sábado, 11 de octubre de 2014

Jornadas Hablemos de Patrimonio: Narración Oral: Memoria e identidad

Nuevamente nos dirigimos a ustedes para invitarlos a participar de la iniciativa independiente, Jornadas Hablemos de Patrimonio. El tema de la Octava Jornada Hablemos de Patrimonio 2014 es el Patrimonio Inmaterial, bajo el título, Narración Oral: Memoria e identidad.

El objetivo de las Jornadas Hablemos de Patrimonio es crear conciencia en el público general, difundiendo conocimiento en torno a los temas de la cultura y el patrimonio. Para esto, nuestro Comité Hablemos de Patrimonio coordina eventos mensuales, gratuitos y abiertos al público en general; en ellos presentamos a panelistas destacados en diferentes temas, en sitios relacionados con la cultura y el patrimonio. En esta ocasión, los invitamos a la Sala de Uso Múltiple en el Centro de Visitantes del Patronato Panamá Viejo.

Para reflexionar con la valiosa participación de todos ustedes, sobre la narración oral como vehículo de nuestro patrimonio inmaterial, que es nuestra memoria y nuestra identidad, contamos con los auspicios de la Red Panameña de Narradores de Historias, la Biblioteca Nacional de Panamá Ernesto J. Castillero, AlterArte, el Patronato Panamá Viejo y el Comité Hablemos de Patrimonio. La Jornada Hablemos de Patrimonio, "Narración Oral: Memoria e identidad", tendrá lugar el día miércoles 22 de octubre de 2014 a las 6:30 p.m., en la Sala de Uso Múltiple en el Centro de Visitantes del Patronato Panamá Viejo, al final de la Vía Ernesto T. Lefevre sobre la Vía Cincuentenario y junto a la Estatua de Morelos, en el corregimiento de Parque Lefevre de la Ciudad de Panamá. Adjuntamos un croquis para mayor información.

En esta ocasión contamos con la participación de Carlos Fong, quien nos expondrá la ponencia Representaciones simbólicas, mito y literatura en la narración oral; también contamos con la participación de Dagoberto Chung, quien disertará el trabajo Oralidad cantera eterna. Los acompaña Consuelo Tomás Fitzgerald, nuestra moderadora en esta Jornada, que como siempre está dedicada a todos ustedes. Con esta Jornada, queremos darles a conocer los esfuerzos que se están haciendo a nivel nacional para rescatar la tradición oral, y hablarles de su rol en la conservación en la memoria e identidades de los grupos y pueblos. Nuestros expositores Carlos Fong y Dagoberto Chung nos van a contar historias y anécdotas que reflejan vivencias de algunos de los grupos humanos que viven en Panamá. ¡Será muy interesante!

Encontrarán adjuntos a este mensaje el anverso y reverso de la tarjeta de invitación, con los detalles sobre las charlas, y biografía corta de cada una de nuestros expositores, y de nuestra moderadora, así como un pequeño croquis para hacerles la llegada al Centro de Visitantes del Patronato Panamá Viejo fácil y conveniente.

La entrada es totalmente gratis; quedan muy cordialmente invitados. Vengan y escuchen, pregunten, entérense de mil cosas interesantes; vengan con nosotros y otra vez hablemos de patrimonio.

Cordiales Saludos,

Comité Hablemos de Patrimonio
jornadashablemosdepatrimonio@gmail.com
facebook.com/JornadasHablemosDePatrimonio


domingo, 14 de septiembre de 2014

Un país para la convivencia: Espacios para el deseo Parte II


Por Carlos Fong

En el seminario de gestión cultural realizado por el Municipio de Panamá, Tulio Hernández dijo que la ciudad también debe de ser un espacio para los deseos. En una ciudad donde no existen espacios públicos destinados para el encuentro creativo y la convivencia, la capacidad para soñar es menoscabada. En las localidades vulnerables los sueños son frenados por la violencia, la pobreza y la desigualdad; las relaciones con el prójimo, el otro,  se tornan adversas, y no permiten la convivencia pacífica, lastimando los lazos sociales.

Por un lado, ha imperado la falta de voluntad y de imaginación política de parte de las autoridades que no invierten en el desarrollo cultural; la gente no tiene a donde ir para compartir saberes, ideas o pensamientos, espacios para conciliar problemas y tomar decisiones o, simplemente, para tener una experiencia distinta. Y por otro lado, también hay un abandono de responsabilidad cotidiana de los habitantes; la gente opta por ser “habitantes” y no “ciudadanos”.  No hay compromiso, no hay respeto, no hay tolerancia y no hay sentido de pertenencia; ni causas ni proyectos por los cuales luchar. Sólo existe el aquí y el ahora,  un presente donde la supervivencia es la prioridad.

La ciudad es una construcción física y social que tiene muchos relatos implícitos. Pero la lectura de la ciudad que tenemos es un relato de violencia y conflicto. Es la historia de una ciudad hostil donde el miedo está ganando espacio. Urge entonces, antes de que sea demasiado tarde, descubrir otras narrativas, incluso, reconstruirlas a partir de la necesidad y la carencia. La necesidad y la carencia son referentes que posibilitan diseñar acciones para trabajar sobre problemas puntuales en las localidades. Las ideas y los proyectos nacen de las necesidades. Pero para eso necesitamos espacios, espacios para construir deseos.

La ausencia de espacios públicos que provoquen el deseo sano capaz de hacer pensar proyectos de vida se sustituye por el deseo de poseer y destruir. Los barrios son arenas de conflictos y prisiones, donde los más vulnerables, los jóvenes, son atrapados por los flagelos de las drogas y la delincuencia. Las ciudades no sólo necesitan buenos servicios básicos; también necesitan de la cultura y el arte. Hay referentes de ciudades muy peligrosas, donde la criminalidad estaba ganando, y se apostó por la cultura logrando importantes cambios (Medellín, por ejemplo, es el más citado).

Cuando Tulio Hernández habló de la ciudad como texto, imaginé sus narrativas. Muchas de ellas en conflictos, pero donde las tensiones permiten pensar en acciones. Por ejemplo, la ciudad como historia y memoria, nos permite volver conversar de cómo era el pasado y preguntarnos si podría “volver a ser”. Colón, por ejemplo, ¿podría volver a ser la tacita de oro?

La ciudad como espacio para la circulación de conocimiento. ¿Será posible que la gente comparta sus ideas, sus saberes, sus experiencias? ¿Qué puedan ser protagonistas de sus propias decisiones?, ¿Qué puedan elegir juntos, construir juntos? Cuando trabajamos con niños y jóvenes, descubrimos que son capaces de trabajar en equipo, construir y tomar decisiones. Saben que son parte de un juego, de una propuesta, y tácitamente descubren que pueden trabajar mejor si piensan juntos. Esto desde un espacio institucionalizado como la escuela. ¿Qué cosas podríamos descubrir en una reunión de adultos en la biblioteca, por ejemplo?


La ciudad mirada desde la relación con el otro, tanto del más próximo como el vecino o el más lejano como el inmigrante. Hoy, que está en conflicto la famosa construcción sintáctica: “crisol de razas”, deberíamos preguntarnos si hasta ahora nuestra tolerancia no ha sido una especie de relativismo moral o si hemos llegado al punto de poder valorarnos y pensar en nosotros mismos, y si es así, por qué no podemos tolerarnos nosotros mismos. Qué podemos aprender de los múltiples rostros que se desdibujan en una ciudad indiferente.

Deberíamos, a estas alturas, de saber qué ciudad queremos. Lo voy a expresar como si fuera un cuento: Dicen los que saben y saben los que cuentan (entre ellos Antonio Matos y Tulio Hernández, con quienes cerraré este artículo) que los territorios se condicionan según las necesidades y aspiraciones humanas, y los cambios sociales y económicos. Por eso han existido ciudades medievales, ciudades burguesas, ciudades renacentistas, ciudades industriales, ciudades de posguerra, ciudades posmodernas, incluso ciudades globalizadas. Pero también, dicen los que saben y saben los que cuentan, que existen las ciudades creativas y educativas. Tulio Hernández nos habla de las ciudades fénix.

Tengo la sospecha de que estamos empeñados a vivir en una especie de ciudad medieval; luchando y defendiéndonos de enfermedades como la fiebre chikungunya. Un mal que tiene el remedio más fácil: la limpieza. Pero preferimos dejar que la basura nos ahogue y culpar a las autoridades, porque elegimos cotidianamente ensuciar. Podemos tener una ciudad creativa con la ayuda de las autoridades, pero el trabajo principal, a mi manera de ver, será en saber tomar decisiones, saber elegir la ciudad deseada. Dice Lala Deheinzelin, que no basta con contar con la conciencia para movilizar hacia la acción; hace falta sentir. Tenemos que aprender a sentir. En lo personal, pienso que es lo que deberíamos enseñarle a los niños y jóvenes, a los padres de familia y docentes, incluso a los políticos.

Quiero terminar citando un fragmento de un trabajo de Antonio Matos, Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Almada, una ciudad portuguesa que apostó por el desarrollo y la educación como ejes fundamentales de las políticas locales. En Almada las autoridades asumieron la cultura como área nuclear del desarrollo local y con una orientación gubernativa que se estructuró en seis grandes líneas de acción. Las quiero citar textualmente, porque creo que pueden servir de ejemplo y adaptarse a nuestra realidad.


1. Preservación y valoración de la herencia histórica y patrimonial: Recuperación y re-funcionalización de edificios con valor patrimonial, intervenciones arqueológicas, revitalización de enclaves con valor históricos, preservación del acervo documental histórico, preservación de las memorias y de las tradiciones locales, fiestas tradicionales, días conmemorativos;

2. Valorización de las dinámicas culturales y de participación: Apoyo a las asociaciones locales de cultura popular, apoyo a los movimientos asociativos juveniles, apoyo a las actividades de animación y ocio, apoyo a las diversas formas de expresión artísticas, especialmente las relacionadas con las culturas regionales y de otros pueblos residentes en Almada, incentivos a la diversidad de proyectos culturales;

3. Incentivos y apoyo a proyectos formativos formales e informales de educación a lo largo de la vida: Formación de los agentes culturales, formación artística en los sistemas regulares de enseñanza, apoyo a la instalación de escuelas artísticas en las varias áreas-música, artes visuales, conservación y restauración- apoyo a la universidad sénior, formación dirigida a lo más jóvenes y apoyo a proyectos artísticos presentados por los jóvenes;

4. Construcción de una red de equipamientos municipales: Red de bibliotecas, red de museos, centros de exposiciones, centros de arte contemporáneo, teatros municipales, casas de la juventud, conservatorio de música, reconversión y recalificación de los espacios asociativos con funciones recreativas y culturales, red de espacios municipales de acceso a la información;

5. Incentivo a la creación y a la producción culturales: Apoyo a las compañías de teatro y de danza, apoyo a los grupos de teatro, apoyo a los grupos corales y de música moderna, apoyo a la bandas filarmónicas, incentivos a la creación literaria , apoyo a la edición de trabajos sobre el distrito, apoyo a las artes plásticas y la fotografía;

6. Acceso a los bienes culturales y afirmación de la ciudad en la ruta de la cultura: Apoyo a la organización de festivales de teatro, de danza, de arte para el público infantil, organización de muestras de teatro, de música, organización del festival Cantar Abril, proyectos de animación urbana y de espacios públicos.

  El documento sobre la ciudad de Almeda lo pueden encontrar en los Papeles Iberoamericanos, V Campus Euroamericano de Cooperación Cultural, OEI y los trabajos de Tulio Hernández tienen más referentes de ciudades que han apostado por el desarrollo cultural como herramienta de cambio.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Panamá dice SÍ a su historia


Por Ricardo Arturo Ríos Torres

El Canal es nuestro, lo administramos mejor que los estadounidenses con eficiencia y seguridad. Hoy comemos soberanía,  pocos, muchísimo. La mayoría espera una distribución con justicia social. Hoy el crecimiento económico es envidiable a nivel latinoamericano. Somos un país próspero y con un futuro de grandes posibilidades de una democracia participativa. El presente que disfrutamos se lo debemos a la lucha heroica de la juventud panameña.

El acto separatista de 1903, propicia el nacimiento de una república manca, coja y tuerta. El Tratado Hay-Bunau Varilla  impuso una relación de protectorado,  con un enclave colonial a perpetuidad. Las  bases militares  del imperio de Wall Street, en todo el territorio nacional nos hicieron un país ocupado, intervenido en nuestra vida cotidiana. Los zonians con su agresión psicológica nos hicieron creer, que la región canalera, era un área vedada a los descendientes de Quibián, Urracá, Bayano y Victoriano Lorenzo. El gold roll y silver roll fueron la expresión máxima de su apartheid. La discriminación era la norma.

Los panameños con dignidad, honor y determinación iniciamos una gesta cidiana y quijotesca. Actuamos con plena conciencia de un proceder justo y patriótico, sin odios ni rencores,  sin  violencia,  siempre cívicos y pacíficos al estilo de Gandhi, Luther King y Mandela.

 La épica de la soberanía surge  cuando se firma el Panamá Cede. Los poetas y narradores, como Amelia Denis de Icaza, Gaspar Octavio Hernández, Rogelio Sinán, Joaquín Beleño  enriquecen el alma nacional.  Eusebio Morales, Guillermo Andreve, José Dolores Moscote y Manuel Roy hacen del Instituto Nacional el eje emocional de la nacionalidad.  Acción Comunal dirige el rechazo popular contra el Tratado Kellog-Alfaro de 1926. La Federación de Estudiantes y el Frente Patriótico de la Juventud le dicen NO al Convenio Filós-Hines de 1947. La Generación de 1958,  el 2 de mayo de ese año, siembra banderas panameñas en la Zona del Canal. En 1959 se da la gran marcha patriótica en la Avenida 4 de julio, hoy Avenida de los Mártires. Y el 9 de enero de 1964 se inicia la auténtica independencia que se concreta con el Tratado Torrijos-Carter y la eliminación del enclave colonial con su perpetuidad y zonians, el Canal es panameño.

Panamá es una nación aluvional, la más antigua de Tierra Firme, con un devenir de más de 500 años. Panamá es su geografía, historia, literatura, folclor, con una  identidad múltiple, y una cultura pluriétnica, somos muchos rostros en uno.  Y la cátedra de Panamá con los Estados Unidos con el aval de la intelectualidad universitaria, representada con Ernesto Castillero Pimentel y Julio Linares,  recoge el sentimiento de una comunidad  orgullosa de su identidad y memoria histórica, La cátedra suma el imaginario de panameños ejemplares como Belisario Porras,  Octavio Méndez Pereira, José Daniel Crespo, Ricaurte Soler, Roque Javier Laurenza, Acracia Sarasqueta, Gumercinda Páez , Sara Sotillo,  Jorge Illueca, Carlos Iván Zúñiga y muchos otros que fortalecieron nuestro sentido de pertenencia.


La restauración de la Cátedra por el Meduca es el mejor homenaje a los Mártires de Enero y el desagravio a una ciudadanía ofendida cuando se eliminó como consecuencia de una postura antinacional y antipatriótica.


Celebrando el Día Internacional de la Mujer Indígena


También, celebrando el Día Internacional de la Mujer Indígena, otros enlaces que remiten a trabajos de investigación realizados por los estudiantes de la Universidad Latina de Panamá. 

http://icd.ulatina.ac.pa/wp-content/uploads/2014/09/Trabajo-Final-Ley-Minera-SM-Smith-Osvaldo-Valenzuela-Zianeth.pdf

http://icd.ulatina.ac.pa/2014/09/03/quien-fue-la-senora-de-cao/

http://icd.ulatina.ac.pa/wp-content/uploads/2014/09/Corazon_Tranquilo_Final.pdf

Este último  es una investigación formativa que Gloria Young realizó con sus estudiantes y donde podrán leer testimonios y entrevistas aleccionadoras. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

Un país para la convivencia: Reflexiones para despegar (Parte I)

Por Carlos Fong

Mejor que tener una buena casa es tener una buena ciudad”. Con esta cita empezó Tulio Hernández, especialista venezolano en temas de cultura, el taller: La Gestión Cultural del Municipio y la Ciudad, el pasado 21 y 22 de agosto. El taller fue convocado por el Municipio de Panamá con el apoyo del INAC. Me parece que el aforismo no era de Tulio, pero no recuerdo la referencia de la cita. Sin embargo, sirvió para abrir el marco de muchas reflexiones que creo valen la pena para que repensemos la importancia de la cultura y su relación con la ciudad para asegurar la convivencia en ella.

El taller abordó un interesante contenido que iba desde el “nuevo lugar” de la cultura, la ciudad como actor político, la comprensión cultural de la ciudad: la ciudad desde la literatura, la semiótica, los imaginarios, el consumo cultural y el pensamiento social; las políticas culturales en el escenario urbano y municipal: memoria, pertenencia, cohesión social, creatividad artística y espacio público; las diversas modalidades de intervención: la recuperación de centros históricos, los grandes eventos como pretexto, los planes estratégicos y los planes de desarrollo cultural, el marketing cultural, los centros de arte como revitalizadores del tejido urbano y la reconquista del espacio público.

Uno de los temas discutidos fue la noción de convivencia: si no se cumplen las normas no hay convivencia. Se dijo que las ciudades también tienen patologías igual que las personas. Somos de los que manejamos la tesis que Panamá es una ciudad enferma y me temo que la enfermedad se está corriendo por todo el cuerpo: el país. Esta enfermedad hay que atenderla con un tratamiento que se llama: “Construcción ciudadana”. Hay que cambiar la ciudad, pero también hay que cambiar a la gente, se concluyó. De habitantes a ciudadanos; un ciudadano es sujeto de derecho, pero también tiene deberes y responsabilidades.

Debemos reconocer que somos un país enfermo. Con muchas patologías que, incluso, nos están llevando a tomar malas decisiones, como “la mano dura” como solución única para la violencia. La enfermedad está en todos los sectores. El vacío de convivencia sana no sólo existe en áreas vulnerables, el barrio o el ghetto; en las empresas miran al trabajador como un gasto y no como sujeto esencial de la producción; en las instituciones públicas los funcionarios son subalternos condenados al atraso donde las palabras emprendimiento y creatividad no tienen sentido; los medios de comunicación tienen más espacio para el horóscopo, la farándula, los hechiceros, la violencia y la chabacanería que para programas que hagan docencia en ciudadanía. Todo esto configura una ciudad y un país hostil donde las normas y la convivencia friccionan creando escisión y no cohesión social.

Una ciudad pensada desde el desarrollo cultural podría ayudar a tomar decisiones políticas que construyan un escenario propicio para la convivencia. Estamos hablando de la cultura como herramienta de cambio, algo que ya es un estribillo en nuestro discurso. Se trata de edificar una estrategia desde la cultura que articule las distintas competencias culturales. Los resultados de un plan estratégico no se verán a corto plazo, porque cambiar el chip de los habitantes para que se conviertan en ciudadanos tomará tiempo.


Ya empiezan a cuestionar a las autoridades del nuevo gobierno porque, dicen, va muy lento. No estoy de acuerdo del todo. La gente quiere cambios, quiere mejoras, pero no se reflexiona en que Panamá es un país enfermo donde todo el mundo hace lo que le viene en gana. Este escenario no favorece las normas de convivencia. El gobierno puede actuar de manera rápida atendiendo temas puntuales, pero si las personas no se esfuerzan ni siquiera para cuidar una parada de bus o dejar de tirar basura, es como arrojar perlas a los cerdos (perdón por la imagen). Para ser ciudadano, hay que asumir responsabilidades y participar del cambio.

Al gobierno le aconsejamos que urge construir esta estrategia cuanto antes y sumar al sector cultura. Vemos, por ejemplo, cuando se toca el tema de resocialización de los jóvenes infractores, que se llama al MIDES y a la Policía  Nacional, pero al sector cultura no se le consulta. Mientras la cultura no sea pensada como herramienta de cambio social estaremos arando en el mar. Los programas culturales de construcción ciudadana son vitales para una ciudad y un país de convivencia. Tomará su tiempo, pero se verán los resultados con los años; ahora lo importante es actuar. Para mañana será tarde.

viernes, 15 de agosto de 2014

Notas para celebrar la ausencia


Por Carlos Fong

Con el permiso de todos. He leído algunos comentarios a raíz de un twitter de Ricardo Martinelli. Mucha gente a favor del expresidente porque, según él, la celebración, organizada por las actuales autoridades, no fue para el pueblo, sino algo muy exclusivo. Debo admitir que no me invitaron, pero eso no me ofende ni me quita un gramo de buen panameño y, sinceramente, creo que la decisión de no hacer algo masivo (en las escalinatas de la administración del canal o en un estadio, por ejemplo) fue sabia. El exmandatario con sus secuaces lo hubiera hecho de seguro así: despilfarro de tarimas con una parranda en un estadio con cerveza, comida chatarra y  regueseros, de seguro. Y al día siguiente estarían las hormigas del aseo recogiendo la basura dejada por el PUEBLO.

Me van a disculpar. Yo soy pueblo. Vivo en los suburbios y ando en bus. Yo quiero a mi país y me siento orgulloso de ser panameño y del Canal; pero seamos sinceros: la masa no sabe celebrar estas cosas si no es con guaro y campana, días puentes para irse a jumar a la playa, etc. No nos han educado para valorar lo que tenemos y lo que somos. Tenemos un sistema educativo dogmatizado y atomizado, y las instituciones de poder controlan a la masa para que sea inculta.

Ahora, esta reflexión, en torno a la fiesta, en especial esta fina fiesta que vimos en TV, cobra sentido para mí en la medida en que me ayuda a dejar en evidencia las carencias y necesidades que poseemos. En lo personal, a mí me gustaría, sueño, más allá de los fuegos artificiales y el esplendor, con tener las autoridades que realmente honraran la memoria histórica de mi patria. Aquí algunas ideas que escribí en el twitter:

1. Yo celebraría los 100 años del @canaldepanama leyendo en las escuelas a Gil Blas Tejeira, a Diana Moran, a Orestes Nieto y a Joaquin Beleño (hay muchos escritores más).

2. Yo celebraría los 100 años del @canaldepanama devolviendo la cátedra de Relaciones entre Panamá y USA por respeto a la historia @JC_Varela

3. Yo quisiera celebrar los 100 años del @canaldepanama tomando al menos el 1% de las ganancias del canal para invertirla en cultura.

3. Yo celebraría los 100 años del @canaldepanama rescatando el Teatro Balboa que está completamente descuidado.

4. Yo celebraría los 100 años del @canaldepanama construyendo bibliotecas y equipamientos culturales dignos en Panamá.

5. Yo celebraría los 100 años del @canaldepanama editando una bibliografía de la nacionalidad muy popular para que sirva de acervo a los docentes de mi país.

6. Yo celebraría los 100 años del @canaldepanama con un macro proyecto cultural para rescatar la memoria oral y el patrimonio intangible de mi pueblo.



Puedo seguir...pero no sé si valga la pena. Realmente me siento fatigado. Panamá es un país hostil a la cultura y amante de los fuegos artificiales el lujo y el esplendor.  No le doy la razón al Loco; de ninguna manera. Todos los discursos oficiales son lo mismo, siempre. Mi deber como escritor y un intelectual que no practica la política partidista, es pensar y tratar de hacer pensar a la masa. Creo, firmemente, que hasta que no comprendamos o aceptemos las cosas que realmente importan y nos hacen falta como sociedad, seguiremos construyendo mentiras y castillos en el aire. Yo, realmente, tengo muchos motivos para celebrar, pero cuando levanto la mirada siento espanto y se me escapan las ganas.

miércoles, 2 de julio de 2014

Ideas para la cultura

En Mirada de Nuchu queremos abrir espacios para la reflexión y las ideas. Ha sido este nuestro norte desde que creamos este blog. En todos estos años hemos derramado mucha tinta cibernética en torno a las reflexiones del problema de la cultura. Cada 5 años el tema de la cultura adquiere, de pronto, un momento en que se intenta pensar la cultura y posicionarla en la agenda de los que toman las decisiones. Para los intelectuales, los gestores, los agentes y todos los sujetos del sector cultura es poco lo que podemos hacer, salvo hacer esforzarnos neurológicos para que cada gobierno entienda la importancia del arte y la cultura para lograr cambios reales en el desarrollo social; pero las decisiones, al final, las toman las autoridades. El artículo que reproducimos hoy, es uno de estos aportes de un joven pensador, sensible a los hechos de la cultura y preocupado por el tema del medio ambiente, Rodrigo Noriega. Ojalá no caiga en oídos sordos. Si es así, la palabra CULTURA seguirá siendo una guirnalda que adorna y nada más. 

C.F.


CINCO IDEAS PARA LA CULTURA
Por Rodrigo Noriega

A pocas horas del inicio del gobierno de Juan Carlos Varela Rodríguez, la meditación y la reflexión sobre las políticas culturales del Estado panameño, no nos van a llevar muy lejos ya que tenemos una clase política muy poco educada y sumamente inculta a pesar de que tengan títulos usualmente en ingeniería, negocios o derecho de universidades extranjeras.  Como un aporte al debate político que debemos tener en nuestro país para el diseño de una identidad cultural fuerte, pluralista y democrática y para el ejercicio de los derechos de la ciudadanía cultural, quiero compartir cinco ideas que bien pueden servir para incentivar la acción y la industria cultural en Panamá.

1.     La municipalización del acción cultural: de todas las ideas que se presentan esta es la más poderosa y la que representa una tendencia real y concreta del quehacer cultural de nuestro país.  La incorporación de Alexandra Schjelderup al Municipio de Panamá, con su amplio perfil como gestora cultural representa una oportunidad y una plataforma para que otros municipios copien la idea de tener su propio proyecto de gestión cultural y de esta forma más próxima a los ciudadanos se creen y desarrollen las plataformas de acción, así como los espacios creativos que todos necesitamos, particularmente los jóvenes para su crecimiento como seres humanos.  Si los municipios adoptaran esta política de forma permanente, el INAC tendría mucho menos trabajo que realizar y el impacto sería muchísimo mayor a nivel nacional e internacional.  Las iniciativas de Antonio Veronesse en Río de Janeiro, Gustavo Adolfo Dudamel en Venezuela, Daniel Barenboim en Palestina, y los nuestros Olga Sinclair y Danilo Pérez son prueba palpable de que la mano que lleva un violín, un pincel o un libro no deja espacio para llevar armas.

2.      Cosechar el poder del sector privado: Panamá tiene un mercado de bienes y servicios culturales que merece ser reforzado y fortalecido de forma horizontal involucrando a las grandes empresas (aquellas con 10 millones o más al año en ventas brutas) para que usando tan solo el 0.25 por ciento de sus ingresos, estos sean invertidos directamente en actividades culturales, tales como compra de obras de arte, patrocinio de grupos musicales, auspicio de investigaciones o eventos intelectuales  o indirectamente a través del financiamiento de entidades culturales tales como bibliotecas, museos, colegios entre otros.   Estos fondos crearían un importante mercado local de bienes y servicios culturales que muy rápidamente ayudaría a completar el conocimiento de nuestro ser nacional y a la vez la construcción de nuestra personalidad cultural.  Basta recordar que la historia de la alimentación recogida en el libro de Alfredo Castillero, “Cultura Alimentaria y Globalización, Panamá Siglos XVI a XXI” fue patrocinada por la cadena de restaurantes Niko”s.  Imaginemos lo que 200 empresas pueden hacer anualmente en este tema.

3.     El Aeropuerto Internacional de Tocumen: como una vitrina cultural, que como tal debe tener un espacio para la cultura de nuestros artesanos, intelectuales y productores creativos.  Una tienda-museo en el Aeropuerto de Tocumen, la que el INAC bien puede convertir en la plataforma para la internacionalización de nuestros productos culturales desde réplicas de guacas, molas, videos, libros de autores nacionales o que su tema sea sobre Panamá, música y otros ejemplos de nuestra cultura nacional que pueden ser ofertados a los usuarios de este aeropuerto.  Este espacio debe ser donado por Tocumen, S.A. y gestionado por un patronato bajo el liderazgo del INAC.

4.     El turismo debe alimentar la producción cultural:  en un reciente viaje a Brasil, mi esposa y yo estuvimos en un precioso hotel donde habían unas pequeñas tiendas de artesanías. Al indagar sobre estas y sus productos sumamente baratos, nos explicaron, que los espacios de estas tiendas son una obligación en los hoteles de 5 estrellas, los cuales debían reservarse para los artesanos y sus pequeñas empresas de artesanías.  Esta principio pudiera ser norma en Panamá y contribuir a crear nuevos y mejores mercados para nuestros artesanos.  Me atrevo a sugerir que los centros comerciales más grandes tengan un espacio gratuito para que los artesanos puedan ofrecer sus productos a nacionales y extranjeros.

5.     Establecer una PYME cultural en Panamá es algo verdaderamente heroico y quijotesco: establecer una librería, una galería de arte, una editorial, un teatro, una escuela de danzas o de música no son precisamente los negocios más rentables del mundo.  Es imperativo crear un régimen favorable a la industria cultural quizás con una exoneración de impuestos a todas aquellas PYMES culturales cuyos ingresos no superen el millón de dólares en ventas brutas anuales.  Quizás en el caso de las iniciativas más pequeñas y experimentales no solo sea necesario dar la exoneración sino también crear una especie de “CAT” cultural, donde el proyecto recibiría un certificado por un equivalente de cincuenta por ciento de su costo para que este certificado pueda ser negociado por los promotores culturales y de esta forma capitalizar para sus proyectos aunque estos no sean rentables.

Las ideas aquí planteadas no son ni radicales, ni complejas.  Con algunos cambios legislativos y algo de voluntad política, sumado al compromiso empresarial Panamá bien puede convertirse en una importante plataforma de innovación, gestión, promoción y desarrollo cultural.  Más allá de esta posibilidad económica existe el derecho humano a la cultura y en ese espacio todavía nos queda mucho por desarrollar.   Sin embargo, al alinear el mercado de bienes y servicios culturales empezamos a resolver la tarea fundamental del derecho humano a la cultura, que es la tarea de fomentar la pertenencia a la Nación, y de brindar una opción decente y digna del trabajo y empleo para muchos compatriotas.

Rodrigo Noriega © rnoriega1968@yahoo.es

30 de junio de 2014