domingo, 15 de octubre de 2017

La cultura es incertidumbre

Palabras por los ganadores del los premios Ipel  en rueda de prensa el miércoles 11 de octubre, hotel Wyndham.




Su Excelencia Luis Ernesto Carles, Ministro de Trabajo y Desarrollo Laboral

Director del IPEL, señor Gerardo Guerrell, director del Instituto de Estudios Laborales.
Amigos organizadores de los premios IPEL: Dixiela Arrocha, Noel Pinzón, Fidel Cajar, Rodrigo Moreno y todo el equipo.
Amigos periodistas.
Camaradas artistas.

Damas y caballeros:

Se me ha solicitado el honor de dar unas palabras a nombre de los 27 galardonados de los premios Ipel de esta versión del 2017. Debo admitir que estoy muy honrado y feliz de poder hacerlo. Primero quiero felicitar a Instituto Panameño de Estudios Laborales por organizar y mantener este concurso que es uno de los más importantes del país desde 1977.

La categoría con la que gané fue el cuento. Soy un escritor y podría estar hablando sobre los atributos de la lectura y los libros por mucho tiempo porque ese es mi trabajo. Pero por respeto a los demás amigos artistas  ganadores en las categorías de artesanía,  corto metraje, décima,  escultura, fotografía, pintura, poesía y prensa escrita, quisiera hacer una breve reflexión sobre una palabra que nos vincula y nos hermana a todos: la cultura.

La mayoría de ustedes estarán de acuerdo en que la cultura es el espacio donde se dan los consensos y se crean alianzas, por eso se habla de que la cultura sana los tejidos de la sociedad. Pero yo voy a hacer un poco temerario y diré que la cultura también es el lugar donde se generan conflictos,  tensiones y resistencias, porque la cultura no es algo que sólo genera certezas, también crea incertidumbres.

Estas incertidumbres nos ayudan a cuestionar la realidad y a dudar de ella. La cultura es el lugar donde los artistas interrogamos al mundo a través de lo que hacemos. Esta interrogación es nuestra forma de resistir los problemas, los abusos, las injusticias, los flagelos y todos los males que amenazan a la democracia, mejor dicho, a la libertad.

Carlos Fong
Quiero anotar algo muy importante que he dicho en otras ocasiones en mis talleres, conferencias o charlas que la mayoría de las veces van dirigidas a los jóvenes, esa especie tan frágil y vulnerable de la vida humana. Y me refiero a ellos porque son los que más me preocupan en este mundo que cada día está más convulsionado y amenazado no solo por las bombas y la violencia callejera; también está amenazado por la carencia de los valores más nobles; ciertas ausencias son todavía más peligrosas.

A los jóvenes les digo cada vez que puedo que la cultura no es la vacuna ni el remedio ni la panacea para curar los males de la sociedad. No es la cultura más importante que la ciencia o la tecnología.  Los que hacemos cultura no somos magos con una varita mágica, aunque algunos parezcamos gurus o chamanes.

No, la cultura no nos salvará de la destrucción inminente. Pero la cultura tiene una misión que no tienen otras esferas del conocimiento: la cultura nos ayuda a persuadirnos de que el mundo puede ser mejor. Nos sensibiliza y nos permite tener una mirada de otros mundos posibles. Y cuando algo puede ser posible la esperanza se fortalece. Y cuando hay esperanza nacen las ideas y las ideas traen proyectos de vida. Creo que esa es la misión de la cultura.

Muchas cosas que nos están pasando se deben a que vivimos un presente empobrecido desde la cultura. Si una persona tira un bulto de basura al río, o ensucia una parada de bus o daña una escuela; si las personas se agarran a golpes en la calle o se dicen las cosas más feas del mundo; quiere decir que viven una realidad empobrecida y vacía de sensibilidad, de empatía, de valores, de pertenencia, de identidad, en suma: una ausencia de cultura. Su realidad es frívola y mediocre porque lo más seguro es que su entorno carece de cultura.


Los artistas soñamos con un país donde la cultura sea prioridad del Estado. Que en la agenda de los que toman las decisiones políticas la cultura estuviera en primer lugar. Porque la cultura trae la educación, la salud, la ciencia, la tecnología, la investigación y muchas cosas más. Eso es lo que soñamos los artistas. Que en vez de cantinas y bodegas tuviéramos equipamientos culturales. Que en vez de acortar, se incrementara el presupuesto para la cultura. Pero no es así. Es todo lo contrario y eso nos entristece. Por esa razón el artista sufre y le duele su país. Por eso desde nuestro arte siempre estaremos sufriendo, pero también resistiendo y enseñando a resistir.

Quiero terminar con una breve reflexión que me inspiró un libro que me obsequió mi amigo Guillermo Castro, un hombre noble y brillante que se preocupa por pensar a los panameños. El libro se titula “Analfabetismo ecológico: el conocimiento en tiempos de crisis” y es de Rodrigo Tarté, otra persona brillante que dejó de estar con nosotros en el 2011. En ese libro Tarté nos habla de que hace mucho tiempo el hombre rompió su diálogo con la naturaleza y nos dice que es importante retomar ese diálogo. Le llama analfabetismo ecológico.

Pienso que lo mismo nos está pasando con la cultura. Tal vez no tan grave como con la naturaleza porque aún podemos sentir la cultura en las fiestas, en los festivales, en las comunidades y en concursos como el IPEL. Pero pienso que los artistas debemos gestionar nuevas formas de articulación y de cooperación que nos ayuden a llamar la atención de quienes toman las decisiones. Pienso que debemos apostar por una nueva ecología de la cultura que nos permita retomar el diálogo entre la cultura y la ciudadanía. De no hacerlo, muy pronto, tal vez más rápido de lo que imaginamos, tendremos un país lleno de mentes empobrecidas. Un país entristecido



Buenos días

Carlos Fong
Primer lugar categoría cuento

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