lunes, 12 de septiembre de 2022

Un manifiesto entre sueños y realidad

Carlos Fong

La libertad, la prosperidad y el desarrollo de la sociedad y de los individuos son valores humanos fundamentales. Estos valores solo podrán alcanzarse mediante la capacidad de ciudadanos bien informados de ejercer sus derechos democráticos y desempeñar un rol activo en la sociedad. La participación constructiva y la consolidación de la democracia dependen tanto de una educación satisfactoria como de un acceso libre y sin límites al conocimiento, el pensamiento, la cultura y la información”.

El párrafo de arriba son las primeras palabras con las que inicia el Manifiesto IFLA-UNESCO sobre Bibliotecas Públicas 2022. Con sus siglas en inglés, la IFLA es la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias y es el foro mundial más trascendente donde se dan las ideas, los diálogos, la investigación y el desarrollo de estos equipamientos culturales que llamamos bibliotecas.

¿Por qué es importante este Manifiesto? ¿Por qué para Panamá es un documento que no debe dejar de pasar inadvertido? Porque los gobiernos nacionales y locales panameños no han comprendido el valor de las bibliotecas y su papel activo en el desarrollo. Los que toman decisiones políticas en el país suelen hablar de desarrollo y progreso, pero desconocen que el primordial valor económico y social de las bibliotecas es que ellas pueden mejorar la calidad de vida de las personas.

¿Por qué razón somos un país que presume un Canal interoceánico, un área bancaria significativa, el aeropuerto más grande de Centro América, los puertos más grandes, la minería más lucrativa jamás vista y tenemos las bibliotecas paupérrimas y abandonadas que parecieran que han sido sacadas de un país pobre? Porque no han invertido en un verdadero desarrollo humano que consiste en llevar información y educación a la sociedad a través del acceso a la participación del conocimiento que es garantía de los derechos humanos y culturales. Hemos ignorado por mucho tiempo el valor de las bibliotecas.

La biblioteca pública tiene múltiples formas de valor. Tienen valor social, porque es el espacio donde la comunidad se siente escuchada y reconocida; tiene valor inclusivo, porque los sujetos participan en las actividades y comparten experiencias y opiniones diferentes; tienen valor creativo, porque provocan un cruce de lenguajes en el que la comunidad se expresa a través de la lectura y otras formas de expresión; tiene valor de ideas, porque la gente reflexiona sobre sus problemas y comparte sus ideas; tiene valor formativo, porque la comunidad tiene acceso a la información y el conocimiento; incluso, la biblioteca pública tiene valor económico, porque cuando son dinámicas y creativas generan proyectos que impactan en la sociedad.

Este Manifiesto proclama la convicción de la UNESCO en la importancia de las bibliotecas públicas como fuerza viva de la educación, la cultura, la inclusión y la información, y como agente esencial para lograr el desarrollo sostenible y para que los individuos alcancen la paz y el bienestar espiritual a través de su pensamiento.

Todas las esferas del conocimiento y los problemas de la gente se cruzan en la biblioteca pública. Cualquier tema que pueda pasar por nuestra mente, está relacionado con la biblioteca.  Porque la biblioteca genera espacios de convivencia, crea ambientes favorables de interculturalidad, es el lugar para ejercer los derechos ciudadanos, el espacio donde se pueden mediar conflictos y tensiones y construir proyectos de vida.

Certifica el Manifiesto que las bibliotecas públicas son un componente esencial de las sociedades del conocimiento que se adaptan continuamente a nuevas formas de comunicación para cumplir su misión de proveer acceso universal a la información y permitir que todos los individuos hagan un uso significativo de ella, además se enumera una serie de misiones clave, relacionadas con la información, la alfabetización, la educación, la inclusión, la participación ciudadana y la cultura, deben ser la esencia de los servicios que ofrecen las bibliotecas públicas.

Una de esas misiones es que a través de las bibliotecas públicas se contribuye a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y a la construcción de sociedades más justas, humanas y sostenibles, algo que muchos países, entre esos el nuestro, no están cumpliendo violando directamente, no solo los derechos de los ciudadanos, sino contradiciendo acuerdos y convenios que firman los mandatarios en reuniones donde se invierten y gastan recursos que necesitan las bibliotecas.

El Manifiesto es contundente cuando al final dice que las bibliotecas públicas son responsabilidad de las autoridades locales y nacionales. Deben regirse por una legislación específica y actualizada, compatible con tratados y acuerdos internacionales, y estar financiadas por los gobiernos nacionales y locales. Deben ser un componente esencial de cualquier estrategia a largo plazo para la cultura, la provisión de información, la alfabetización y la educación.

En este sentido nuestro país cuenta con una Constitución que defiende la cultura y el conocimiento pero que no se está cumpliendo. Somos un país que cacarea a cada instante los Derechos Humanos, pero no los defendemos realmente. Hoy contamos con una Ley General de Cultura que implica a las bibliotecas, la lectura y el libro; y la nueva Ley por aprobar que crea el marco jurídico de las bibliotecas públicas, sin mencionar un número de acuerdos y convenios internacionales que hemos firmado como país a favor de las bibliotecas. Lo tenemos todo en papel, pero carecemos de voluntad política.

La Prensa, 10 de septiembre de 2022

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