domingo, 26 de octubre de 2014

Narración Oral: memoria e identidad





 El pasado 22 de octubre participamos en la VIII Jornadas Hablemos de Patrimonio organizadas por el Comité Hablemos de Patrimonio en el Patronato Panamá Viejo. El tema central fue Patrimonio Inmaterial: memoria e identidad. Los expositores fueron Dagoberto Chung quien presentó un trabajo de investigación titulado: Oralidad cantera eterna, con el cual el público pudo tener un encuentro con la palabra y sus múltiples posibilidades en el folclor popular; un excelente trabajo de investigación que nos llevó por los caminos de la lingüística pasando por el sentido de pertenencia a través del lenguaje.

La otra ponencia fue de nuestra autoría y la titulamos: Representaciones simbólicas: mito y literatura en la narración oral. Nuestro trabajo intentó problematizar el tema de la oralidad en nuestro país, a la vez de hacer una aproximación de los principales elementos para un debate que a penas inicia. La moderación de la mesa estuvo a cargo de la escritora Consuelo Tomás Fitzgerald quien también  hizo un acercamiento a las nociones básicas del patrimonio inmaterial.

Ambos trabajos finalizaron haciendo una serie de propuestas para rescatar el valor social de la palabra oral, el patrimonio inmaterial y el folclor literario panameño. La participación del público fue muy positiva y quedó marcada la preocupación de que se deben tomar acciones desde las políticas de Estado y desde iniciativas particulares como el trabajo que vienen desarrollando la Red Panameña de Narradores de Historias. El papel de los equipamientos culturales, las universidades y el municipio es importante para salvaguardar la cultura oral y promover el arte de la conversación. El evento culminó con una demostración de narración oral de parte de Dagoberto Chung quien narró un canto de origen guna. Y Carlos Fong contó un cuento corto de Gianni Rodari. 

En esta edición de Mirada de Nuchu publicamos nuestro ensayo que no pudimos leer en su totalidad en la actividad por ser muy largo. No podemos publicar el trabajo de Dagoberto Chung, pues es una presentación en power point y tampoco tenemos los permisos. Agradecemos mucho al Comité Hablemos de Patrimonio por la invitación y contribuir en el posicionamiento de la oralidad en el contexto de la problemática cultural. 

CF

Representaciones simbólicas:
Mito y literatura en la narración oral
Por Carlos Fong


“Cuando el hombre sabe, crea la historia.
Cuando el hombre ignora, crea el mito”.
Federico Carlos Sainz De Robles


"Los símbolos que cada uno de nosotros lleva en sí y encuentra de repente en el mundo, los que sobresaltan su corazón al reconocerlos, son sus recuerdos auténticos. Son también verdaderos y propios descubrimientos. Es necesario tomar conciencia de que no vemos las cosas por vez primera, sino siempre por segunda. Entonces las descubrimos y, al mismo tiempo, las recordamos. (…) Solo admiramos de la realidad lo que ya hemos admirado una vez”. Esta concepción sencilla, moderna y poética del mito, hecha por Cesare Pavese a mediados del S20, quizá en otros tiempos habría provocado un interesante debate, porque el mito no siempre fue mirado desde una concepción poética, sino antropológica e histórica.
Etimológicamente la palabra mito viene del griego clásico mythos que significa fábula, relato o cuento. Para Platón muthología no significaba otra cosa que la afición a contar historias. Un mitólogo no era más que un “cuentero”, a decir de Enrique Buenaventura. Los términos mitológico, mitologizar, mitologista y mitólogo (principios del siglo 17) tenían que ver con la narración fabulosa, pero mitología y mitologizar “se utilizaban las más de las veces con sentido de interpretar o anotar los relatos fabulosos” anota Raymond Williams en su libro Palabras clave (2000).
La “interpretación mitológica” es un concepto que se utilizó en 1914 y hacia principios del S19 la palabra tomó dos tendencias: con Coleridge fue una “construcción imaginaria particular” y la revista “Westmister” acuñó el concepto en 1830 “causa en las circunstancias de la historia fabulada”. A mediados del S19 el concepto de mito era utilizado para “referirse a una invención no sólo fabulosa sino indigna de confianza e incluso deliberadamente engañosa”, es decir que tenía una connotación casi peyorativa; el mito no tenía nada que ver con la realidad.
A veces el mito alternaba con la fábula; sin embargo, había una distinción con la “leyenda”, que a pesar de ser una invención era más relacionada con la historia. Lo mismo pasaba con la “alegoría”, que aun siendo más fabulosa señalaba alguna realidad concreta. Más tarde, el mito adquirió un sentido positivo, tal vez por la ocupación que le han dado filósofos, antropólogos, historiadores y hasta poetas, incluso los narradores orales; sin tratar de exagerar, son estos últimos los que han definido mejor al mito, quizás por la estrecha relación que existe entre mito y literatura.
La palabra mito aludía en principio a la mera fábula (por lo regular pagana o profana) y era una palabra en contraste con la historia y la ciencia (de hecho aún lo es en cierta forma), más cerca de lo sagrado y lo sobrenatural, pero los intelectuales hoy día le prestan más atención y ya no ven al mito sólo como un hecho que aludía de manera alegórica a los orígenes de la prehistoria. El mito es mucho más que eso y tiene un matrimonio tácito con la literatura y es allí donde nace una relación estrecha con la realidad: la creación literaria es una mentira que dice algo de la verdadera realidad; el mito (en su visión primitiva) se crea desde el primer asombro que tenemos de la realidad cuando no la comprendemos y existe la necesidad de explicarla.
En la mitología no todo es mentira, nos dice Federico Carlos Sainz De Robles en su Ensayo de un diccionario de la literatura (1965). El mito es algo más; es algo vivo. A través de él se han explicado grandes obras de arte; se ha esclarecido la historia de naciones ancestrales; se han aclarado circunstancias sociales y sensibilidades religiosas; se han descubierto reglas morales y sociales, comportamientos y normas morales de los pueblos. La alegoría del mito es más fuerte que la realidad y es por eso que, a pesar de que la ciencia ha logrado explicar muchos fenómenos, despojando del asombro prehistórico, el hombre prefiere seguir recreando la realidad desde su cosmovisión; tal vez porque la posibilidad de asombro crea posibilidades de creación.
Quiero citar unos fragmentos del libro de Michele Craveri, Contadores de historias, arquitectos del cosmos (2012):
Los mitos son sueños “seculares de la humanidad” que dan a la sociedad cohesión, legitimidad y solidaridad a través del símbolo. Evocan la realidad en el espacio de la representación, conmueven al público y lo hacen participe de una experiencia colectiva. (…) El relato mítico es una forma narrativa de elaborar las inquietudes y las interrogantes centrales de un grupo social, paralela a otros instrumentos comunicativos, como los rituales, la música, las representaciones escénicas y la arquitectura
De allí la importancia del mito y su representación simbólica en la cultura tradicional popular. Estos símbolos están implícitos en la literatura popular, es decir, en la oralidad. Cuando contamos cuentos reconstruimos los símbolos de nuestra subjetividad. En el prólogo al libro de Sarah Hirschman, Gente y cuentos ¿A quién pertenece la literatura? (2011), Ricardo Piglia sostiene que la historia de la narración oral es la historia de cómo se ha construido cierta idea de la subjetividad. Este autor también cita al filósofo  Karl Popper quién acuñó la tesis de que lo más característico del lenguaje humano es la posibilidad de contar historias. Los seres humanos llevamos dentro un universo mítico personal que se llama memoria o, si bien prefieren, recuerdos. Cuando nos comunicamos y conversamos, compartimos historias que devienen en símbolos míticos. Los sujetos se reconstruyen a sí mismos a partir de sus propios relatos.
Aseguraba Pavese, que cada uno de nosotros, de manera individual, guarda en el interior una “riqueza interior de figuraciones” que llamamos recuerdos. Estas figuraciones se mitifican cuando las evocamos y las poetizamos; son nuestros momentos de asombro que redescubrimos cada vez que los evocamos. “Cada uno de nosotros tiene una riqueza interior de figuraciones - normalmente se pueden reducir a pocos y grandes motivos- que forman el vivero de todos sus momentos de asombro", dice Pavese y añade "La poesía busca, a menudo, renovarse, recurriendo al simbolismo, a los recuerdos de la infancia, y también a los mitos". Hay una sensibilidad espiritual y religiosa que solo es percibida por la inteligencia emocional y social de los pueblos. No puede ser explicada; es un hecho poético hipersensible.
Nuestra realidad está llena de representaciones simbólicas que usualmente los escritores utilizan para darle sentido a la realidad desde las ficciones. Por otra parte, dentro del corpus del patrimonio inmaterial,  la narración oral, ese arte milenario de comunicarnos y socializar a través de la palabra hablada, es uno de los sectores más ricos de nuestra manifestación folklórica, como afirmó Dora Pérez de Zárate en sus valiosos estudios sobre la literatura popular.
Así como en las ciencias exactas los matemáticos se han esforzado por explicar el universo, así sucede con la fábula mítica y la empresa del héroe mítico cuya riqueza simbólica no tiene ni tiempo ni espacio y sólo es atrapada por la literatura que intenta explicar su sello mítico, su aura mítica. Comparado con la ciencia es como cuando Tycho Brahe desafió la teoría aristotélica para explicar el origen del universo, luego Johanes Kepler tomó las observaciones de Brahe para plantear la órbita de los planetas en torno al sol; para que después Galileo Galilei propusiera la relatividad del movimiento de los cuerpos celestes que más tarde ayudará a Isaac Newton a formular las leyes de la dinámica a través de su famosa ley de la gravitación universal. Solo que el mito es un valor unívoco y absoluto, ocurrido de una vez por todas cuya unicidad es revalorada, sobre todo hoy día, cuando las nuevas tensiones emergentes posibilitan la cohesión de nuevas significaciones imaginarias.
La narración oral es un componente vital en la cultura popular tradicional. No sólo es reflejo de la memoria colectiva y la herencia patrimonial, también es una forma de evitar la lógica de la repetición compulsiva que no permite reflexionar el pasado y sus elementos positivos, como lo ha advertido el filósofo Paul Ricour. La narración oral permite repensar el pasado para entender el mundo actual, incluso, y vamos a ser temerarios con la siguiente afirmación: la narración oral, posibilita la construcción de los grandes proyectos utópicos políticos frustrados en el pasado. Vemos en el poder de una historia la potencialidad de repensar proyectos de vida desde la creatividad política. Es por eso que la narración oral sirve de base para los estudios etnográficos, antropológicos, psicológicos, filosóficos, lingüísticos y literarios.
En Panamá, muchos de los acontecimientos, circunstancias, valores, costumbres y normas las conocemos a través del cuento, la leyenda y la fábula. Existe un cuento del pueblo Ngöbe-Buglé que habla de la creación de este pueblo. Es la historia de la lucha de dos pueblos: los Degó y los Moing. Ambos tenían la facultad de convertirse en animales. Los Degó eran seres buenos y pacíficos; los Moing en cambio eran muy agresivos. Por lo tanto los Degó tomaban siempre formas de animales inofensivos y los Moing de animales feroces. Así las cosas los Moing perseguían siempre a los Degó para matarlos y devorarlos hasta que intervino Mirónomo Krono, Jutú Krono o Nogobó, es decir, Dios. Mirónomo Krono mandó varios cataclismos a los Moing (parecidos un poco a los diluvios bíblicos) por ser tan malos. Cada vez que caía un rayo del cielo los Moing hacían muecas a Mirónomo Krono y éste los castigaba convirtiéndolos en árboles o piedra. De allí la creencia de que en la selva hay distintos tipos de árboles, y los petroglifos, encontrados en algunas zonas de Chiriquí, fueron estas criaturas en algún tiempo mítico.
La tradición de la cultura guna es totalmente oral. Los sailagan son los ancianos autorizados para transmitir este saber oral a las nuevas generaciones. Es muy probable que la actual crisis civilizatoria cultural, como la ha llamado Patricio Rivas Herrera, técnico e investigador del Convenio Andrés Bello, haya tenido efectos en la nación dule: los jóvenes son atraídos por los espejismos de la globalización y cada vez se ve más la migración por causas laborales de éstos hacia el mundo de los waga, lo que causa un proceso de aculturación y desconexión con la territorialidad y la identidad. Esto puede ser un problema, pero peor sería que se pierda una historia oral que ha sido patrimonio de la memoria de los gunas.
Aiban Wagua recopiló, sintetizó e interpretó los elementos de la religión guna, un sistema muy complejo de símbolos y metáforas que se encuentra en el Bab Igala o Anmar danikid y que solo es transmitido de manera oral por los sailagan. En principio la empresa de crear este libro no fue del todo acogida por todos los sailagan, pero finalmente el Congreso General de la Cultura Guna lo aprobó y hoy se cuenta con un hermoso libro que representa el patrimonio del pueblo guna, su cosmovisión del universo, su pensamiento, su manera de valorar el mundo y su proyecto de vida. El libro se titula: En defensa de la vida y su armonía: elementos de la religión guna (2000). Para algunos será una mera compilación de mitos o fábulas mentirosas, pero para nosotros es un tratado que enriquece la diversidad cultural identitaria y la cohesión social en el marco de las tensiones de la globalización y la homogenización cultural.
Al inicio todo era oscuro. Una oscuridad tan densa como si le apretaran a uno los ojos con dos manos. No había sol, no había luna, no habían nacido las estrellas. Entonces Bad Dummad se dispuso a crear la tierra, Nan Dummad se dispuso a crea la tierra”, narra el inicio de uno de los textos. Más adelante se puede leer: “Baba y Nana trabajaron juntos” o “Baba y Nana crearon todo”. Para entender estas categorías, escribe Aiban Wagua, hace falta situarse desde la lógica guna, no basta los términos teológicos accidentales, hay que sumergirse en la realidad de la experiencia guna. Comparado al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de la fe cristiana, que son una y la misma entidad, para la sensibilidad religiosa guna Baba y Nana no pueden existir sin el otro; si no es así, no hay perfección: en la perfección de Nana estriba la perfección de Baba y viceversa.
Existe una necesidad de poetizar el mito. Si el hombre primitivo falseó la verdad para fundar un mito; el poeta, o mejor dicho, el escritor, poetiza el mito para llegar a la verdad, o al menos, para tener una representación de esa verdad. Es una de las razones que han llevado a muchos autores a crear personajes que devienen en mito. Tal vez el ejemplo más notable en nuestra literatura (no es el único) es Rafael, el personaje de El ahogado, la novela de Tristán Solarte.
En esta novela se puede pensar en una revaloración del mito de La Tulivieja, mito que en otras partes del istmo centroamericano tiene otros nombres como La Tepesa o la Llorona. Josefina, la madre de Rafael, tiene un encuentro amoroso con un “hombre silencioso” en un río, el hombre desaparece dejando, en principio, una atmósfera esotérica; todo parece indicar que Josefina hizo el amor con el diablo. Al poco tiempo queda en cinta y nace Rafael, la madre enloquece y es internada en el Matías Hernández. El hijo es acosado por la idea de que su madre es la Tulivieja, y que lo persigue. La obra de Solarte está llena de elementos de intertextualidad mítica. Sus personajes son sujetos del mito. De todos los estudios valiosos que hay sobre esta novela queremos mencionar en esta ocasión el estudio de la profesora Berna Burrell: Lo mítico y lo simbólico imbricado en la realidad: la ilusión ficcional de El ahogado. La profesora Burrell hace un interesante análisis del corpus de la novela e identifica los elementos intertextuales del relato folclórico de la Tulivieja en la obra de Solarte. (El ensayo fue publicado en la Revista Iberoamericana, Nº 196, 2001 y en el Boletín de la Academia Panameña de la Lengua. Nº3, sexta época, 2003).
Existen antologías de autores panameños que han tratado de compilar nuestras leyendas y cuentos folclóricos. Quién puede olvidar las experiencias escolares con las Narraciones Panameñas de Berta María Cabezas. Los libros: Cuentos panameños de la ciudad y del campo de Ignacio de J. Valdés; las Tradiciones y leyendas panameñas de Luisita Aguilera Patiño; Leyendas e Historias de Panamá La Vieja de Ernesto J. Castillero, las Veintiséis leyendas panameñas de Sergio González Ruiz; y los Cuentos folklóricos de Panamá de Mario Riera Pinilla recopilan leyendas y cuentos folclóricos de gran valor para la identidad nacional. Más recientemente, en 1994, Juan Antonio Gómez publicó el libro El cuento panameño de tema campesino. En esta antología Juan Gómez hace un valioso recorrido por el cuento panameño desde Salomón Ponce Aguilera (el primer escritor panameño que publica cuentos. La primera mujer en escribir cuentos propiamente tales es Graciela Rojas Sucre, no Luisita Aguilera P., como algunos piensan), pasando por Ricardo Miró, Ernesto J. Castillero R., José María Núñez, Moisés Castillo, entre otros. Pero lo interesante para nosotros es cómo muchos de los temas de estos cuentos son una muestra representativa de las costumbres, creencias y mitos que configuran las representaciones simbólicas del ser panameño.
Juan Antonio Gómez también hace una representación y revalorización de la leyenda de La india dormida en otro libro: Del tiempo y la memoria. Lo que hace Gómez es poetizar el mito de esta leyenda a través de la recreación literaria. José Gabino Rivera publicó, en el año 2000, una obra titulada Cuentos y leyendas del folklore panameño. Aunque el libro adolece de la falta de un estudio, este escollo se perdona cuando nos encontramos con una serie de cuentos y relatos que van desde las fábulas de Tío tigre y Tío conejo, hasta casos  y  sucesos de la Semana Santa y leyendas que no conocíamos como La niña que se volvió paloma de montaña. Otro atributo de este libro es que fue creado de un trabajo de campo que recopiló el autor de cuenteros de Dolega, Tolé, Macaracas, Bugaba, Renacimiento, Soná, Barú y Santa María; un trabajo que hay que hacer a lo largo de la nación.
Nuestra tradición oral es muy rica en torno al tema del mito. Existen muchos estudios de tesis que recopilan información valiosa. Los informantes generalmente son los abuelos; la memoria viva de los pueblos. Uno de los trabajos más valiosos es de Dora Pérez de Zárate: La saga panameña, un tema inquietante. Aquí la doctora Zárate logra compilar una muestra muy representativa suministrada por los informantes sobre personajes sobrenaturales (como la Tepesa, por ejemplo) que ella prefiere enmarcarlos bajo el concepto de “saga” y no “mito”, dado que para la doctora Zárate la “saga” pertenece a un sector más abarcador que incluye las creencias. En este sentido tiene razón ya que muchas de esas “creencias” no sólo devienen en mito, sino en leyendas y cuentos que son estructuras algo más complejas.
De la interpretación, valoración, conocimiento y respeto que tengamos de los mitos depende el aprecio hacia nuestra identidad. Hay una necesidad religiosa de crear los mitos; hay otra necesidad científica de interpretar los mitos y hay una necesidad cultural de practicar el ritual del mito; pero nosotros nos atreveríamos a nombrar una cuarta: la necesidad de aceptar el mito como una realidad que nos ayuda a sensibilizarnos y trascender en lo que nosotros pensamos es la verdadera realidad. Aquí el papel de los narradores de historias juega un papel muy importante, porque nosotros conectamos la realidad del mito con la realidad social.
Quiero citar otra vez a Michele Craveri: “El mito y el símbolo pertenecen a la sustancia de la vida espiritual de todas las culturas y forman modelos de comprensión y de comunicación de las incógnitas de la vida humana”. La narración oral nos permite tener una imagen de nuestros códigos sustanciales y de esos modelos de comprensión. Pero tenemos que re-mirar y re-pensar el valor social de un cuenta-cuentos. Necesitamos re-construir la imagen ideal de lo que es un cuenta-cuentos. Y creo que esa imagen se construye a partir de una experiencia con el símbolo y el mito.
Es por eso en que insistimos en el valor social de la palabra desde la oralidad. Cuando nos referimos a la noción social de la palabra, aludimos al acto de recuperación y posicionamiento de la cultura a través de la palabra oral y escrita; ese acto antropológico, filosófico y poético que tiene lugar de manera implícita en los procesos sociales; la importancia que tiene en la construcción de subjetividades el simple hecho de conversar y relatarnos historias; el rol social de los cuentos, mitos y leyendas como depositarios de la memoria y la identidad es insuperable. El acto de conversación entre las personas ayuda a repensar su realidad y a hablar de sus problemas. En varias ocasiones, después de contar un cuento, se me nos han acercado adultos para decirnos que el cuento “me recordó algo…”.
Con la narración oral rescatamos la memoria colectiva y fortalecemos el imaginario y la creatividad. Y al reforzar el imaginario despertamos la creatividad y dotamos de sentido de pertenencia a las personas. Con la narración oral sensibilizamos, de manera integral, una serie de conexiones éticas y cívicas que crean empatías. La gente se identifica con las historias y se reconocen.  Somos convencidos de que con los cuentos se puede educar en la construcción ciudadana sin la necesidad de hacer de los cuentos una experiencia religiosa o moralizante. Hemos aprendido a contar cuentos que nos permiten luego trabajar sobre temas complejos como la política, las sexualidades, el cuerpo, el liderazgo, el trabajo en equipo, la otredad; o temas escabrosos o inquietantes como el divorcio, la muerte, el bullyng, la homofobia, las discapacidades, la obesidad, las adicciones, los conflictos y muchas otras nociones y conceptos que son muchas veces un tabú en nuestras instituciones.
Con la narración oral podemos trazar ejes transversales con distintas disciplinas que nos pueden ayudar a recuperar los anclajes cívicos y darle valor real a los valores que hoy día ha perdido sentido. Educar con los cuentos es posible para construir una nueva ecología humana diseñada para compartir saberes. Volver a conversar y contarnos historias puede ayudar a que los espacios de integración que están menoscabados como la familia, la escuela, el barrio, recuperen su valor social. Pero para eso tenemos que abrirle espacio a la narración oral y darle un lugar en los procesos culturales.
Carecemos de festivales, congresos y encuentros para la oralidad. No hay espacios ni colecciones para la investigación. Carecemos de un Centro de Estudios Folklóricos o de un Centro de Estudios de Investigaciones y Estudios Culturales. Sería de gran utilidad un Revista de Tradiciones Panameñas, para dotar de acervo literario a nuestros docentes. Apelamos a que el Ministerio de Educación incluya en el currículo escolar la lectura de algunos de los textos que citamos en este trabajo. Los informantes únicos y más valiosos, que son la memoria viva de los pueblos,  nuestros ancianos, se están muriendo y no se registran sus conocimientos pese a las facilidades de la tecnología. Cuenteros, curanderos, repentistas, talladores, pujadores entre otros maestros de nuestro patrimonio inmaterial, desaparecen. No sólo cuentos, mitos y leyendas, también recetas, ceremonias, rituales, canciones, adivinanzas, refranes, rondas, dichos, casos, anécdotas, son parte del rico patrimonio cultural de nuestra memoria e identidad y es menester rescatarlos. De lo contrario, la soledad, el ruido y el silencio tomarán su lugar.
Sala de uso múltiple, Patronato Panamá Viejo, 22 de octubre de 2014.

sábado, 11 de octubre de 2014

Jornadas Hablemos de Patrimonio: Narración Oral: Memoria e identidad

Nuevamente nos dirigimos a ustedes para invitarlos a participar de la iniciativa independiente, Jornadas Hablemos de Patrimonio. El tema de la Octava Jornada Hablemos de Patrimonio 2014 es el Patrimonio Inmaterial, bajo el título, Narración Oral: Memoria e identidad.

El objetivo de las Jornadas Hablemos de Patrimonio es crear conciencia en el público general, difundiendo conocimiento en torno a los temas de la cultura y el patrimonio. Para esto, nuestro Comité Hablemos de Patrimonio coordina eventos mensuales, gratuitos y abiertos al público en general; en ellos presentamos a panelistas destacados en diferentes temas, en sitios relacionados con la cultura y el patrimonio. En esta ocasión, los invitamos a la Sala de Uso Múltiple en el Centro de Visitantes del Patronato Panamá Viejo.

Para reflexionar con la valiosa participación de todos ustedes, sobre la narración oral como vehículo de nuestro patrimonio inmaterial, que es nuestra memoria y nuestra identidad, contamos con los auspicios de la Red Panameña de Narradores de Historias, la Biblioteca Nacional de Panamá Ernesto J. Castillero, AlterArte, el Patronato Panamá Viejo y el Comité Hablemos de Patrimonio. La Jornada Hablemos de Patrimonio, "Narración Oral: Memoria e identidad", tendrá lugar el día miércoles 22 de octubre de 2014 a las 6:30 p.m., en la Sala de Uso Múltiple en el Centro de Visitantes del Patronato Panamá Viejo, al final de la Vía Ernesto T. Lefevre sobre la Vía Cincuentenario y junto a la Estatua de Morelos, en el corregimiento de Parque Lefevre de la Ciudad de Panamá. Adjuntamos un croquis para mayor información.

En esta ocasión contamos con la participación de Carlos Fong, quien nos expondrá la ponencia Representaciones simbólicas, mito y literatura en la narración oral; también contamos con la participación de Dagoberto Chung, quien disertará el trabajo Oralidad cantera eterna. Los acompaña Consuelo Tomás Fitzgerald, nuestra moderadora en esta Jornada, que como siempre está dedicada a todos ustedes. Con esta Jornada, queremos darles a conocer los esfuerzos que se están haciendo a nivel nacional para rescatar la tradición oral, y hablarles de su rol en la conservación en la memoria e identidades de los grupos y pueblos. Nuestros expositores Carlos Fong y Dagoberto Chung nos van a contar historias y anécdotas que reflejan vivencias de algunos de los grupos humanos que viven en Panamá. ¡Será muy interesante!

Encontrarán adjuntos a este mensaje el anverso y reverso de la tarjeta de invitación, con los detalles sobre las charlas, y biografía corta de cada una de nuestros expositores, y de nuestra moderadora, así como un pequeño croquis para hacerles la llegada al Centro de Visitantes del Patronato Panamá Viejo fácil y conveniente.

La entrada es totalmente gratis; quedan muy cordialmente invitados. Vengan y escuchen, pregunten, entérense de mil cosas interesantes; vengan con nosotros y otra vez hablemos de patrimonio.

Cordiales Saludos,

Comité Hablemos de Patrimonio
jornadashablemosdepatrimonio@gmail.com
facebook.com/JornadasHablemosDePatrimonio


domingo, 14 de septiembre de 2014

Un país para la convivencia: Espacios para el deseo Parte II


Por Carlos Fong

En el seminario de gestión cultural realizado por el Municipio de Panamá, Tulio Hernández dijo que la ciudad también debe de ser un espacio para los deseos. En una ciudad donde no existen espacios públicos destinados para el encuentro creativo y la convivencia, la capacidad para soñar es menoscabada. En las localidades vulnerables los sueños son frenados por la violencia, la pobreza y la desigualdad; las relaciones con el prójimo, el otro,  se tornan adversas, y no permiten la convivencia pacífica, lastimando los lazos sociales.

Por un lado, ha imperado la falta de voluntad y de imaginación política de parte de las autoridades que no invierten en el desarrollo cultural; la gente no tiene a donde ir para compartir saberes, ideas o pensamientos, espacios para conciliar problemas y tomar decisiones o, simplemente, para tener una experiencia distinta. Y por otro lado, también hay un abandono de responsabilidad cotidiana de los habitantes; la gente opta por ser “habitantes” y no “ciudadanos”.  No hay compromiso, no hay respeto, no hay tolerancia y no hay sentido de pertenencia; ni causas ni proyectos por los cuales luchar. Sólo existe el aquí y el ahora,  un presente donde la supervivencia es la prioridad.

La ciudad es una construcción física y social que tiene muchos relatos implícitos. Pero la lectura de la ciudad que tenemos es un relato de violencia y conflicto. Es la historia de una ciudad hostil donde el miedo está ganando espacio. Urge entonces, antes de que sea demasiado tarde, descubrir otras narrativas, incluso, reconstruirlas a partir de la necesidad y la carencia. La necesidad y la carencia son referentes que posibilitan diseñar acciones para trabajar sobre problemas puntuales en las localidades. Las ideas y los proyectos nacen de las necesidades. Pero para eso necesitamos espacios, espacios para construir deseos.

La ausencia de espacios públicos que provoquen el deseo sano capaz de hacer pensar proyectos de vida se sustituye por el deseo de poseer y destruir. Los barrios son arenas de conflictos y prisiones, donde los más vulnerables, los jóvenes, son atrapados por los flagelos de las drogas y la delincuencia. Las ciudades no sólo necesitan buenos servicios básicos; también necesitan de la cultura y el arte. Hay referentes de ciudades muy peligrosas, donde la criminalidad estaba ganando, y se apostó por la cultura logrando importantes cambios (Medellín, por ejemplo, es el más citado).

Cuando Tulio Hernández habló de la ciudad como texto, imaginé sus narrativas. Muchas de ellas en conflictos, pero donde las tensiones permiten pensar en acciones. Por ejemplo, la ciudad como historia y memoria, nos permite volver conversar de cómo era el pasado y preguntarnos si podría “volver a ser”. Colón, por ejemplo, ¿podría volver a ser la tacita de oro?

La ciudad como espacio para la circulación de conocimiento. ¿Será posible que la gente comparta sus ideas, sus saberes, sus experiencias? ¿Qué puedan ser protagonistas de sus propias decisiones?, ¿Qué puedan elegir juntos, construir juntos? Cuando trabajamos con niños y jóvenes, descubrimos que son capaces de trabajar en equipo, construir y tomar decisiones. Saben que son parte de un juego, de una propuesta, y tácitamente descubren que pueden trabajar mejor si piensan juntos. Esto desde un espacio institucionalizado como la escuela. ¿Qué cosas podríamos descubrir en una reunión de adultos en la biblioteca, por ejemplo?


La ciudad mirada desde la relación con el otro, tanto del más próximo como el vecino o el más lejano como el inmigrante. Hoy, que está en conflicto la famosa construcción sintáctica: “crisol de razas”, deberíamos preguntarnos si hasta ahora nuestra tolerancia no ha sido una especie de relativismo moral o si hemos llegado al punto de poder valorarnos y pensar en nosotros mismos, y si es así, por qué no podemos tolerarnos nosotros mismos. Qué podemos aprender de los múltiples rostros que se desdibujan en una ciudad indiferente.

Deberíamos, a estas alturas, de saber qué ciudad queremos. Lo voy a expresar como si fuera un cuento: Dicen los que saben y saben los que cuentan (entre ellos Antonio Matos y Tulio Hernández, con quienes cerraré este artículo) que los territorios se condicionan según las necesidades y aspiraciones humanas, y los cambios sociales y económicos. Por eso han existido ciudades medievales, ciudades burguesas, ciudades renacentistas, ciudades industriales, ciudades de posguerra, ciudades posmodernas, incluso ciudades globalizadas. Pero también, dicen los que saben y saben los que cuentan, que existen las ciudades creativas y educativas. Tulio Hernández nos habla de las ciudades fénix.

Tengo la sospecha de que estamos empeñados a vivir en una especie de ciudad medieval; luchando y defendiéndonos de enfermedades como la fiebre chikungunya. Un mal que tiene el remedio más fácil: la limpieza. Pero preferimos dejar que la basura nos ahogue y culpar a las autoridades, porque elegimos cotidianamente ensuciar. Podemos tener una ciudad creativa con la ayuda de las autoridades, pero el trabajo principal, a mi manera de ver, será en saber tomar decisiones, saber elegir la ciudad deseada. Dice Lala Deheinzelin, que no basta con contar con la conciencia para movilizar hacia la acción; hace falta sentir. Tenemos que aprender a sentir. En lo personal, pienso que es lo que deberíamos enseñarle a los niños y jóvenes, a los padres de familia y docentes, incluso a los políticos.

Quiero terminar citando un fragmento de un trabajo de Antonio Matos, Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Almada, una ciudad portuguesa que apostó por el desarrollo y la educación como ejes fundamentales de las políticas locales. En Almada las autoridades asumieron la cultura como área nuclear del desarrollo local y con una orientación gubernativa que se estructuró en seis grandes líneas de acción. Las quiero citar textualmente, porque creo que pueden servir de ejemplo y adaptarse a nuestra realidad.


1. Preservación y valoración de la herencia histórica y patrimonial: Recuperación y re-funcionalización de edificios con valor patrimonial, intervenciones arqueológicas, revitalización de enclaves con valor históricos, preservación del acervo documental histórico, preservación de las memorias y de las tradiciones locales, fiestas tradicionales, días conmemorativos;

2. Valorización de las dinámicas culturales y de participación: Apoyo a las asociaciones locales de cultura popular, apoyo a los movimientos asociativos juveniles, apoyo a las actividades de animación y ocio, apoyo a las diversas formas de expresión artísticas, especialmente las relacionadas con las culturas regionales y de otros pueblos residentes en Almada, incentivos a la diversidad de proyectos culturales;

3. Incentivos y apoyo a proyectos formativos formales e informales de educación a lo largo de la vida: Formación de los agentes culturales, formación artística en los sistemas regulares de enseñanza, apoyo a la instalación de escuelas artísticas en las varias áreas-música, artes visuales, conservación y restauración- apoyo a la universidad sénior, formación dirigida a lo más jóvenes y apoyo a proyectos artísticos presentados por los jóvenes;

4. Construcción de una red de equipamientos municipales: Red de bibliotecas, red de museos, centros de exposiciones, centros de arte contemporáneo, teatros municipales, casas de la juventud, conservatorio de música, reconversión y recalificación de los espacios asociativos con funciones recreativas y culturales, red de espacios municipales de acceso a la información;

5. Incentivo a la creación y a la producción culturales: Apoyo a las compañías de teatro y de danza, apoyo a los grupos de teatro, apoyo a los grupos corales y de música moderna, apoyo a la bandas filarmónicas, incentivos a la creación literaria , apoyo a la edición de trabajos sobre el distrito, apoyo a las artes plásticas y la fotografía;

6. Acceso a los bienes culturales y afirmación de la ciudad en la ruta de la cultura: Apoyo a la organización de festivales de teatro, de danza, de arte para el público infantil, organización de muestras de teatro, de música, organización del festival Cantar Abril, proyectos de animación urbana y de espacios públicos.

  El documento sobre la ciudad de Almeda lo pueden encontrar en los Papeles Iberoamericanos, V Campus Euroamericano de Cooperación Cultural, OEI y los trabajos de Tulio Hernández tienen más referentes de ciudades que han apostado por el desarrollo cultural como herramienta de cambio.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Panamá dice SÍ a su historia


Por Ricardo Arturo Ríos Torres

El Canal es nuestro, lo administramos mejor que los estadounidenses con eficiencia y seguridad. Hoy comemos soberanía,  pocos, muchísimo. La mayoría espera una distribución con justicia social. Hoy el crecimiento económico es envidiable a nivel latinoamericano. Somos un país próspero y con un futuro de grandes posibilidades de una democracia participativa. El presente que disfrutamos se lo debemos a la lucha heroica de la juventud panameña.

El acto separatista de 1903, propicia el nacimiento de una república manca, coja y tuerta. El Tratado Hay-Bunau Varilla  impuso una relación de protectorado,  con un enclave colonial a perpetuidad. Las  bases militares  del imperio de Wall Street, en todo el territorio nacional nos hicieron un país ocupado, intervenido en nuestra vida cotidiana. Los zonians con su agresión psicológica nos hicieron creer, que la región canalera, era un área vedada a los descendientes de Quibián, Urracá, Bayano y Victoriano Lorenzo. El gold roll y silver roll fueron la expresión máxima de su apartheid. La discriminación era la norma.

Los panameños con dignidad, honor y determinación iniciamos una gesta cidiana y quijotesca. Actuamos con plena conciencia de un proceder justo y patriótico, sin odios ni rencores,  sin  violencia,  siempre cívicos y pacíficos al estilo de Gandhi, Luther King y Mandela.

 La épica de la soberanía surge  cuando se firma el Panamá Cede. Los poetas y narradores, como Amelia Denis de Icaza, Gaspar Octavio Hernández, Rogelio Sinán, Joaquín Beleño  enriquecen el alma nacional.  Eusebio Morales, Guillermo Andreve, José Dolores Moscote y Manuel Roy hacen del Instituto Nacional el eje emocional de la nacionalidad.  Acción Comunal dirige el rechazo popular contra el Tratado Kellog-Alfaro de 1926. La Federación de Estudiantes y el Frente Patriótico de la Juventud le dicen NO al Convenio Filós-Hines de 1947. La Generación de 1958,  el 2 de mayo de ese año, siembra banderas panameñas en la Zona del Canal. En 1959 se da la gran marcha patriótica en la Avenida 4 de julio, hoy Avenida de los Mártires. Y el 9 de enero de 1964 se inicia la auténtica independencia que se concreta con el Tratado Torrijos-Carter y la eliminación del enclave colonial con su perpetuidad y zonians, el Canal es panameño.

Panamá es una nación aluvional, la más antigua de Tierra Firme, con un devenir de más de 500 años. Panamá es su geografía, historia, literatura, folclor, con una  identidad múltiple, y una cultura pluriétnica, somos muchos rostros en uno.  Y la cátedra de Panamá con los Estados Unidos con el aval de la intelectualidad universitaria, representada con Ernesto Castillero Pimentel y Julio Linares,  recoge el sentimiento de una comunidad  orgullosa de su identidad y memoria histórica, La cátedra suma el imaginario de panameños ejemplares como Belisario Porras,  Octavio Méndez Pereira, José Daniel Crespo, Ricaurte Soler, Roque Javier Laurenza, Acracia Sarasqueta, Gumercinda Páez , Sara Sotillo,  Jorge Illueca, Carlos Iván Zúñiga y muchos otros que fortalecieron nuestro sentido de pertenencia.


La restauración de la Cátedra por el Meduca es el mejor homenaje a los Mártires de Enero y el desagravio a una ciudadanía ofendida cuando se eliminó como consecuencia de una postura antinacional y antipatriótica.


Celebrando el Día Internacional de la Mujer Indígena


También, celebrando el Día Internacional de la Mujer Indígena, otros enlaces que remiten a trabajos de investigación realizados por los estudiantes de la Universidad Latina de Panamá. 

http://icd.ulatina.ac.pa/wp-content/uploads/2014/09/Trabajo-Final-Ley-Minera-SM-Smith-Osvaldo-Valenzuela-Zianeth.pdf

http://icd.ulatina.ac.pa/2014/09/03/quien-fue-la-senora-de-cao/

http://icd.ulatina.ac.pa/wp-content/uploads/2014/09/Corazon_Tranquilo_Final.pdf

Este último  es una investigación formativa que Gloria Young realizó con sus estudiantes y donde podrán leer testimonios y entrevistas aleccionadoras. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

Un país para la convivencia: Reflexiones para despegar (Parte I)

Por Carlos Fong

Mejor que tener una buena casa es tener una buena ciudad”. Con esta cita empezó Tulio Hernández, especialista venezolano en temas de cultura, el taller: La Gestión Cultural del Municipio y la Ciudad, el pasado 21 y 22 de agosto. El taller fue convocado por el Municipio de Panamá con el apoyo del INAC. Me parece que el aforismo no era de Tulio, pero no recuerdo la referencia de la cita. Sin embargo, sirvió para abrir el marco de muchas reflexiones que creo valen la pena para que repensemos la importancia de la cultura y su relación con la ciudad para asegurar la convivencia en ella.

El taller abordó un interesante contenido que iba desde el “nuevo lugar” de la cultura, la ciudad como actor político, la comprensión cultural de la ciudad: la ciudad desde la literatura, la semiótica, los imaginarios, el consumo cultural y el pensamiento social; las políticas culturales en el escenario urbano y municipal: memoria, pertenencia, cohesión social, creatividad artística y espacio público; las diversas modalidades de intervención: la recuperación de centros históricos, los grandes eventos como pretexto, los planes estratégicos y los planes de desarrollo cultural, el marketing cultural, los centros de arte como revitalizadores del tejido urbano y la reconquista del espacio público.

Uno de los temas discutidos fue la noción de convivencia: si no se cumplen las normas no hay convivencia. Se dijo que las ciudades también tienen patologías igual que las personas. Somos de los que manejamos la tesis que Panamá es una ciudad enferma y me temo que la enfermedad se está corriendo por todo el cuerpo: el país. Esta enfermedad hay que atenderla con un tratamiento que se llama: “Construcción ciudadana”. Hay que cambiar la ciudad, pero también hay que cambiar a la gente, se concluyó. De habitantes a ciudadanos; un ciudadano es sujeto de derecho, pero también tiene deberes y responsabilidades.

Debemos reconocer que somos un país enfermo. Con muchas patologías que, incluso, nos están llevando a tomar malas decisiones, como “la mano dura” como solución única para la violencia. La enfermedad está en todos los sectores. El vacío de convivencia sana no sólo existe en áreas vulnerables, el barrio o el ghetto; en las empresas miran al trabajador como un gasto y no como sujeto esencial de la producción; en las instituciones públicas los funcionarios son subalternos condenados al atraso donde las palabras emprendimiento y creatividad no tienen sentido; los medios de comunicación tienen más espacio para el horóscopo, la farándula, los hechiceros, la violencia y la chabacanería que para programas que hagan docencia en ciudadanía. Todo esto configura una ciudad y un país hostil donde las normas y la convivencia friccionan creando escisión y no cohesión social.

Una ciudad pensada desde el desarrollo cultural podría ayudar a tomar decisiones políticas que construyan un escenario propicio para la convivencia. Estamos hablando de la cultura como herramienta de cambio, algo que ya es un estribillo en nuestro discurso. Se trata de edificar una estrategia desde la cultura que articule las distintas competencias culturales. Los resultados de un plan estratégico no se verán a corto plazo, porque cambiar el chip de los habitantes para que se conviertan en ciudadanos tomará tiempo.


Ya empiezan a cuestionar a las autoridades del nuevo gobierno porque, dicen, va muy lento. No estoy de acuerdo del todo. La gente quiere cambios, quiere mejoras, pero no se reflexiona en que Panamá es un país enfermo donde todo el mundo hace lo que le viene en gana. Este escenario no favorece las normas de convivencia. El gobierno puede actuar de manera rápida atendiendo temas puntuales, pero si las personas no se esfuerzan ni siquiera para cuidar una parada de bus o dejar de tirar basura, es como arrojar perlas a los cerdos (perdón por la imagen). Para ser ciudadano, hay que asumir responsabilidades y participar del cambio.

Al gobierno le aconsejamos que urge construir esta estrategia cuanto antes y sumar al sector cultura. Vemos, por ejemplo, cuando se toca el tema de resocialización de los jóvenes infractores, que se llama al MIDES y a la Policía  Nacional, pero al sector cultura no se le consulta. Mientras la cultura no sea pensada como herramienta de cambio social estaremos arando en el mar. Los programas culturales de construcción ciudadana son vitales para una ciudad y un país de convivencia. Tomará su tiempo, pero se verán los resultados con los años; ahora lo importante es actuar. Para mañana será tarde.

viernes, 15 de agosto de 2014

Notas para celebrar la ausencia


Por Carlos Fong

Con el permiso de todos. He leído algunos comentarios a raíz de un twitter de Ricardo Martinelli. Mucha gente a favor del expresidente porque, según él, la celebración, organizada por las actuales autoridades, no fue para el pueblo, sino algo muy exclusivo. Debo admitir que no me invitaron, pero eso no me ofende ni me quita un gramo de buen panameño y, sinceramente, creo que la decisión de no hacer algo masivo (en las escalinatas de la administración del canal o en un estadio, por ejemplo) fue sabia. El exmandatario con sus secuaces lo hubiera hecho de seguro así: despilfarro de tarimas con una parranda en un estadio con cerveza, comida chatarra y  regueseros, de seguro. Y al día siguiente estarían las hormigas del aseo recogiendo la basura dejada por el PUEBLO.

Me van a disculpar. Yo soy pueblo. Vivo en los suburbios y ando en bus. Yo quiero a mi país y me siento orgulloso de ser panameño y del Canal; pero seamos sinceros: la masa no sabe celebrar estas cosas si no es con guaro y campana, días puentes para irse a jumar a la playa, etc. No nos han educado para valorar lo que tenemos y lo que somos. Tenemos un sistema educativo dogmatizado y atomizado, y las instituciones de poder controlan a la masa para que sea inculta.

Ahora, esta reflexión, en torno a la fiesta, en especial esta fina fiesta que vimos en TV, cobra sentido para mí en la medida en que me ayuda a dejar en evidencia las carencias y necesidades que poseemos. En lo personal, a mí me gustaría, sueño, más allá de los fuegos artificiales y el esplendor, con tener las autoridades que realmente honraran la memoria histórica de mi patria. Aquí algunas ideas que escribí en el twitter:

1. Yo celebraría los 100 años del @canaldepanama leyendo en las escuelas a Gil Blas Tejeira, a Diana Moran, a Orestes Nieto y a Joaquin Beleño (hay muchos escritores más).

2. Yo celebraría los 100 años del @canaldepanama devolviendo la cátedra de Relaciones entre Panamá y USA por respeto a la historia @JC_Varela

3. Yo quisiera celebrar los 100 años del @canaldepanama tomando al menos el 1% de las ganancias del canal para invertirla en cultura.

3. Yo celebraría los 100 años del @canaldepanama rescatando el Teatro Balboa que está completamente descuidado.

4. Yo celebraría los 100 años del @canaldepanama construyendo bibliotecas y equipamientos culturales dignos en Panamá.

5. Yo celebraría los 100 años del @canaldepanama editando una bibliografía de la nacionalidad muy popular para que sirva de acervo a los docentes de mi país.

6. Yo celebraría los 100 años del @canaldepanama con un macro proyecto cultural para rescatar la memoria oral y el patrimonio intangible de mi pueblo.



Puedo seguir...pero no sé si valga la pena. Realmente me siento fatigado. Panamá es un país hostil a la cultura y amante de los fuegos artificiales el lujo y el esplendor.  No le doy la razón al Loco; de ninguna manera. Todos los discursos oficiales son lo mismo, siempre. Mi deber como escritor y un intelectual que no practica la política partidista, es pensar y tratar de hacer pensar a la masa. Creo, firmemente, que hasta que no comprendamos o aceptemos las cosas que realmente importan y nos hacen falta como sociedad, seguiremos construyendo mentiras y castillos en el aire. Yo, realmente, tengo muchos motivos para celebrar, pero cuando levanto la mirada siento espanto y se me escapan las ganas.