lunes, 6 de enero de 2020

Demetrio Fábrega y la lectura

Demetrio Fábrega

Tengo un pequeño tesoro en la bandeja de entrada de mi correo personal: una correspondencia con Demetrio Fábrega, uno de los intelectuales más importantes de nuestro país, que ha traducido a Francesco Petrarca, la figura principal del Renacimiento como poeta y como el hombre de cultura que restablece el vínculo con la literatura griega y romana de la Antigüedad Clásica, y a Pierre de Ronsard, considerado el más grande poeta de Francia.

Esta confesión es una excusa para hablar de un tema que también ha sido una de las preocupaciones del poeta que ha venido investigando desde 1985. Tanto es así que ha tenido comunicación personal con Noam Chomsky sobre el problema del analfabetismo funciona
l, que es la causa principal de la crisis sin precedentes que atraviesa la educación nacional. Para don Demetrio, el problema medular no está en el currículo per se, sino en el método de adquisición del lenguaje escrito. Un método de enseñanza que nos impusieron comenzando la década del 60 y que destruyó la primaria a partir de finales de los 70.

En efecto, para don Demetrio, el método global ha sido un desastre para la educación a nivel mundial, “salvo en países como Finlandia, Singapur y en cierta medida en los países escandinavos y en los países del Asia que usan la escritura china porque tienen que comenzar a enseñar a leer y escribir antes de los siete años de edad”. Para él es vital regresar al método silábico o lineal, que es “como se enseñaba en Grecia hace 26 siglos y después en Roma y así volvieron a enseñar en el Renacimiento y así enseñaban las maestras que se graduaban en la Escuela Normal de Santiago antes de la II Guerra Mundial hasta 1960. En Panamá entonces se hablaba el mejor español de América”.

Observa que, en Francia, el Ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, decidió acabar con el desastre de la educación en el 2017 volviendo a la enseñanza silábica. Yo no había comprendido a fondo esta triste realidad hasta dialogar con don Demetrio y es que, si un niño llega a la edad de diez años y no sabe leer y escribir, difícilmente lo logrará después. Esto, según los últimos avances de la neurociencia.

Cita las investigaciones del japonés Kuniyoshi Sakai y otros neurocientíficos como el francés Stanislas Dehaene, que han revolucionado la educación del niño. En Francia, me dice don Demetrio, se han utilizado estos conocimientos para implementarlos en la educación desde el año 2017, es decir, el método lineal y estableciendo la instrucción obligatoria desde los tres años de edad para que el niño pase años aprendiendo a distinguir las letras y reconocer el sonido que representan hasta poder identificar los fonemas con sus respectivos grafemas, antes de entrar en el primer grado de la escuela elemental después de cumplir seis años.

Afirma que desde Jean Piaget y Eric Heinz Lenneberg en el siglo pasado, pasando por estudios científicos en los últimos diez años, se ha demostrado que, si el niño no aprende a leer y a escribir en los primeros diez años de vida, nunca aprenderá bien a leer ni a escribir y nunca podrá dominar otro idioma tampoco ni habrá adquirido las habilidades cognoscitivas indispensables para poder razonar y pensar.

Los franceses no habían descubierto hasta hace poco el problema que tenían e hicieron cambios radicales en la educación que utilizaba el mismo método que tenemos en Panamá desde 1980, me comenta don Demetrio. Según su investigación, Estados Unidos, Canadá e Inglaterra tienen los porcentajes de analfabetismo funcionales que ponen los pelos de punta. En conclusión, de nada servirá un plan de lectura o las estrategias más hermosas de animación si en el país no se reconoce que el problema es que en la escuela primaria no le enseñan a leer realmente a los niños.

En este sentido, creo que el Ministerio de Educación por fin ha aceptado esto y estamos a tiempo, como en Francia, de tomar decisiones serias y así escapar del “Verdummung', palabra del alemán que significa embrutecer y es la que usó don Demetrio cuando bautizó la imbecilización de la humanidad.

La Prensa, 4 de enero de 2020.

La niñez y la juventud, entre brechas


El 2019 comenzó en Panamá con un evento mundial de gran importancia encabezado por los jóvenes: la JMJ, y se podría decir que finalizó con otro momento nacional, liderado también por los jóvenes, que fue las protestas en contra de las reformas constitucionales, que el presidente, salomónicamente, acaba de proponer que se retiren. En ambos acontecimientos, uno menos grave que el otro, los jóvenes fueron la clave y esto es importante reflexionarlo a fin de año.

Hay una frase que el presidente Laurentino Cortizo Cohen reitera en muchos de sus discursos: “Este es un gran país”. Es cierto. Es un gran país desde muchos puntos de vista: desde la economía, por ejemplo (somos el segundo país más competitivo de América Latina y el primero en Centroamérica, y tenemos las tasas de crecimiento económico más altas de la región, según los informes), hasta la cultura (somos un país con una multiculturalidad admirable, que posibilita el desarrollo cultural en todas las esferas).

Este “gran país” se enfrenta a grandes retos, como el rescate de la institucionalidad, la lucha contra la corrupción y una burocracia absurda e inoperante; la inseguridad y prevención del delito; la educación y salud de calidad; el desarrollo de la ciencia, la investigación y la cultura; la innovación y el talento emprendedor, y la lucha contra la especulación de los medicamentos y la vivienda, que hacen que la calidad de vida sea un sueño.

En nuestra opinión, en medio de estas tensiones y desafíos, lo que hace que seamos un “gran país” es nuestra gente. Esa gente es la que hace posible que la economía funcione y tengamos una riqueza cultural. Y esa población tiene un alto porcentaje compuesto de niños y jóvenes, que en la actualidad viven en un país con muchas amenazas que ponen en peligro su destino.

En este “gran país” la situación de los derechos de la niñez y la adolescencia (según estudios recientes de Unesco) no es algo de lo que podemos sentirnos orgullosos. Los niños y jóvenes están cruzados por muchas tensiones y viven entre distintas brechas que amenazan su futuro.

El análisis de estas brechas, según la Unesco, nos recuerda los cuatro países que Pedro Rivera nos reveló en una memorable conferencia: un país transitista, un país agrario, un país marginal y un país excluido. En estas cuatro imágenes de país hay una lectura de un solo país abandonado, olvidado, saqueado, descuidado; un país con muchas víctimas, entre las cuales son los niños y los jóvenes los más vulnerables.

Entre las principales brechas está la falta de información representativa que permita tener políticas públicas que garanticen el derecho a la vida, el crecimiento y el desarrollo de los niños y adolescentes en Panamá; una brecha territorial que es evidencia de una asimetría entre el área rural y la urbana; una brecha de género, el alto índice de mujeres adolescentes embarazadas repercute negativamente sobre el derecho a la salud y al desarrollo integral y perpetúa la pobreza; brechas socioeducativas y socioeconómicas, la falta de una educación de calidad y el débil apoyo de la empresa privada no favorecen a la niñez y la juventud y empobrecen su entorno; brechas en la prestación del servicio, el informe de la Unesco dice que faltan especialistas médicos, profesionales de salud mental y promotores de salud comunitaria. Quiero añadir la falta de promotores culturales y equipamientos culturales.

En conclusión, la oferta de diversos servicios de desarrollo para la niñez y la juventud es precaria en Panamá, para ser un país que presume ser el más desarrollado de la región. Los desafíos para garantizar los derechos de los niños y jóvenes están muy claros en la investigación de la Unesco. ¿Qué hace falta? Como siempre: voluntad política y una integración sincera del sector público y privado para trabajar articuladamente por nuestros niños y jóvenes, que ya se ha dicho, no son el futuro de la nación: son su presente.

No es gratuito que los jóvenes sean los que están saliendo a la calle a luchar por sus derechos; derechos que son de todos. Las identidades juveniles son una bomba de tiempo. Desencantados e indignados, no se van a quedar con los brazos cruzados mirando como este “gran país”, que lo es, es también un espejismo. No somos un oasis, no somos una tacita de oro, no somos el país más feliz de la región, porque mientras la mayoría de nuestros niños y jóvenes estén sufriendo, habrá una verdad que maquillar.

La Prensa, 28 de diciembre de 2019.

Voces de la invasión en la literatura


Sin menoscabar el valioso trabajo de distintos formatos artísticos que han abordado el tema de la invasión desde la cultura como las artes escénicas, el muralismo, el performance, la escultura, la caricatura, la fotografía, la pintura, el cine, el documental y la música, en esta ocasión queremos, al conmemorarse los 30 años de la invasión, reconocer una selección de voces de nuestro corpus literario que con sensibilidad artística hablan de los sucesos del 20 de diciembre de 1989.

Olmedo Beluche, Manuel Orestes Nieto, Roberto Luzcando, Ramón Oviero, Gloria Young, Pablo Menacho, Arístides Martínez Ortega, Arysteides Turpana, Xavier Collado, Consuelo Tomás, Bertalicia Peralta, Moisés Pascual, Indira Moreno, Eyra Harbar, Leoncio Obando, Lucy Chau, Alex Mariscal, Jilma Noriega de Jurado, Enrique Chuez, Mireya Hérnandez, Moravia Ochoa, Mario Augusto Rodríguez, José Cambra, Pedro Luis Prados, Porfirio Salazar, Héctor Collado, Dayra Miranda, David Robinson, Mario García Hudson, José Carr, Juan Gómez, Raúl Leis, Dimas Lidio Pitty, Tristán Solarte, Martín Testa Garibaldo, Chuchú Martínez, Víctor Manuel Rodríguez, Pedro Rivera, Carlos Francisco Changmarín, Juan David Morgan, Itzel Velázquez, Víctor Manuel Rodríguez, Rey Barría, Félix Armando Quirós, Carlos Jiménez Varela, José Franco, Octavio Tapia, Javier Stanziola, Jhavier Romero, Giovanna Benedetti, Claudio de Castro, Julio Yao, Carlos Fong, Carlos Wynter Melo, entre otros, han escrito cuentos, teatro, ensayos, poemas y novelas sobre la invasión. En este artículo solo mencionamos algunas obras escritas desde la ficción.

La voz aún no quemada (1990) y El humo y la ceniza (1993) fueron las dos primeras antologías de poesía sobre la invasión que se editaron. También en este formato hay que citar la edición especial de la revista cultural Lotería (1994). Otro libro que compila textos sobre el tema es Cuatro cuentos recientes sobre las relaciones de Panamá con los Estados Unidos (2016), que recoge cuentos de cuatro autores: Raúl Altamar, Pedro Crenes, Javier Medina Bernal y Berly Núñez Pitty.

Juan Garzón se va a la guerra (1992), de Moravia Ochoa; Los ultrajados (1994), de Mario Augusto Rodríguez; Desde el otro lado del sueño (2002), de Pedro Luis Prados; Las huellas de mis pasos (1993), de Pedro Rivera, y Un milagro bastante raro (2008), de Víctor Manuel Rodríguez, son libros clave en la cuentística.

Enrique Chuez escribe la primera novela sobre la invasión: Operación Causa Justa (1991); le sigue José Franco, con Las luciérnagas de la muerte (1992). Mario Augusto Rodríguez escribe la novela Negra pesadilla roja (1993). Juan David Morgan es autor de Cicatrices inútiles (1994). Jilma Noriega de Jurado tiene la novela epistolar Y cayó sobre nosotros el estruendo de la muerte (2002). Tristán Solarte escribió La serpiente de cristal (2002). Hombres enlodados de Javier Stanziola (2012); Aviones dentro de la casa (2016), de Carlos Fong; Una corona con cantáridas (2018), de Rogelio Guerra Ávila, y Las impuras (2015), de Carlos Wynter Melo, son novelas que relatan el tema de la invasión.

Los primeros poemas a la invasión son atribuidos a Luis Carlos Jiménez Varela con Patria fusilada, y Otra vez la muerte, de Dimas Lidio Pitti, este último con fecha del 22 de diciembre de 1989, en México. La poetisa Moravia Ochoa escribe uno de los poemas más contestatarios y conmovedores: No perdono país.

Héctor Collado tiene dos poemarios: En casa de la madre (1990) y Entre mártires y poetas (2000). El poeta Manuel Orestes Nieto publica el poemario Sangre vidriada (1991), que contiene 24 poemas dedicados a narrar la invasión. Consuelo Tomás escribe Motivos generales (1992). Indira Moreno es autora del poemario Cantares de un silencio, totalmente dedicado a la invasión. Leoncio Obando publicó un oscuro texto, La voz de las tinieblas (1992). Martín Testa Garibaldo es tal vez el poeta de su generación que más ha escrito sobre el tema. Su primer libro dedicado por completo a la invasión fue Parte y novedades (1995) y luego publica Estaciones ocupadas (1998).

El género del comic también ha abordado el tema de la invasión. En 1990 sale Just Caos, aventuras del perro Buaysito en la invasión, de Heriberto Valdés, un relato satírico de los sucesos de la intervención militar yanqui. Recientemente, en el 2019, la revista Concolón sacó Duelo, la primera novela gráfica de la invasión, cuyos autores son Sol Lauría y Meere Sachani.

En teatro podemos mencionar Mi Dios está vivo, escrita por Dagoberto Chung y Anselmo Cooper. Mireya Hernández escribió Sucedió en enero y Alex Mariscal, Desaparecidos, que toca el tema de la masacre de Albrook el 3 de octubre de 1989. En montajes basados en obras tenemos el trabajo de Jaime Newball titulado Clamor de multitud, basada en la poesía. Y en el 2016, Danitza Barrerra interpretó Monólogos, basado en personajes y textos de las novelas Aviones dentro de la casa, de Carlos Fong, y Hombres enlodados, de Javier Stanziola, y poemas de Amelia Denis de Icaza y Carlos Changmarín.

La Prensa, 21 de diciembre de 2019.

martes, 26 de noviembre de 2019

Un congreso internacional de lectura y escritura en Panamá


Del 18 al 20 de noviembre se llevó a cabo en la ciudad de Panamá el Congreso Internacional Lectura y Escritura: intervenciones, evaluación e investigación, organizado por el Ministerio de Educación (Meduca) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La reunión tuvo como objetivos conocer el arte en la enseñanza, evaluación e investigación de la lectura y la escritura; conocer intervenciones basadas en evidencia y de probada efectividad en la enseñanza de la lectura y la escritura en la etapa inicial; fortalecer equipos regionales a través de intervenciones basadas en evidencia, y generar espacios para el diálogo y colaboración.

En el congreso participaron docentes del Meduca, supervisores, directores, coordinadores regionales y especialistas en educación de distintas instituciones como la Universidad de Panamá, entre otros mediadores, autoridades y gestores profesionales del sector educación.

Algunos de los temas tratados: el aprendizaje de la lectoescritura y la comprensión lectora en la región; la lectura y la escritura desde la educación inicial hasta la secundaria; la educación intercultural bilingüe; el modelo de respuesta a la intervención; intervenciones efectivas para la educación inicial y preescolar; el uso de la tecnología para la enseñanza-aprendizaje de la lectoescritura,y la evaluación, la formación docente y la investigación.

Básicamente, la importancia del evento radicaba en la actualización en torno a las intervenciones exitosas, investigaciones con evidencia científica y en paradigmas de evaluación que pueden ayudarnos como referente regional para entender la lectura y la escritura desde una mirada que reconozca la esencia de nuestra problemática nacional.

Fueron muchas las dificultades encontradas que sirvieron para elaborar una ruta con una agenda articulada que al final los organizadores pusieron en común en mesas de trabajo y colaboración. Desde nuestro punto de vista uno de los aportes más valiosos de la reunión fue lograr una articulación del discurso: no hay una cultura de tomar decisiones basada en evidencias y estudios de la lectura. Fue uno de los mejores logros del congreso: ponernos de acuerdo y unificar criterios.

Estos acuerdos iban desde los componentes esenciales en la etapa de la literalidad inicial, pasando por las dificultades de la educación desde la lengua materna, los contextos de interculturalidad, la intervención temprana y la remediación, las evidencias basadas en estudios, los modelos de evaluación y, sobre todo, que tenemos serios problemas en la formación de nuestros docentes que necesitan desde marcos teóricos hasta los materiales de lectura con los que van a trabajar.

En este sentido el Meduca empezará este verano con una nueva estrategia de formación para los docentes que les permitirá estar acordes con el nuevo plan de lectura escolar que ha diseñado la institución. Algo nuevo para nosotros fue el hallazgo de los materiales “Aprendamos todos a leer”, textos para el aprendizaje de la lectura y la escritura con los que estarán trabajando a partir del 2020 todos los docentes del país.

Estos libros se distancian del método global que es el que tanto daño le ha hecho a nuestra educación. Se retoma de esta forma el proceso de conciencia fonológica y las relaciones desde lo oral a lo escrito. La importancia de los cuentos y la oralidad desde la primera infancia. La transición logográfica-simbólica, fonológica y alfabética por la que debe todo infante transitar. Y todas las habilidades que la ruta léxica requiere para que los niños aprendan a leer y escribir.

Creemos que uno de los mejores logros del Congreso fue la agenda efectiva de colaboración que se trabajó al final. Nos tocó participar en la mesa sobre formación docente donde estuvieron autoridades del Meduca y de la Universidad de Panamá. Nosotros aportamos desde el Ministerio de Cultura y quedó explícita la importancia de la ecuación instrucción=promoción. Sin embargo, serán más efectivas las acciones de promoción de lectura si primero le enseñamos a leer y a escribir a nuestros niños.

Es un momento histórico donde las oportunidades de hacer las cosas bien se presentan en un marco de tensiones que son todo un desafío. Pero si hay voluntad política de parte de los responsables de la formulación de políticas culturales y educativas se puede llegar muy lejos. Ya el Meduca ha dado un paso importante que esperamos tenga el apoyo de muchas otras organizaciones que tienen que ver con la educación. Nuestros docentes no deben luchar solos.



Carlos Fong
La Prensa, 23 nov 2019 - 12:00

sábado, 16 de noviembre de 2019

Breves notas sobre la lectura



 “La democracia, esa forma de gobierno a la cual todos apostamos, demanda, requiere, exige individuos alfabetizados. El ejercicio pleno de la democracia es incompatible con el analfabetismo de los ciudadanos. La democracia plena es imposible sin niveles de alfabetización por encima del mínimo del deletreo y la firma. No es posible seguir apostando a la democracia sin hacer los esfuerzos necesarios para aumentar el número de lectores [lectores plenos, no descifradores]”.

Ilustración de
 Miguel Tanco
Quise abrir este artículo citando a la doctora Emilia Ferreiro, una de mis investigadoras favoritas en temas de lecto-escritura, y de la cual me voy a ayudar en estas notas. Hace poco Meduca anunció los resultados de las Pruebas Crecer, las cuales sacaron a la luz que los niños panameños llegan al tercer grado sin saber leer ni escribir.

Esto no es algo nuevo ni una sorpresa para nosotros, pero es bueno e interesante que las actuales autoridades muestren preocupación por el tema. Ya en el verano de 2017 un grupo de profesionales contratados por Meduca dictó un seminario como parte del programa “Aprende al Máximo”, y en ese taller se tocó el problema de la lectura, aunque no existía una evaluación censal que permitiera tomar decisiones. Ahora existe.

Quiero reflexionar sobre la lectura desde algunas observaciones generales. Hay tres grandes problemas:

1) El modo de apropiación de la lectura y la escritura desde la primera infancia. No podemos seguir aislando al niño para evaluarlo como sujeto del aprendizaje sin revisar el método de enseñanza.

2) El entorno empobrecido y desigual de los niños (sobre todo en las comarcas) es hostil culturalmente. El niño, aunque aprenda a decodificar, no tiene acceso a materiales de lectura en la escuela ni tiene bibliotecas en esas comunidades.

3) No se tiene conciencia del valor sociocultural de la lectura institucionalmente. Esto es consecuencia del segundo problema.

Un plan nacional de lectura debe partir desde la primera infancia como clave de un proceso donde el niño tenga contacto con un lector y una experiencia lectora. Cito a Emilia Ferreiro: “si el niño ha estado en contacto con lectores antes de entrar a la escuela aprenderá más fácilmente a escribir y leer que aquellos niños que no han tenido contacto con lectores”. De allí la importancia de la lectura oral en el aula. Los cuentos, la rimas, la poesía, la oralidad son importantes para hacer conexiones.

Por ejemplo, la taxonomía del cuento. Un niño de tercer grado no será capaz de tener destrezas como la literalidad, secuencia, retención, inferencia, organización, interpretación, causas y efectos, reordenamiento, comparaciones; ni siquiera será capaz de organizar los elementos y las relaciones esenciales en un texto, porque ese niño creció sin una relación estrecha con la lectura oral que lo marcó. Urge crear guías de lectura y oralidad.

Todo lo que sabemos sobre la conciencia fonológica, el principio alfabético, la conciencia del texto impreso, la comprensión de texto, la ruta léxica, la escritura y la creatividad no servirá de nada si los niños no tienen una experiencia previa con la literatura y la lectura. Por eso es preciso una estrategia de lectura comprensiva que haga conexión con un currículu coherente, porque nuestra escuela pública no es coherente.

Hay que tomar conciencia de que estar alfabetizado es un hecho complejo e histórico para poder evaluar nuestra propia realidad histórica y no solo al niño como víctima de esa realidad.
Cierro con Emilia Ferreiro: “Hay niños que ingresan a la lengua escrita a través de la magia [una magia cognitivamente desafiante] y niños que entran a la lengua escrita a través de un entrenamiento consistente en [habilidades básicas]. En general, los primeros se convierten en lectores; los otros tienen un destino incierto”.

Carlos Fong |  La Prensa, 16 nov 2019 - 00:00h.


lunes, 4 de noviembre de 2019

Lectura y bibliotecas para el desarrollo sostenible


Carlos Fong

Los días 17 y 18 de octubre de 2019, en la ciudad de Bogotá, Colombia, las autoridades de la cultura de los países Iberoamericanos se reunieron en la XX Conferencia Iberoamericana de Ministros de Cultura, como parte de la XXVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, a celebrarse en Andorra en 2020. La cumbre resaltó el compromiso de los países Iberoamericanos con la Agenda 2030. Es menester recordar que dicha agenda plantea 17 objetivos con 169 metas de carácter integrado e indivisible que abarcan las esferas económica, social y ambiental.

Las autoridades iniciaron reconociendo que para el cumplimiento de la Agenda 2030 y la consecución de sus metas, es importante desarrollar políticas de fomento para industrias culturales y la economía creativa en Iberoamérica, impulsando la innovación y la creatividad al servicio de la cultura y la competitividad para mejorar la calidad de vida de los habitantes de la región.

El documento reconoce necesidades, retos y esfuerzos e identifica el papel de diversos componentes en términos de cultura que van desde las industrias culturales, la diversidad cultural, la protección y salvaguardia del patrimonio cultural material e inmaterial, la educación en artes, las iniciativas de cooperación cultural, los sistemas de información cultural, los mecanismos de participación ciudadana incluyentes, el fomento del libro y la lectura en la región, entre muchos más. El pliego contiene también 31 acuerdos.

Todas estas acciones y estrategias desde el sector cultura son significativas para el cumplimiento de las metas y objetivos de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, pero quisiéramos enfocarnos sobre el tema de la lectura y las bibliotecas para hacer una breve reflexión crítica, ya que son una categoría importante en las construcciones de políticas públicas de desarrollo cultural.

Los ministros concertaron en que el año 2021 sea designado el Año Iberoamericano de las Bibliotecas. Esto significa que los ministros y autoridades de cultura de nuestros países reconocen el papel de las bibliotecas. También debemos destacar que muchos de nuestros países tienen buenos planes de lectura dignos de emular. Infortunadamente, en muchos otros, sobre todo en Centro América y el Caribe, no se ha atendido con pertinencia el tema de la lectura como parte de una política pública.

El caso de Panamá es verdaderamente lamentable. No se ha comprendido el valor que tienen las bibliotecas como equipamientos culturales y la lectura como instrumento de cambio. No se ha entendido el valor de las bibliotecas en la creación, la expresión y la convivencia; que son espacios donde se puede gestionar e imaginar el país que necesitamos, la libertad que valoramos y la democracia que precisamos; que son espacios de construcción ciudadana y cohesión social, de independencia y de encuentros con los otros.

Tenemos esperanza de que el nuevo gobierno visualice el tema de la lectura y las bibliotecas para que en el 2021 podamos sentirnos orgullosos de celebrar el Año Iberoamericano de las Bibliotecas. El trabajo no es fácil, porque se ha descuidado mucho el tema. Nos atrevemos a recomendar algunas propuestas.

La mirada articulada del Plan Nacional de Lectura (existe el documento), un plan que atienda a todos los sectores, no solo la educación; gestionar la Ley del Libro, la Lectura y las Bibliotecas (que existe); la revitalización del Consejo Nacional del Libro y la Lectura; la activación del Foro Nacional del Libro y la Lectura (estás dos últimas entidades que sean realmente funcionales) y, después de rescatar las anteriores: la creación de un Observatorio de la Lectura que permita hacer estudios y diagnósticos sobre el comportamiento lector.

El lema de la Cumbre “Innovación para el Desarrollo Sostenible: Objetivo 2030” destaca la innovación como motor de transformación de la sociedad e impulsor de la sostenibilidad. Sin embargo, los ODS y un verdadero desarrollo sostenible serán inalcanzables si uno de los principales derechos de las personas es ignorado: el derecho a leer y a tener bibliotecas dignas.

La Prensa, 02 nov 2019, Panamá.

Educación y pobreza*


Esta semana trabajamos desde el Ministerio de Cultura en la comarca Ngäbe Buglé en una asesoría pedagógica para docentes. Fuimos invitados por Fe y Alegría, una organización que trabaja educación popular integral y promoción social. Reconfirmamos algo que no es una novedad y que pasa todos los días: niños que caminan hasta tres horas para llegar a la escuela, muchos sin el desayuno.

En nuestro artículo pasado apelamos a la necesidad de políticas públicas de educación que se centren en un sistema de enseñanza basado en la ciencia y las humanidades y no sólo en la técnica con el propósito de que más niños puedan desarrollar sus capacidades cognitivas.

Sin embargo, los contextos de pobreza son un freno en la educación en comunidades que parecieran ser invisibles y olvidadas. Nos resultaba ridículo saber de escuelas a las que se les ha dotado con computadoras, pero no hay electricidad. Esto es un ejemplo de no tener una política coherente de desarrollo educacional.

Quiero citar una anécdota que me contó una amiga cuando ella era estudiante; ahora es una doctora. Ella estudió en una escuela privada de prestigio para señoritas gracias a una beca. La profesora de historia, que también enseñaba por la tarde en una escuela pública, hizo una suerte de experimento. Puso un examen sorpresa a los grupos de ambas escuelas; la misma prueba. Las calificaciones fueron diferentes: los de la escuela pública sacaron bajas notas.

Una estudiante de la escuela privada explicó a la profesora: “Nosotras llegamos a nuestras casas y encontramos comida, una buena cama, un lugar de estudio adecuado...”

Tal vez el laboratorio que hizo la profesora hace más de 50 años (mi amiga es una doctora jubilada) arrojó un indicador que viene operando desde hace muchos años: no se puede aprender con hambre. No importa cuántas horas dediquemos a la formación integral, a la lectura, a la ciencia y otros aprendizajes.

El experimento de la profesora no es una prueba de valor, ni un estudio científico, pero sirve para ilustrar que los niños de comunidades pobres siempre estarán en desventaja de los demás mientras su barriga esté rugiendo de hambre.

Carlos Fong, La Prensa, 26 de octubre de 2019.

* Más artículos en: Carlos Fong


Demetrio Fábrega y la lectura

Demetrio Fábrega Tengo un pequeño tesoro en la bandeja de entrada de mi correo personal: una correspondencia con Demetrio Fábrega, uno...