la subjetividad para tener una idea más diversa de las cosas, al mismo tiempo que lo prepara para ser ciudadano.

Sin embargo, en la familia, que es el espacio indispensable para incentivar la lectura en los años iniciales, muchas veces, por condiciones de desventaja económica, no hay libros de literatura. Esta carencia, en particular, dentro de la familia, constituye algo que a veces perjudica el desempeño del desarrollo infantil.

Los primeros mediadores de lectura en la vida de los niños son sus padres y si ellos no tienen cómo comprar un buen libro, le están mutilando uno de los principales derechos a sus hijos y, además, impide un encuentro necesario para el desarrollo del pensamiento creativo y el imaginario infantil. 

Es verdad que en muchas familias de bajos recursos los padres pueden comprar al menos un libro, pero prefieren gastar el dinero en otras cosas que no representan el mejor ejemplo para estimular el pensamiento.

Esto es una realidad de nuestro país. Pero tampoco existen políticas de cultura desde la lectura que atiendan a la primera infancia y que sirvan para sensibilizar a las familias en sus comunidades sobre la importancia de la cultura del libro.

¿Cómo propiciar un encuentro con la lectura y la familia? Más allá del momento escolar que aguarda al niño, ¿qué se puede hacer para que la familia participe en los procesos democráticos de la lectura? ¿Qué espacios se pueden construir y preparar para darle el derecho de leer a los niños. 

En el escenario político que ya podemos ver que viene con discursos que se edifican con palabras clave como educación, pobreza, salud, etc., es vital que le reclamemos a los candidatos el compromiso de gestionar recursos para proyectos y programas de acercamiento a la lectura destinados a la primera infancia.

La apropiación de la lectura como un derecho, como práctica sociocultural y funcional, significa que los niños tienen derecho a la cultura de la lectura desde el hogar, desde sus bibliotecas públicas y escolares, y cualquier otro espacio como las ludotecas o bebetecas, que no existen en Panamá, y programas que dejan huellas indelebles en los niños.

Programas de acercamiento a la lectura desde la primera infancia que se puedan medir y darle seguimiento, y que no sean destruidos por la mano política solo porque no fueron creados por ellos.

Existen los informes, estudios, leyes e investigaciones pertinentes que solo hay que consultar para saber edificar un país pensado también para los niños. Se ha escrito demasiado, pero se ha construido poco. 

Hay referentes exitosos de otros países sobre el trabajo con la primera infancia. Hay organizaciones y asociaciones culturales en el país dedicadas a la niñez y la cultura con personas capaces de aportar el conocimiento que permita tener una ruta y un mapa que favorezca el ambiente sano para los niños.

No podemos seguir diciendo que Panamá es un país desarrollado cuando tiene bibliotecas públicas y escolares empobrecidas, cuando no hay programas para la población más desfavorecida que no puede ir a una feria de libros o a la librería.

La Prensa, 10 de junio de 2023

sábado, 27 de mayo de 2023

Blas Petit o la mirada profunda de la realidad

Carlos Fong

En su libro La pintura artística panameña, Etanislao Arias Peña (1952 2003), arquitecto y artista plástico panameño, anotó la siguiente reflexión: “El arte es una actividad humana social y por lo tanto su organización y los principios de su funcionamiento están condicionados por las disposiciones sociales en las que surgió y se desarrolló. Nace como una vía para expresar actividades humanas, espirituales, subjetivas y emocionales, es decir, la preservación y transición de la riqueza cultural de la sociedad y la expansión de las existencias teóricas por medio de la reflexión crítica y el enriquecimiento con nuevas ideas”.

Para Etanislao, el arte pictórico interviene en la sociedad de manera significativa y es generador de mediación cultural porque dinamiza la sociedad de la cual es parte. Para el pintor, es vital la extensión del quehacer artístico en la vida cotidiana. Hay una pregunta que nos hace el artista originario de Pesé que, en cierta forma, es una constante en todas las ramas del arte: ¿cuál es el papel del artista panameño en los albores de un nuevo siglo, en un mundo en proceso de cambio y transformación?

Tal vez la respuesta también sea otra invariable en la vida creativa: el papel del artista consiste en presentar y orientar a la sociedad a aprehender la esencia de los elementos fundamentales del mundo. 

Hace más de 40 años, María Bernal, escribió en su libro El pintor panameño ante la sociedad, algo que sigue siendo fundamental en la vida artística de un pintor: “El pintor es el misionero capaz de combinar en un todo, el conocimiento intuitivo e intelectual, en una forma visible y conceptual, transmitiéndola como enseñanza a los demás miembros de su comunidad”. Esta parece ser una idea firme en la obra del maestro José Blas Petit Pinillo, de quien me ocuparé hoy, porque la buena pintura es una forma de leer el mundo. La buena pintura es un relato que nos cuenta también una buena historia. 

El maestro Blas Petit es panameño y nació en 1963. Contemporáneo con otros pintores como César Arboleda Abrego, Roosevelt Díaz, Roy Arcia, José Inocente Duarte, Carlos Rodaniche, Eduardo Navarro, Rodolfo Justine, Ana Garuz, Viviana Rivera y Oswaldo De León Kantule, entre otros, Petit es un artista que ha logrado relatar los elementos esenciales del mundo panameño y, sobre todo, recorrer a la mujer desde todo su cuerpo y su mirada.

Blas Petit estudió comunicación en México y artes plásticas en Panamá. Es profesor de dibujo y pintura. Ha ganado importantes reconocimientos en concursos como el Premio Nacional de Artes Visuales Roberto Lewis. Ha representado a Panamá en congresos dentro y fuera del país como en Beijing, China, según fuentes que hemos consultado. Para Petit, merecen su respeto grandes pintores como Alfredo Sinclair, Mayo Hassán y Chong Neto. Un maestro para él fue Luis Aguilar Ponce (1943-2015), que también incursionó en el estudio del cuerpo de la mujer desde el arte. 

La obra de Blas está matizada por un universo de objetos herramientas que utiliza para hacer impresiones manuales, detalles, efectos sobre el lienzo que permiten darles identidad a sus personajes. La bibliografía consultada coincide en que Blas es un pintor figurativo con un buen dominio del color y una temática que abarca lo religioso, lo costumbrista, bodegones y la pintura de personajes caracterizados por un solo ojo. Son miradas femeninas que parecen explorar el cosmos de una relación con las cosas desde una mirada profunda.

Quiero resaltar una serie en especial donde el maestro Blas ha dedicado su paleta a la etnia negra resaltando la identidad nacional y el aporte de afroantillano a la cultura nacional. Paisajes urbanos con chivas y balcones que rescatan el Panamá de ayer, reinas congo y bailes que le dan ritmo y color a su lienzo; rostros de mujeres negras, y como siempre, el símbolo del ojo. Ojos grandes que hiperbólicamente sobresalen en el rostro de la mujer provocando sensaciones diversas. La pintura de Blas Petit no solo se puede ver; también se puede saborear y escuchar desde la mirada de sus personajes; es visual, pero también textual porque deja leer un relato de la identidad.

La obra de Petit nos orienta hacia una profunda comprensión de lo humano social histórico, porque el artista se ha preocupado por investigar y crear un lenguaje que comunica un profundo mensaje de raza fugitiva en el tiempo. Es un lenguaje cargado de un cromatismo que se mueve ante nuestros ojos y que, al mismo tiempo, nos relata la historia social de los pueblos afroantillanos. La pintura del maestro Blas Petit, ya lo dije, orienta, pero también persuade, crea, comunica y añade naturaleza a la realidad que muchas veces pasa inadvertida ante nuestra mirada. Petit es el pintor de la mirada profunda.

La Prensa, 27 de mayo de 2023








sábado, 7 de enero de 2023

Preguntas de un nuevo año

Carlos Fong

¿No deberían estos años de calamidad y crisis habernos dejado al menos una enseñanza de un relato que nos cuenta el origen de estos días malos, porque hemos sido nosotros los que hemos provocado la ira del planeta que no hemos sabido cuidar en vez de destruir? ¿No han bastado las lecciones históricas para esclarecer los problemas de la democracia, las crisis económicas y el racismo que, en vez de haberse condenado y sepultado, parece que ha resurgido con más fuerza?

¿No debería de ser una responsabilidad de cada uno de nosotros trabajar para que el país “que es nuestro hogar” tenga los elementos necesarios para que todos podamos reconocer los derechos que la humanidad ha ganado hasta el momento? ¿No debería de ser necesario integrar esfuerzos para crear propuestas que contribuyan a disminuir las desigualdades sociales, la pobreza y la injusticia general que ahoga a muchos sectores del país?

¿No deberían de ser las prácticas culturales que expresan nuestra admiración por la belleza como la danza, la pintura, la música, el cine y la literatura, un medio para transformar la vida de las personas en cualquier comunidad y ser la materia prima de las instituciones locales que aspiran a generar servicios que mejoren la calidad de vida y a construir una ciudadanía más sensible?

¿Acaso es posible pensar que la gente no solo necesita servicios sociales de calidad como centros de salud, acueductos y escuelas, sino también servicios culturales que constituyen un recurso puntual para nutrir el pensamiento y generar ideas que devengan en proyectos de subsistencia que revaloren la noción de vida?

¿No debería de ser el desafío de nuestro tiempo recuperar el diálogo con la naturaleza y trabajar por una forma de alfabetización ecológica que, como especie humana, nos dignifique? ¿No debería de recordarnos nuestro propio relato que nunca nuestra especie había llegado tan lejos y que tal vez ya no podremos seguir caminando porque hemos destruido la casa que habitamos?

¿Y el relato de los derechos humanos, desde los tiempos antiguos cuando un hombre eligió tomar la cicuta por no renunciar a su verdad, pasando por la declaración de derechos del hombre y el ciudadano en 1789, hasta la declaración universal de derechos humanos en 1948 y todos los derechos colectivos que conocemos, que nos permiten hablar más allá de una noción de derechos individuales? ¿Acaso no debería ser suficiente para no ver a miles de humanos movilizarse por las fronteras porque huyen de su patria buscando una mejor vida, o para dejar de hacer la guerra a otros países?

¿Será posible que hemos perdido de vista todo lo que hemos logrado hasta el momento en materia de derechos humanos? ¿No será que hemos permitido que la ignorancia y la insensibilidad nos hayan cegado para no entender los elementos fundamentales de nuestra realidad, que radican en el conocimiento de derechos humanos, fundamentales para la igualdad y vivir en armonía?

¿Por qué, después de tantos años de colonialismo, que ha sido el origen de muchos males, no hemos aprendido nada de los pensamientos de un Andrés Bello, de un Simón Bolívar, de un José Martí, un Raúl Leis o una Reina Torres de Aráuz, si ellos y muchas almas similares escudriñaron como un minero en la antropología humana para dejarnos un mundo menos ignorante y libre?

¿Por qué históricamente, pero más en la actualidad, vivimos bajo otras formas de colonización política, secuestrados por la política partidista, la mediocridad de sectores que controlan nuestra voluntad con dádivas y migajas, mientras les llevamos ofrendas a la hora de ir a las urnas como un ritual pagano que se repite cada cinco años y los ayudamos a tener el poder para tomar las decisiones que los benefician solo a ellos, mientras la población ignora los referentes positivos que realmente les hace falta?

¿Podemos esforzarnos por comprender que la búsqueda de una verdadera comunicación radica en saber leer y escribir y que los libros son tan importantes como el pan y el agua? ¿Será posible entender que la lectura es una herramienta multiusos o el instrumento básico de transmisión cultural en la sociedad del siglo XXI, que permite que cualquier sociedad pueda presumir de ser desarrollada y sostenible? ¿Qué hace falta para entender que la lectura tiene hoy un papel central en la historia porque se ha constituido en un elemento coadyuvante para asumir las necesidades básicas que permiten a la gente descubrir sus derechos y asumir lo como sujetos de derecho?

¿Será que aún estamos a tiempo de recuperar y defender los derechos civiles y políticos, los sociales y económicos y un abanico de derechos culturales que defienden las identidades y otras ideas, otras miradas, pero que, al final, nos permiten vivir en convivencia? ¿Será que aún hay tiempo de entender que no solo bastan invenciones creativas y políticas que favorecen la inversión y el desarrollo por el desarrollo, sino que hace falta cambiar el chip de nuestra ética para construir nuevos hábitos que no nos destruyan como lo han venido haciendo?

La Prensa, 07 de enero de 2023

lunes, 12 de septiembre de 2022

Un manifiesto entre sueños y realidad

Carlos Fong

La libertad, la prosperidad y el desarrollo de la sociedad y de los individuos son valores humanos fundamentales. Estos valores solo podrán alcanzarse mediante la capacidad de ciudadanos bien informados de ejercer sus derechos democráticos y desempeñar un rol activo en la sociedad. La participación constructiva y la consolidación de la democracia dependen tanto de una educación satisfactoria como de un acceso libre y sin límites al conocimiento, el pensamiento, la cultura y la información”.

El párrafo de arriba son las primeras palabras con las que inicia el Manifiesto IFLA-UNESCO sobre Bibliotecas Públicas 2022. Con sus siglas en inglés, la IFLA es la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias y es el foro mundial más trascendente donde se dan las ideas, los diálogos, la investigación y el desarrollo de estos equipamientos culturales que llamamos bibliotecas.

¿Por qué es importante este Manifiesto? ¿Por qué para Panamá es un documento que no debe dejar de pasar inadvertido? Porque los gobiernos nacionales y locales panameños no han comprendido el valor de las bibliotecas y su papel activo en el desarrollo. Los que toman decisiones políticas en el país suelen hablar de desarrollo y progreso, pero desconocen que el primordial valor económico y social de las bibliotecas es que ellas pueden mejorar la calidad de vida de las personas.

¿Por qué razón somos un país que presume un Canal interoceánico, un área bancaria significativa, el aeropuerto más grande de Centro América, los puertos más grandes, la minería más lucrativa jamás vista y tenemos las bibliotecas paupérrimas y abandonadas que parecieran que han sido sacadas de un país pobre? Porque no han invertido en un verdadero desarrollo humano que consiste en llevar información y educación a la sociedad a través del acceso a la participación del conocimiento que es garantía de los derechos humanos y culturales. Hemos ignorado por mucho tiempo el valor de las bibliotecas.

La biblioteca pública tiene múltiples formas de valor. Tienen valor social, porque es el espacio donde la comunidad se siente escuchada y reconocida; tiene valor inclusivo, porque los sujetos participan en las actividades y comparten experiencias y opiniones diferentes; tienen valor creativo, porque provocan un cruce de lenguajes en el que la comunidad se expresa a través de la lectura y otras formas de expresión; tiene valor de ideas, porque la gente reflexiona sobre sus problemas y comparte sus ideas; tiene valor formativo, porque la comunidad tiene acceso a la información y el conocimiento; incluso, la biblioteca pública tiene valor económico, porque cuando son dinámicas y creativas generan proyectos que impactan en la sociedad.

Este Manifiesto proclama la convicción de la UNESCO en la importancia de las bibliotecas públicas como fuerza viva de la educación, la cultura, la inclusión y la información, y como agente esencial para lograr el desarrollo sostenible y para que los individuos alcancen la paz y el bienestar espiritual a través de su pensamiento.

Todas las esferas del conocimiento y los problemas de la gente se cruzan en la biblioteca pública. Cualquier tema que pueda pasar por nuestra mente, está relacionado con la biblioteca.  Porque la biblioteca genera espacios de convivencia, crea ambientes favorables de interculturalidad, es el lugar para ejercer los derechos ciudadanos, el espacio donde se pueden mediar conflictos y tensiones y construir proyectos de vida.

Certifica el Manifiesto que las bibliotecas públicas son un componente esencial de las sociedades del conocimiento que se adaptan continuamente a nuevas formas de comunicación para cumplir su misión de proveer acceso universal a la información y permitir que todos los individuos hagan un uso significativo de ella, además se enumera una serie de misiones clave, relacionadas con la información, la alfabetización, la educación, la inclusión, la participación ciudadana y la cultura, deben ser la esencia de los servicios que ofrecen las bibliotecas públicas.

Una de esas misiones es que a través de las bibliotecas públicas se contribuye a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y a la construcción de sociedades más justas, humanas y sostenibles, algo que muchos países, entre esos el nuestro, no están cumpliendo violando directamente, no solo los derechos de los ciudadanos, sino contradiciendo acuerdos y convenios que firman los mandatarios en reuniones donde se invierten y gastan recursos que necesitan las bibliotecas.

El Manifiesto es contundente cuando al final dice que las bibliotecas públicas son responsabilidad de las autoridades locales y nacionales. Deben regirse por una legislación específica y actualizada, compatible con tratados y acuerdos internacionales, y estar financiadas por los gobiernos nacionales y locales. Deben ser un componente esencial de cualquier estrategia a largo plazo para la cultura, la provisión de información, la alfabetización y la educación.

En este sentido nuestro país cuenta con una Constitución que defiende la cultura y el conocimiento pero que no se está cumpliendo. Somos un país que cacarea a cada instante los Derechos Humanos, pero no los defendemos realmente. Hoy contamos con una Ley General de Cultura que implica a las bibliotecas, la lectura y el libro; y la nueva Ley por aprobar que crea el marco jurídico de las bibliotecas públicas, sin mencionar un número de acuerdos y convenios internacionales que hemos firmado como país a favor de las bibliotecas. Lo tenemos todo en papel, pero carecemos de voluntad política.

La Prensa, 10 de septiembre de 2022

sábado, 2 de julio de 2022

Del sentido y necesidad de los cuentos

 

Carlos Fong

 

La mayoría de las ocasiones que me invitan a contar cuentos en cualquier tipo de espacio, ya sea público o privado (pensemos en una feria, plaza o, incluso, un mall, siniestro lugar para contar cuentos), los organizadores suelen decir frases como: “aún hay pocos niños”, “los niños no han llegado”, “ya no demoran los niños”. Y yo les respondo: pero los cuentos no son solo para niños.

Si bien algunas veces contamos cuentos para eventos donde hay niños (una escuela, por ejemplo) o en alguna asociación que trabaja para niños, un albergue o fundación, los repertorios de cuentos escogidos son exclusivos para edades infantiles, también es cierto que hay cuentos para adolescentes y adultos. Las leyendas, los relatos, los mitos y las fábulas son también apreciadas por los adultos cuando hay una experiencia estrecha entre ellos.

Cada vez que puedo hablar a los adultos sobre la necesidad de leer y escuchar cuentos, les digo que estoy convencido de que las historias, algunos cuentos, son importantes para los adultos por sus conexiones con la realidad y que son ellos los que hoy día, más que un niño, necesitan escuchar cuentos. Porque los cuentos nos ayudan a conversar y reflexionar, a hablar de nuestros problemas comunes y, sobre todo, a pensar.

En las últimas semanas, he contado cuentos en la Feria del Libro de Boquete, en una feria del Ministerio de Ambiente y a una organización de personas no videntes. Esta última experiencia me resultó especial, porque jamás había tenido la oportunidad de contar cuentos a un grupo de adultos ciegos. Al final, conversamos sobre el arte de contar cuentos. Uno de ellos me preguntó si yo escogía mis cuentos por la moraleja o el mensaje. Le respondí que suelo escapar de los cuentos con moraleja. Sería incapaz de contar un cuento que termine diciendo: y esta historia nos enseña...o esta historia es para que vean que...

El caso de las fábulas es distinto, porque la fábula es una categoría de relato donde la trama plantea un problema a través de sus personajes, que suelen ser animales que se comportan con cualidades humanas y por eso la historia deviene en una moraleja que sirve para ilustrar algo en la vida. Las fábulas de Esopo, por ejemplo, son una joya. 

Creo que todos los cuentos tienen algo que mostrarnos. Tienen algo que revelarnos, que descubrirnos, pero es un error usar los cuentos para hacer pedagogía de forma forzada. Usar los cuentos como trampas para enseñar algo es lo más indigno para una historia que fue escrita para evocar emociones, memorias o ilusiones, no para dar lecciones. Las cualidades de un buen cuento pueden perderse cuando queremos usar el relato para inculcar valores o enseñar moral.

No quiero ser malinterpretado. Alguien podría juzgarme mal y decir, por ejemplo, entonces, ¿usted dice que no podemos usar los libros de cuentos para enseñar valores o educar? No exactamente. Creo que no hace falta recordar que hay cuentos para niños de autores reconocidos que sirven para jugar mientras aprenden a contar números, reconocer las letras o divertirse con los colores, etc. Sin embargo, hay cuentos para niños que los hacen descubrir las cosas del mundo sin necesidad de enseñar, sino que les presentan el mundo. Presentar el mundo y sus contradicciones tal vez sea mejor.

Volvamos a los adultos y su relación con los cuentos. En ellos, las historias tienen otra función, tal vez más cercana a provocar incertidumbre y a confrontar otras zonas. Un cuento puede ayudar, por ejemplo, a que un adulto piense en la noción de libertad. La libertad es un riesgo. La libertad implica saber tomar una decisión y esa decisión puede ser mala o buena. Es decir, es un problema de la ética. La ética es la elección de una conducta. Me gusta contar historias a los adultos donde sientan que esa historia se parece a muchas cosas de la vida real que los rodea donde hay que tomar decisiones.

A través de los cuentos, podemos tener una especie de radiografía del mundo que nos revela constantemente las cosas de la vida y, por qué no, de la muerte. Por medio de los cuentos, podemos hablar de la verdad, la mentira, la justicia, la libertad, la democracia, el placer, la conciencia, la naturaleza, los conflictos, la familia (en todas sus dimensiones y formas), la solidaridad, la cooperación, la tolerancia, la identidad y la memoria.

Entonces, hoy más que nunca, necesitamos volver a conversar a través de las historias, los cuentos. Muchos objetan: “en estos tiempos, lo que no se quiere es cuento”. Sin embargo, los cuentos también nos ayudan a pensar y tener conciencia de la realidad. Los cuentos son mentiras, sí, mentiras que nos permiten acercarnos a la verdad y que, en momentos de crisis e incertidumbre, pueden servirnos para cuidar el espíritu, las relaciones, la sociedad, la libertad, incluso el destino.

La Prensa, sábado
02 julio de 2022

Un árbol para todos

Por Carlos Fong Quiero dedicar mi último artículo del 2025 a un tema especial. En el ecosistema de la realidad panameña, sobre todo en el se...