miércoles, 31 de agosto de 2016

Aviones dentro de la casa

El martes 16 de agosto presentamos la novela Aviones dentro de la casa en el marco de la XII Feria Internacional del Libro de Panamá.


Aviones dentro de la casa mereció el Premio Sagitario Ediciones de Novela Corta 2016.

El jurado compuesto por los escritores: Irina de Ardila, Eduardo Soto y Joel Bracho Ghersi destacá en el fallo:

La novela se destaca por estar bien tramada, con un diestro uso de diversas voces narrativas que conforman una lúcida obra coral, con especial énfasis en la sutileza con la cual repiensa la historia desde los aparejos de la literatura. Algo que nos hace concluir que nos encontramos ante una pluma profesional, es la maestría con que perfila los personajes a lo largo de la obra, sobresaliendo la sólida del narrador principal".


Aviones dentro de la casa es una historia enmarcada en el contexto de la invasión del ejército norteamericano a Panamá en 1989, desde la mirada de la mujer y su circunstancia existencial.

El siguiente texto es el trabajo que preparó Eduardo Soto, periodista y escritor, para la presentación de la obra.

CF


Aviones dentro de la casa: la cicatriz de Carlos Fong
Por Eduardo Soto P.


Por algún lado leí que las cicatrices son la prueba de que el pasado sí existió; que no fue una ilusión…

Aviones dentro de la Casa es una cicatriz de Carlos Fong…, de esas cicatrices que se llevan en el alma y que son tan difíciles de distinguir… Pero que cuando afloran como con esta obra, hacen que las nuestras se abran y nos ardan.

Los panameños hemos hecho del olvido un narcótico, y la novela de Carlos viene a ser algo así como un antagonista de los soporíferos en esta sociedad que tiende al aturdimiento para huir de los compromisos.

Aviones dentro de la Casa es un rayo de luz en medio de la noche en la que pretendemos vivir. Nos quita los antifaces, las orejeras y los bozales.

Sé por qué digo esto, porque yo mismo —y voy a hacer una confesión pública ahora— yo mismo como jurado del premio Sagitario Ediciones a la mejor novela corta del año 2016, llegué con esta novela, pero también otras propuestas, a la mesa de deliberación. La razón por la que no tenía este libro como única opción ganadora era una: el tema de la invasión estadounidense de 1989 a Panamá, decía yo, es algo manido, lejano, difuso y agotado. Eso a pesar de haber vivido en carne propia sus hechos y sus ecos. En mis supuestos creativos, me parecía que era un capítulo que la literatura panameña debía superar.

Enrique Jaramillo Levi (izq), Carlos Fong (centro)
 y Eduardo Soto (der)
Pero el rayo de Carlos Fong iluminó mi noche. Fue una epifanía. Durante el conversatorio que tuvimos los jurados, lo de Fong fue quitando las costras de mis prejuicios.

Entendí que quienes nos miran desde fuera están hechizados, quieren beber de nuestras heridas, y  todavía la literatura panameña tiene deudas con ellos, aunque tal vez es más una deuda con nuestros propios dolores y nuestras propias  incertidumbres.
El público compartió sus apreciaciones.
Por otro lado -para mí el mejor de todos los lados- es que pude comprender que la cuestión de nuestros muertos en la invasión y los argumentos que tuvimos y tenemos como país no son un capítulo, sino una novela que todavía tenemos que contar entera. Aviones dentro de la Casa es un punto de vista -inusitado, puro, estructurado con transparencia y cruda humanidad, sí—, pero es eso, una versión de lo vivido, contada con buen talente. (Es ese tipo de novela histórica con el ingrediente necesario de testimonio que la hace deleitable). Pero a la invasión hace falta contarla TODA —desde la literatura, sin panfletos ni conclusiones apresuradas—. Gracias a Aviones dentro de la Casa entiendo que no puedo como escritor, y menos como panameño, pretender no formar parte del esfuerzo, ya sea como lector, como investigador… o como narrador.

Robert Louis Stevenson dijo que no hay que juzgar cada día por lo que cosechas, sino por las semillas que siembras. Carlos Fong sembró la luz en mí. Ese es mi testimonio. ¡Gracias, Carlos!

Pero mi querido Carlos es demasiado hondo y sagaz como para quedarse en los episodios, o en un tema fijo del calvario republicano. Dije un poco antes que la considero de alguna manera una novela testimonial. Lo interesante es que el autor tiene la versatilidad para contar lo vivido desde diferentes ángulos y con diversas voces, y el testimonio se convierte entonces en un quejido coral.

El valor universal —a mi juicio— es que en sus indagaciones, Carlos Fong consigue responder desde su cosmos particular a las preguntas universales de la novelística: ¿Qué es el hombre? ¿Qué es  la vida? ¿Y la muerte? ¿Qué es el miedo?

En esta novela Carlos nos dice que el miedo es el escalofrío que entra se te mete hasta  los huesos cuando no sabes qué va a pasar con tu familia si a ti te matan. La invasión a Panamá de 1989 estuvo plagada de esos miedos.


La sala Bejuco-Chocoe estuvo llena el
16 de agosto de 2016.
Aviones dentro de la Casa, además de ricos amarres oníricos, torrentes de monólogos interiores y por momentos acción sicológica trepidante, también tiene un capítulo 20 que les invito a leer por su bella carga poética. Si hoy mismo a algunos de los presentes nos dicen que vamos a morir, y que solo tenemos unos cuantos minutos para leer lo que queramos, recomiendo que sea el capítulo 20 de Aviones dentro de la Casa. Es una pieza que a mí —poeta frustrado— me dejó babeando. Es una bocanada de aire fresco, a la vez que eslabón precioso justo en la mitad del libro, que encadena todo el conjunto de la obra y la encamina hacia el desenlace, tanto en la ficción, como en la vida real.

Carlos Fong
Cierro con la cuestión inicial, sobre invasión estadounidense de 1989 a Panamá. Sabemos que no se ha cerrado el círculo en lo político, lo económico y menos en lo social de este acontecimiento conmovedor. Esto nos tiene huérfanos de respuestas vitales. Los literatos panameños (y perdonen que me incluya en ese selecto grupo) seguimos mirando para otro lado, ignorando la montaña que está en medio del camino, y que es una deuda que tenemos con un mundo en ascuas, que sigue esperando por nosotros. Si no emprendemos la tarea de irnos alma adentro en nuestro ser ciudadano para hacer los hallazgos pertinentes y contarlos a la aldea global —desde una literatura madura, bien pensada y de alta calidad—, terminaremos diciendo lo que Ricardo le dice a Paolo en Aviones dentro de la Casa…:

Nosotros caeremos Paolo, caeremos como árboles sin fruto.

*Trabajo leído en la XII Feria Internacional del Libro en el Centro de Convenciones Atlapa, Salón Bejuco-Chocoe, el 16 agosto 2016.

viernes, 29 de julio de 2016

Algunas presentaciones y conversatorios en FIL Panamá 2016

Martes 16 de agosto: 500 - 5:50  Aviones dentro de la casa, novela corta premiada de  Carlos Fong (Bejuco-Chocoe), presenta Eduardo Soto.

Jueves 18: 5:00-5:50 Conversatorio sobre “El minicuento en Centroamérica”  E. Jaramillo Levi y Federico Hernández Aguilar, salvadoreño (Bejuco-Chocoe).

Jueves 18: 6:00 – 6:50: UNAM / Embajada de México, "Escenarios   y provocaciones”,  Carolina Fonseca, Rosa Beltrán y E. Jaramillo Levi (Boquete).

Jueves 18: 8:00 - 8:50 URUK Editores (Costa Rica), Carolina Fonseca, Justo Arroyo y  E. Jaramillo Levi cada uno un libro de su autoría (Salón Trenzado-Lagunilla). Presentadores: Joel Bracho Ghersi y  Pedro Crenes Castro.

Viernes 19:  4:00 - 4.50  E. Jaramillo Levi presenta Caminando en círculos primer libro de cuentos de Nicolle Alzamora Candanedo (Bejuco-Chocoe).

Viernes 19: 5:00-5:50, Resonancias  antología binacional de cuentos de Panamá y Venezuela, presentan Carolina y Joel Bracho Ghersi (Bejuco-Chocoe).

Sábado 20: 11:00 -11:50, “De un tempo a esta parte” (libro colectivo de autores del taller de Jaramillo Levi), presenta Ariel Barría Alvarado (Trenzado-Lagunilla).




















































Para conocer el programa cultural de la XII Feria Internacional del Libro y los autores nacionales e internacionales haga clip aquíFilpanamá20016

domingo, 17 de julio de 2016

Coaching virtual para despertar la creatividad literaria


Un taller literario virtual para personas con intereses de escribir textos de ficción.
Todos los detalles en este link:
 

lunes, 11 de julio de 2016

Talleres literarios para la construcción ciudadana


¿De qué se trata?
Una gama de talleres literarios para sensibilizar hacia la lectura, las competencias lingüísticas, la comprensión de lectura y el pensamiento creativo y la construcción ciudadana.

¿Cuál es nuestro soporte filosófico?
La lectura y la escritura de textos literarios como lectura del mundo, como construcción de sentidos y significados desde el universo (contexto) de las personas. La lectura como construcción ciudadana y reivindicación de los códigos existenciales. La lectura y la oralidad para volver a conversar y rescatar el valor social de la palabra hablada y escrita.

Palabras claves
La imaginación, la poesía, la lectura, los cuentos, la inteligencia, la creatividad, la oralidad, la participación, la construcción, la ética, los valores, la creatividad.

Estrategia y técnica pedagógica
Pensamiento creativo desde la lectura y la escritura.

Objetivo

Brindar a los participantes herramientas didácticas y lúdicas que permitan estimular la creatividad y explorar el imaginario desde la confrontación de textos literarios.

Destinatarios 
Escuelas, universidades, fundaciones que trabajen con jóvenes y empresas con programas de responsabilidad social.

Costos para instituciones y empresas
Talleres 500 y 300 (Depende del taller. Algunos talleres requieren más tiempo). Clínicas 250. Conferencias 250. 

 Para ver la gama de talleres solo darle clip aquí:
Talleres, clínicas y conferencias de animación sociocultural desde la lectura






domingo, 10 de julio de 2016

Aviones dentro de la casa


Aviones dentro de la casa mereció el Premio Sagitario Ediciones de Novela Corta 2015, fundado hace tres años por Foro/taller Sagitario Ediciones, sello editorial creado por los escritores Enrique Jaramillo Levi y Carolina Fonseca en 2013.

El jurado compuesto por los escritores: Irina de Ardila, Eduardo Soto y Joel Bracho Ghersi dejaron escrito en el fallo:

La novela se destaca por estar bien tramada, con un diestro uso de diversas voces narrativas que conforman una lúcida obra coral, con especial énfasis en la sutileza con la cual repiensa la historia desde los aparejos de la literatura. Algo que nos hace concluir que nos encontramos ante una pluma profesional, es la maestría con que perfila los personajes a lo largo de la obra, sobresaliendo la sólida del narrador principal".


Aviones dentro de la casa es una historia enmarcada en el contexto de la invasión del ejército norteamericano a Panamá en 1989, desde la mirada de la mujer y su circunstancia existencial.

La obra se presentará el martes 16 de agosto, a las 5:00 p.m.  en la XII Feria Internacional del Libro de Panamá en Atlapa, salón Bejuco-Chocoe.


domingo, 26 de junio de 2016

La Universidad de Panamá o la alegoría de la caverna

Antes todo se hacía con los puños: ahora, la fuerza está en el saber, más que en los puñetazos; aunque es bueno aprender a defenderse, porque siempre hay gente bestial en el mundo, y porque la fuerza da salud, y porque se ha de estar pronto a pelear, para cuando un pueblo ladrón quiera venir a robarnos nuestro pueblo. Para eso es bueno ser fuerte de cuerpo; pero para lo demás de la vida, la fuerza está en saber mucho, como dice Meñique.”
José Martí. 1975, XVIII, 349 - 350:”La última página”, La Edad de Oro (Vol. I, No 1, julio, 1889).

Hace 32 años el filósofo argentino, Mario Bunge, detectó 7 pecados capitales en las universidades españolas y latinoamericanas. Decía que la crisis universitaria no era coyuntural sino estructural. Esa aserción fue hecha hace más de 30 años y, hoy día, la Universidad de Panamá padece aún de algunos de estos males. Nuestra Universidad es anacrónica y la única forma de curarla de este mal está en su restructuración. Esta reorganización debe ser administrativa, académica, cultural e incluso, política.

En la actualidad la Universidad de Panamá no reúne las condiciones para favorecer la misión de una casa de estudios superiores: promover los sectores cultural, social y científico. Toda universidad, que merezca ese nombre, incluso si es una universidad especializada, debe fomentar la creatividad, el desarrollo del conocimiento y la investigación científica.  Si la universidad no está ofreciendo los componentes necesarios para producir conocimiento nuevo, para fortalecer los estudios culturales, para crear planes de estudios atractivos que fortalezcan la matrícula, significa que no está cumpliendo con su gestión.

Mi opinión puede ser temeraria y tal vez solo conseguiré ganar muchos adversarios, pero me voy a arriesgar y apuntar algunas de las principales causas (seguro hay más) que mantienen nuestra universidad sumergida en el anacronismo. La primera es el feudalismo institucional imperante: el sistema de la casa de Octavio Méndez Pereira es de la Edad Media porque políticamente está organizado en una cadena de vasallos y señoríos que no permiten una visión académica renovada. Las sucesivas reelecciones del mismo rector han despertado la suspicacia y la duda, y esto sucede porque el que representa a la autoridad no lo hace en función de valores legítimos.

La segunda, y sé que muchos me criticarán la observación, es que la universidad se ha convertido en un coliseo político; una arena política formada principalmente por los estudiantes quienes se ven más preocupados por la ideología que por generar conocimiento y pensamiento crítico.

Aquí quiero detenerme para aclarar algo. La universidad debe ser un centro de pensamiento y de acción. Como santuario de la educación, su moral debe radicar en defender los intereses de la nación, pero su misión debe ser la defensa del conocimiento. La universidad que no produce conocimiento, es inmoral. En este sentido lo político, lo social y lo cultural deben ir de la mano sin permitir que la política partidista prime sobre los intereses de la nación y del saber. La universidad no puede ser cuna de fariseos que van en contra de la vocación de pensar, tampoco nido de falsos gurús que ni educan ni reflexionan, porque se dejan llevar por la pasión de una doctrina. En este escenario los jóvenes son los más vulnerables porque, como decía el poeta Antonio Machado, tienen “…sangre joven y espíritu villano”. Pero esta rebeldía es inútil si no lleva como bandera el espíritu crítico, el saber, el análisis y el gusto por la formación.

La tercera es la pérdida de los valores académicos y la indiferencia social. También aquí son los estudiantes el centro de atención. Como se ha perdido el norte y la verdadera noción de la universidad, hay dos tipos de estudiantes: los que llegan a la universidad y tratan a toda costa de conseguir un título para poder trabajar y los que se distraen en organizaciones políticas y descuidan el valor del conocimiento. Los primeros están gobernados por la indiferencia y la participación ciudadana, no les interesa; y ambos ignoran que la universidad es, ante todo, un espacio para excelencia intelectual que va más allá de un título.

Los que escogen graduarse a como dé lugar, están convencidos de que la universidad es como sacar la licencia de conducir. Lo importante es entrar al mundo laboral y la conciencia social no es prioridad. La lógica de la competencia seduce a los jóvenes y los hace cada día más indiferentes y la universidad no está haciendo nada para impedirlo. Con los otros es todo al revés: han puesto la ideología por encima de la competencia. Lo cual también es grave. La ideología, afirma Mario Bunge, es un campo de creencias, deseos y programas, no un campo de investigación. Hay un cuento de Orson Scott Car que dice: “El mal ocurre en el medio, y el bien va hacia los bordes”. Creo que ambos tipos de estudiantes deben aprender a encontrar el borde; pero sin una universidad que fomente el pensamiento crítico, es imposible.

Todo este mundo de indiferencia por lo social y el conocimiento para mí está resuelto en una escultura que está en la entrada de la universidad nacional. La imagen del hombre caminando a ciegas nos evoca la alegoría o mito de la caverna de Platón. En la actualidad el hombre está confinado a una caverna donde se proyectan sombras. Estas sombras son apariencias. No es la verdad ni la libertad.  Dice Allan Bloom que la educación es el movimiento desde la oscuridad hacia la luz. La escultura, si miramos bien, es un hombre tratando de moverse. Ese movimiento representa una búsqueda, un deseo de libertad, de ascender hacia la luz y,  al mismo tiempo, la relación del pensamiento con la sociedad.

No quiero finalizar sin dejar claro que mi esperanza para que esta restructuración de la Universidad Nacional sea una realidad para dejar de andar a tientas y encadenados por una caverna, está en el profesor Eduardo Flores como nuevo rector. Sin ninguna intención de restarles mérito a los demás candidatos, creo que Flores tiene un proyecto iluminista que arrojará luz sobre esta caverna de imágenes falsas. Solamente con ciencia, investigación, cultura y un rescate  por las humanidades en este feroz mundo de las competencias, la Universidad Nacional saldrá de las sombras. Y Eduardo Flores puede hacerlo porque en él existe una asamblea de saberes y voluntades para lograrlo.


Carlos Fong



miércoles, 15 de junio de 2016

Trabajo infantil y valores familiares.


Por: Fong Carlos

Mi padre, Jaime Enrique Fong Medina, fue un explotador y abusador. Mi padre abusó de mis derechos. Mi padre fue un tirano. Desde luego que estoy haciendo uso de una figura literaria al hablar de mi padre.

Antes de cumplir los 18 años trabajé, con el permiso de mi padre, en una ebanistería. Era de un vecino amigo, don Camilo Barahona (qepd). Trabajé lijando muebles un par de horas en la mañana y me daba 4 dólares y almuerzo. Luego me iba para la escuela.

Siendo un adolescente trabajé en una llantería propiedad de los hermanos Fong, o sea, de mi padre y de mis tíos. En realidad el único que sabía que yo trabajaba allí de vez en cuando era mi padre. En aquella época no existían los aparatos que hay ahora para reparar los neumáticos. Para sacar el tubo de la llanta tenía que usar dos palancas de hierro. Era duro y peligroso. Pero la recompensa de trabajar en la llantería era que cogíamos unos tubos gigantescos y nos íbamos para el río.

Trabajé repartiendo tanques de gas para la distribuidora Panagas de los hermanos Fong, es decir, trabajé para mi padre. Me iba con él los sábados y le ayudaba. Recorríamos San Carlos, Chame, Veracruz repartiendo tanques de gas por las abarroterías.

Trabajé en la finca de mi padre en Playa Leona.  Era una finca de crianza de pollos. Recogía la ñinga de los pollos, daba agua a los pollos,  vacunaba a los pollos. Para llevar agua a la finca, llenábamos 8 tanques, cada uno de 12 latas, en el Coco de La Chorrera, donde vivíamos. Salíamos a las 9 de la noche en el pick up de mi padre rumbo a Playa Leona. Todos los muchachos del barrio querían ir. Por el camino íbamos comiendo marañones y mangos que arrancábamos de los árboles por el camino cuando mi papá detenía el carro.

Cuando llegaba el tiempo de recoger pollos había que madrugar o hacerlo a las 12 de la noche. Llenábamos hasta tres camiones de pollos. No recuerdo cuantas jaulas cabían en cada camión. En cada jaula entraban 10 aves. Después los llevábamos a los mataderos de Fidanque camino a Puerto Caimito.

Trabajé con mi padre en una pequeña empresa que instaló en la casa de El Coco. Vendíamos platanitos en las tiendas. Mi padre compraba las cabezas de plátanos. Luego la pelábamos y freíamos los platanitos y los empacábamos. El negocio no fue muy próspero y  mi padre construyó en el patio trasero una galera de gallinas ponedoras, después de vender la finca. Teníamos que recoger los huevos y limpiarlos para después llevarlos a las tiendas y venderlos.

Después criamos pollos de engorde. Mi padre me enseñó a matar pollos. Yo le ayudaba a degollarlos. Los colgábamos por las patas de 5 en 5 mientras la tierra se ensangrentaba. Mi padre nos pagaba 25 centavos por cada pollo que desplumábamos. Mi mamá los metía en una olla hirviendo de tres en tres y nosotros los desplumábamos. Mi padre me enseño a sacarles las entrañas a los pollos. Los limpiábamos y los vendíamos en las abarroterías.

Los años de mi niñez y adolescencia no los cambio por nada. Hice muchas cosas que hoy son vino y miel en mi memoria. Los recuerdos de la finca han quedado en la primera novela que escribí (y que saldrá en agosto de este año).  El trabajo que hice con mi padre me enseñó el valor de muchas cosas que hoy cuento a mis hijos con orgullo.

La noción que tengo del trabajo infantil es cuando se obliga a los niños a trabajar y se violan sus derechos a estudiar, entre otros. Mi padre jamás nos dejó abandonar la escuela ni nos cuartó la infancia. Me daba dos dólares los sábados. Cuando salía con él a trabajar me daba más y me decía que me comprara algo que necesitara. 

Hace un par de años mi hijo mayor me pidió permiso para ir a trabajar a una finca con un vecino. Cuando regresó me dijo que él mejor estudiaba y así lo hizo. Creo que hoy día es necesario no  confundir las cosas. Creo que no es malo que un niño trabaje en su casa para ayudar a sus padres; haciendo oficios domésticos, por ejemplo, incluso para ganar dinero. Otra realidad es que a los niños los obliguen a trabajar hasta violar sus derechos como sujetos. Doy gracias a Dios porque mi padre fue un tirano. Un tirano de amor que me inculcó valores y respeto por las cosas. Mi primer empleador, mi padre.