domingo, 14 de septiembre de 2014

Un país para la convivencia: Espacios para el deseo Parte II


Por Carlos Fong

En el seminario de gestión cultural realizado por el Municipio de Panamá, Tulio Hernández dijo que la ciudad también debe de ser un espacio para los deseos. En una ciudad donde no existen espacios públicos destinados para el encuentro creativo y la convivencia, la capacidad para soñar es menoscabada. En las localidades vulnerables los sueños son frenados por la violencia, la pobreza y la desigualdad; las relaciones con el prójimo, el otro,  se tornan adversas, y no permiten la convivencia pacífica, lastimando los lazos sociales.

Por un lado, ha imperado la falta de voluntad y de imaginación política de parte de las autoridades que no invierten en el desarrollo cultural; la gente no tiene a donde ir para compartir saberes, ideas o pensamientos, espacios para conciliar problemas y tomar decisiones o, simplemente, para tener una experiencia distinta. Y por otro lado, también hay un abandono de responsabilidad cotidiana de los habitantes; la gente opta por ser “habitantes” y no “ciudadanos”.  No hay compromiso, no hay respeto, no hay tolerancia y no hay sentido de pertenencia; ni causas ni proyectos por los cuales luchar. Sólo existe el aquí y el ahora,  un presente donde la supervivencia es la prioridad.

La ciudad es una construcción física y social que tiene muchos relatos implícitos. Pero la lectura de la ciudad que tenemos es un relato de violencia y conflicto. Es la historia de una ciudad hostil donde el miedo está ganando espacio. Urge entonces, antes de que sea demasiado tarde, descubrir otras narrativas, incluso, reconstruirlas a partir de la necesidad y la carencia. La necesidad y la carencia son referentes que posibilitan diseñar acciones para trabajar sobre problemas puntuales en las localidades. Las ideas y los proyectos nacen de las necesidades. Pero para eso necesitamos espacios, espacios para construir deseos.

La ausencia de espacios públicos que provoquen el deseo sano capaz de hacer pensar proyectos de vida se sustituye por el deseo de poseer y destruir. Los barrios son arenas de conflictos y prisiones, donde los más vulnerables, los jóvenes, son atrapados por los flagelos de las drogas y la delincuencia. Las ciudades no sólo necesitan buenos servicios básicos; también necesitan de la cultura y el arte. Hay referentes de ciudades muy peligrosas, donde la criminalidad estaba ganando, y se apostó por la cultura logrando importantes cambios (Medellín, por ejemplo, es el más citado).

Cuando Tulio Hernández habló de la ciudad como texto, imaginé sus narrativas. Muchas de ellas en conflictos, pero donde las tensiones permiten pensar en acciones. Por ejemplo, la ciudad como historia y memoria, nos permite volver conversar de cómo era el pasado y preguntarnos si podría “volver a ser”. Colón, por ejemplo, ¿podría volver a ser la tacita de oro?

La ciudad como espacio para la circulación de conocimiento. ¿Será posible que la gente comparta sus ideas, sus saberes, sus experiencias? ¿Qué puedan ser protagonistas de sus propias decisiones?, ¿Qué puedan elegir juntos, construir juntos? Cuando trabajamos con niños y jóvenes, descubrimos que son capaces de trabajar en equipo, construir y tomar decisiones. Saben que son parte de un juego, de una propuesta, y tácitamente descubren que pueden trabajar mejor si piensan juntos. Esto desde un espacio institucionalizado como la escuela. ¿Qué cosas podríamos descubrir en una reunión de adultos en la biblioteca, por ejemplo?


La ciudad mirada desde la relación con el otro, tanto del más próximo como el vecino o el más lejano como el inmigrante. Hoy, que está en conflicto la famosa construcción sintáctica: “crisol de razas”, deberíamos preguntarnos si hasta ahora nuestra tolerancia no ha sido una especie de relativismo moral o si hemos llegado al punto de poder valorarnos y pensar en nosotros mismos, y si es así, por qué no podemos tolerarnos nosotros mismos. Qué podemos aprender de los múltiples rostros que se desdibujan en una ciudad indiferente.

Deberíamos, a estas alturas, de saber qué ciudad queremos. Lo voy a expresar como si fuera un cuento: Dicen los que saben y saben los que cuentan (entre ellos Antonio Matos y Tulio Hernández, con quienes cerraré este artículo) que los territorios se condicionan según las necesidades y aspiraciones humanas, y los cambios sociales y económicos. Por eso han existido ciudades medievales, ciudades burguesas, ciudades renacentistas, ciudades industriales, ciudades de posguerra, ciudades posmodernas, incluso ciudades globalizadas. Pero también, dicen los que saben y saben los que cuentan, que existen las ciudades creativas y educativas. Tulio Hernández nos habla de las ciudades fénix.

Tengo la sospecha de que estamos empeñados a vivir en una especie de ciudad medieval; luchando y defendiéndonos de enfermedades como la fiebre chikungunya. Un mal que tiene el remedio más fácil: la limpieza. Pero preferimos dejar que la basura nos ahogue y culpar a las autoridades, porque elegimos cotidianamente ensuciar. Podemos tener una ciudad creativa con la ayuda de las autoridades, pero el trabajo principal, a mi manera de ver, será en saber tomar decisiones, saber elegir la ciudad deseada. Dice Lala Deheinzelin, que no basta con contar con la conciencia para movilizar hacia la acción; hace falta sentir. Tenemos que aprender a sentir. En lo personal, pienso que es lo que deberíamos enseñarle a los niños y jóvenes, a los padres de familia y docentes, incluso a los políticos.

Quiero terminar citando un fragmento de un trabajo de Antonio Matos, Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Almada, una ciudad portuguesa que apostó por el desarrollo y la educación como ejes fundamentales de las políticas locales. En Almada las autoridades asumieron la cultura como área nuclear del desarrollo local y con una orientación gubernativa que se estructuró en seis grandes líneas de acción. Las quiero citar textualmente, porque creo que pueden servir de ejemplo y adaptarse a nuestra realidad.


1. Preservación y valoración de la herencia histórica y patrimonial: Recuperación y re-funcionalización de edificios con valor patrimonial, intervenciones arqueológicas, revitalización de enclaves con valor históricos, preservación del acervo documental histórico, preservación de las memorias y de las tradiciones locales, fiestas tradicionales, días conmemorativos;

2. Valorización de las dinámicas culturales y de participación: Apoyo a las asociaciones locales de cultura popular, apoyo a los movimientos asociativos juveniles, apoyo a las actividades de animación y ocio, apoyo a las diversas formas de expresión artísticas, especialmente las relacionadas con las culturas regionales y de otros pueblos residentes en Almada, incentivos a la diversidad de proyectos culturales;

3. Incentivos y apoyo a proyectos formativos formales e informales de educación a lo largo de la vida: Formación de los agentes culturales, formación artística en los sistemas regulares de enseñanza, apoyo a la instalación de escuelas artísticas en las varias áreas-música, artes visuales, conservación y restauración- apoyo a la universidad sénior, formación dirigida a lo más jóvenes y apoyo a proyectos artísticos presentados por los jóvenes;

4. Construcción de una red de equipamientos municipales: Red de bibliotecas, red de museos, centros de exposiciones, centros de arte contemporáneo, teatros municipales, casas de la juventud, conservatorio de música, reconversión y recalificación de los espacios asociativos con funciones recreativas y culturales, red de espacios municipales de acceso a la información;

5. Incentivo a la creación y a la producción culturales: Apoyo a las compañías de teatro y de danza, apoyo a los grupos de teatro, apoyo a los grupos corales y de música moderna, apoyo a la bandas filarmónicas, incentivos a la creación literaria , apoyo a la edición de trabajos sobre el distrito, apoyo a las artes plásticas y la fotografía;

6. Acceso a los bienes culturales y afirmación de la ciudad en la ruta de la cultura: Apoyo a la organización de festivales de teatro, de danza, de arte para el público infantil, organización de muestras de teatro, de música, organización del festival Cantar Abril, proyectos de animación urbana y de espacios públicos.

  El documento sobre la ciudad de Almeda lo pueden encontrar en los Papeles Iberoamericanos, V Campus Euroamericano de Cooperación Cultural, OEI y los trabajos de Tulio Hernández tienen más referentes de ciudades que han apostado por el desarrollo cultural como herramienta de cambio.

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