Hace poco estuvimos en la Feria Internacional de David. Como era de esperar, no nos sorprendimos con las atracciones que por lo regular se ven en estas ferias: autos, guaro, comida, vacas, más guaro, etc. Pero en medio de este mercado persa, nos gustó mucho una exposición que la Mirada de Nuchu no puede dejar de comentar. Nos referimos a la exhibición que hizo el INAC en torno al imaginario simbólico de nuestra tradición oral. La propuesta se llama: "Cuentan los abuelos..." y está basada en las investigaciones que hiciera nuestra Dora Pérez de Zárate (q.e.p.d). Mirada de Nuchu quiere hacer homenaje a este tema con un trabajo que escribimos hace algún tiempo y que ahora queremos dar a conocer en tiempos de Semana Santa con la esperanza de que retomemos estas tradiciones. Las fotos que ilustran el texto son de la Exposición del INAC en la feria de David, que ojalá cada provincia tenga la oportunidad de ver.
C.F.
Mito y literatura:
La poética del imaginario simbólico
Por: Carlos Fong
“Cuando el hombre sabe, crea la historia.
Cuando el hombre ignora, crea el mito”.
Federico Carlos Sainz De Robles
"Los símbolos que cada uno de nosotros lleva en sí y encuentra de repente en el mundo, los que sobresaltan su corazón al reconocerlos, son sus recuerdos auténticos. Son también verdaderos y propios descubrimientos. Es necesario tomar conciencia de que no vemos las cosas por vez primera, sino siempre por segunda. Entonces las descubrimos y, al mismo tiempo, las recordamos. (…) Solo admiramos de la realidad lo que ya hemos admirado una vez”. Esta concepción sencilla, moderna y poética del mito, hecha por Cesare Pavese a mediados del S20, quizá en otros tiempos habría provocado un interesante debate, porque el mito no siempre fue mirado desde una concepción poética, sino antropológica e histórica.
Etimológicamente la palabra mito viene del griego clásico mythos que significa fábula, relato o cuento. Para Platón muthología no significaba otra cosa que la afición a contar historias. Un mitólogo no era más que un “cuentero”, a decir de Enrique Buenaventura. Los términos mitológico, mitologizar, mitologista y mitólogo (principios del siglo 17) tenían que ver con la narración fabulosa, pero mitología y mitologizar “se utilizaban las más de las veces con sentido de interpretar o anotar los relatos fabulosos” anota Raymond Williams en su libro Palabras clave (2000).
La “interpretación mitológica” es un concepto que se utilizó en 1914 y hacia principios del S19 la palabra tomó dos tendencias: con Coleridge fue una “construcción imaginaria particular” y la revista “Westmister” acuñó el concepto en 1830 “causa en las circunstancias de la historia fabulada”. A mediados del S19 el concepto de mito era utilizado para “referirse a una invención no sólo fabulosa sino indigna de confianza e incluso deliberadamente engañosa”, es decir que tenía una connotación casi peyorativa; el mito no tenía nada que ver con la realidad.
A veces el mito alternaba con la fábula; sin embargo, había una distinción con la “leyenda”, que a pesar de ser una invención era más relacionada con la historia. Lo mismo pasaba con la “alegoría”, que aún siendo más fabulosa señalaba alguna realidad concreta. Más tarde, el mito adquirió un sentido positivo, tal vez por la ocupación que le han dado filósofos, antropólogos, historiadores y hasta poetas; sin tratar de exagerar, son estos últimos los que han definido mejor al mito, quizás por la estrecha relación que existe entre mito y literatura.
La palabra mito aludía en principio a la mera fábula (por lo regular pagana o profana) y era una palabra en contraste con la historia y la ciencia (de hecho aún lo es en cierta forma), más cerca de lo sagrado y lo sobrenatural, pero los intelectuales hoy día le prestan más atención y ya no ven al mito sólo como un hecho que aludía de manera alegórica a los orígenes de la prehistoria. El mito es mucho más que eso y tiene un matrimonio tácito con la literatura y es allí donde nace una relación estrecha con la realidad: la creación literaria es una mentira que dice algo de la verdadera realidad; el mito (en su visión primitiva) se crea desde el primer asombro que tenemos de la realidad cuando no la comprendemos y existe la necesidad de explicarla.
En la mitología no todo es mentira, nos dice Federico Carlos Sainz De Robles en su Ensayo de un diccionario de la literatura (1965). El mito es algo más; es algo vivo. A través de él se han explicado grandes obras de arte; se ha esclarecido la historia de naciones ancestrales; se han aclarado circunstancias sociales y sensibilidades religiosas; se han descubierto reglas morales y sociales, comportamientos y normas morales de los pueblos. La alegoría del mito es más fuerte que la realidad y es por eso que, a pesar de que la ciencia ha logrado explicar muchos fenómenos, despojando del asombro prehistórico, el hombre prefiere seguir recreando la realidad desde su cosmovisión; tal vez porque la posibilidad de asombro crea posibilidades de creación.
Aseguraba Pavese, que cada uno de nosotros, de manera individual, guarda en el interior una “riqueza interior de figuraciones” que llamamos recuerdos. Estas figuraciones se mitifican cuando las evocamos y las poetizamos; son nuestros momentos de asombro que redescubrimos cada vez que los evocamos. “Cada uno de nosotros tiene una riqueza interior de figuraciones - normalmente se pueden reducir a pocos y grandes motivos- que forman el vivero de todos sus momentos de asombro", dice Pavese y añade "La poesía busca, a menudo, renovarse, recurriendo al simbolismo, a los recuerdos de la infancia, y también a los mitos". Hay una sensibilidad espiritual y religiosa que solo es percibida por la inteligencia emocional y social de los pueblos. No puede ser explicada; es un hecho poético hipersensible.

Así como en las ciencias exactas los matemáticos se han esforzado por explicar el universo, así sucede con la fábula mítica y la empresa del héroe mítico cuya riqueza simbólica no tiene ni tiempo ni espacio y sólo es atrapada por la literatura que intenta explicar su sello mítico, su aura mítica. Comparado con la ciencia es como cuando Tycho Brahe desafió la teoría aristotélica para explicar el origen del universo, luego Johanes Kepler tomó las observaciones de Brahe para plantear la órbita de los planetas en torno al sol; para que después Galileo Galilei propusiera la relatividad del movimiento de los cuerpos celestes que más tarde ayudará a Isaac Newton a formular las leyes de la dinámica a través de su famosa ley de la gravitación universal. Solo que el mito es un valor unívoco y absoluto, ocurrido de una vez por todas cuya unicidad es revalorada, sobre todo hoy día, cuando las nuevas tensiones emergentes posibilitan la cohesión de nuevas significaciones imaginarias.
En Panamá, muchos de los acontecimientos, circunstancias, valores, costumbres y normas las conocemos a través del cuento, la leyenda y la fábula. Existe un cuento del pueblo Ngöbe-Buglé que habla de la creación de este pueblo. Es la historia de la lucha de dos pueblos: los Degó y los Moing. Ambos tenían la facultad de convertirse en animales. Los Degó eran seres buenos y pacíficos; los Moing en cambio eran muy agresivos. Por lo tanto los Degó tomaban siempre formas de animales inofensivos y los Moing de animales feroces. Así las cosas los Moing perseguían siempre a los Degó para matarlos y devorarlos hasta que intervino Mirónomo Krono, Jutú Krono o Nogobó, es decir, Dios. Mirónomo Krono mandó varios cataclismos a los Moing (parecidos un poco a los diluvios bíblicos) por ser tan malos. Cada vez que caía un rayo del cielo los Moing hacían muecas a Mirónomo Krono y éste los castigaba convirtiéndolos en árboles o piedra. De allí la creencia de que en la selva hay distintos tipos de árboles, y los petroglifos, encontrados en algunas zonas de Chiriquí, fueron estas criaturas en algún tiempo mítico.

La tradición de la cultura kuna es totalmente oral. Los sailagan son los ancianos autorizados para transmitir este saber oral a las nuevas generaciones. Es muy probable que la actual crisis civilizatoria cultural, como la ha llamado Patricio Rivas Herrera, técnico e investigador del Convenio Andrés Bello, haya tenido efectos en la nación dule: los jóvenes son atraídos por los espejismos de la globalización y cada vez se ve más la migración por causas laborales de éstos hacia el mundo de los waga, lo que causa un proceso de aculturación y desconexión con la territorialidad y la identidad. Esto puede ser un problema, pero peor sería que se pierda una historia oral que ha sido patrimonio de la memoria de los kunas.
Aiban Wagua recopiló, sintetizó e interpretó los elementos de la religión kuna, un sistema muy complejo de símbolos y metáforas que se encuentra en el Bab Igala o Anmar danikid y que solo es transmitido de manera oral por los sailagan. En principio la empresa de crear este libro no fue del todo acogida por todos los sailagan, pero finalmente el Congreso General de la Cultura Kuna lo aprobó y hoy se cuenta con un hermoso libro que representa el patrimonio del pueblo kuna, su cosmovisión del universo, su pensamiento, su manera de valorar el mundo y su proyecto de vida. El libro se titula: En defensa de la vida y su armonía: elementos de la religión kuna (2000). Para algunos será una mera compilación de mitos o fábulas mentirosas, pero para nosotros es un tratado que enriquece la diversidad cultural identitaria en el marco de las tensiones de la globalización y la homogenización cultural.
“Al inicio todo era oscuro. Una oscuridad tan densa como si le apretaran a uno los ojos con dos manos. No había sol, no había luna, no habían nacido las estrellas. Entonces Bad Dummad se dispuso a crear la tierra, Nan Dummad se dispuso a crea la tierra”, narra el inicio de uno de los textos. Más adelante se puede leer: “Baba y Nana trabajaron juntos” o “Baba y Nana crearon todo”. Para entender estas categorías, escribe Aiban Wagua, hace falta situarse desde la lógica kuna, no basta los términos teológicos accidentales, hay que sumergirse en la realidad de la experiencia kuna. Comparado al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de la fe cristiana, que son una y la misma entidad, para la sensibilidad religiosa kuna Baba y Nana no pueden existir sin el otro; si no es así, no hay perfección: en la perfección de Nana estriba la perfección de Baba y viceversa.

La poética del imaginario simbólico
Por: Carlos Fong
“Cuando el hombre sabe, crea la historia.
Cuando el hombre ignora, crea el mito”.
Federico Carlos Sainz De Robles
"Los símbolos que cada uno de nosotros lleva en sí y encuentra de repente en el mundo, los que sobresaltan su corazón al reconocerlos, son sus recuerdos auténticos. Son también verdaderos y propios descubrimientos. Es necesario tomar conciencia de que no vemos las cosas por vez primera, sino siempre por segunda. Entonces las descubrimos y, al mismo tiempo, las recordamos. (…) Solo admiramos de la realidad lo que ya hemos admirado una vez”. Esta concepción sencilla, moderna y poética del mito, hecha por Cesare Pavese a mediados del S20, quizá en otros tiempos habría provocado un interesante debate, porque el mito no siempre fue mirado desde una concepción poética, sino antropológica e histórica.
Etimológicamente la palabra mito viene del griego clásico mythos que significa fábula, relato o cuento. Para Platón muthología no significaba otra cosa que la afición a contar historias. Un mitólogo no era más que un “cuentero”, a decir de Enrique Buenaventura. Los términos mitológico, mitologizar, mitologista y mitólogo (principios del siglo 17) tenían que ver con la narración fabulosa, pero mitología y mitologizar “se utilizaban las más de las veces con sentido de interpretar o anotar los relatos fabulosos” anota Raymond Williams en su libro Palabras clave (2000).
La “interpretación mitológica” es un concepto que se utilizó en 1914 y hacia principios del S19 la palabra tomó dos tendencias: con Coleridge fue una “construcción imaginaria particular” y la revista “Westmister” acuñó el concepto en 1830 “causa en las circunstancias de la historia fabulada”. A mediados del S19 el concepto de mito era utilizado para “referirse a una invención no sólo fabulosa sino indigna de confianza e incluso deliberadamente engañosa”, es decir que tenía una connotación casi peyorativa; el mito no tenía nada que ver con la realidad.
A veces el mito alternaba con la fábula; sin embargo, había una distinción con la “leyenda”, que a pesar de ser una invención era más relacionada con la historia. Lo mismo pasaba con la “alegoría”, que aún siendo más fabulosa señalaba alguna realidad concreta. Más tarde, el mito adquirió un sentido positivo, tal vez por la ocupación que le han dado filósofos, antropólogos, historiadores y hasta poetas; sin tratar de exagerar, son estos últimos los que han definido mejor al mito, quizás por la estrecha relación que existe entre mito y literatura.
La palabra mito aludía en principio a la mera fábula (por lo regular pagana o profana) y era una palabra en contraste con la historia y la ciencia (de hecho aún lo es en cierta forma), más cerca de lo sagrado y lo sobrenatural, pero los intelectuales hoy día le prestan más atención y ya no ven al mito sólo como un hecho que aludía de manera alegórica a los orígenes de la prehistoria. El mito es mucho más que eso y tiene un matrimonio tácito con la literatura y es allí donde nace una relación estrecha con la realidad: la creación literaria es una mentira que dice algo de la verdadera realidad; el mito (en su visión primitiva) se crea desde el primer asombro que tenemos de la realidad cuando no la comprendemos y existe la necesidad de explicarla.
En la mitología no todo es mentira, nos dice Federico Carlos Sainz De Robles en su Ensayo de un diccionario de la literatura (1965). El mito es algo más; es algo vivo. A través de él se han explicado grandes obras de arte; se ha esclarecido la historia de naciones ancestrales; se han aclarado circunstancias sociales y sensibilidades religiosas; se han descubierto reglas morales y sociales, comportamientos y normas morales de los pueblos. La alegoría del mito es más fuerte que la realidad y es por eso que, a pesar de que la ciencia ha logrado explicar muchos fenómenos, despojando del asombro prehistórico, el hombre prefiere seguir recreando la realidad desde su cosmovisión; tal vez porque la posibilidad de asombro crea posibilidades de creación.
Aseguraba Pavese, que cada uno de nosotros, de manera individual, guarda en el interior una “riqueza interior de figuraciones” que llamamos recuerdos. Estas figuraciones se mitifican cuando las evocamos y las poetizamos; son nuestros momentos de asombro que redescubrimos cada vez que los evocamos. “Cada uno de nosotros tiene una riqueza interior de figuraciones - normalmente se pueden reducir a pocos y grandes motivos- que forman el vivero de todos sus momentos de asombro", dice Pavese y añade "La poesía busca, a menudo, renovarse, recurriendo al simbolismo, a los recuerdos de la infancia, y también a los mitos". Hay una sensibilidad espiritual y religiosa que solo es percibida por la inteligencia emocional y social de los pueblos. No puede ser explicada; es un hecho poético hipersensible.
Así como en las ciencias exactas los matemáticos se han esforzado por explicar el universo, así sucede con la fábula mítica y la empresa del héroe mítico cuya riqueza simbólica no tiene ni tiempo ni espacio y sólo es atrapada por la literatura que intenta explicar su sello mítico, su aura mítica. Comparado con la ciencia es como cuando Tycho Brahe desafió la teoría aristotélica para explicar el origen del universo, luego Johanes Kepler tomó las observaciones de Brahe para plantear la órbita de los planetas en torno al sol; para que después Galileo Galilei propusiera la relatividad del movimiento de los cuerpos celestes que más tarde ayudará a Isaac Newton a formular las leyes de la dinámica a través de su famosa ley de la gravitación universal. Solo que el mito es un valor unívoco y absoluto, ocurrido de una vez por todas cuya unicidad es revalorada, sobre todo hoy día, cuando las nuevas tensiones emergentes posibilitan la cohesión de nuevas significaciones imaginarias.
En Panamá, muchos de los acontecimientos, circunstancias, valores, costumbres y normas las conocemos a través del cuento, la leyenda y la fábula. Existe un cuento del pueblo Ngöbe-Buglé que habla de la creación de este pueblo. Es la historia de la lucha de dos pueblos: los Degó y los Moing. Ambos tenían la facultad de convertirse en animales. Los Degó eran seres buenos y pacíficos; los Moing en cambio eran muy agresivos. Por lo tanto los Degó tomaban siempre formas de animales inofensivos y los Moing de animales feroces. Así las cosas los Moing perseguían siempre a los Degó para matarlos y devorarlos hasta que intervino Mirónomo Krono, Jutú Krono o Nogobó, es decir, Dios. Mirónomo Krono mandó varios cataclismos a los Moing (parecidos un poco a los diluvios bíblicos) por ser tan malos. Cada vez que caía un rayo del cielo los Moing hacían muecas a Mirónomo Krono y éste los castigaba convirtiéndolos en árboles o piedra. De allí la creencia de que en la selva hay distintos tipos de árboles, y los petroglifos, encontrados en algunas zonas de Chiriquí, fueron estas criaturas en algún tiempo mítico.
La tradición de la cultura kuna es totalmente oral. Los sailagan son los ancianos autorizados para transmitir este saber oral a las nuevas generaciones. Es muy probable que la actual crisis civilizatoria cultural, como la ha llamado Patricio Rivas Herrera, técnico e investigador del Convenio Andrés Bello, haya tenido efectos en la nación dule: los jóvenes son atraídos por los espejismos de la globalización y cada vez se ve más la migración por causas laborales de éstos hacia el mundo de los waga, lo que causa un proceso de aculturación y desconexión con la territorialidad y la identidad. Esto puede ser un problema, pero peor sería que se pierda una historia oral que ha sido patrimonio de la memoria de los kunas.
Aiban Wagua recopiló, sintetizó e interpretó los elementos de la religión kuna, un sistema muy complejo de símbolos y metáforas que se encuentra en el Bab Igala o Anmar danikid y que solo es transmitido de manera oral por los sailagan. En principio la empresa de crear este libro no fue del todo acogida por todos los sailagan, pero finalmente el Congreso General de la Cultura Kuna lo aprobó y hoy se cuenta con un hermoso libro que representa el patrimonio del pueblo kuna, su cosmovisión del universo, su pensamiento, su manera de valorar el mundo y su proyecto de vida. El libro se titula: En defensa de la vida y su armonía: elementos de la religión kuna (2000). Para algunos será una mera compilación de mitos o fábulas mentirosas, pero para nosotros es un tratado que enriquece la diversidad cultural identitaria en el marco de las tensiones de la globalización y la homogenización cultural.
“Al inicio todo era oscuro. Una oscuridad tan densa como si le apretaran a uno los ojos con dos manos. No había sol, no había luna, no habían nacido las estrellas. Entonces Bad Dummad se dispuso a crear la tierra, Nan Dummad se dispuso a crea la tierra”, narra el inicio de uno de los textos. Más adelante se puede leer: “Baba y Nana trabajaron juntos” o “Baba y Nana crearon todo”. Para entender estas categorías, escribe Aiban Wagua, hace falta situarse desde la lógica kuna, no basta los términos teológicos accidentales, hay que sumergirse en la realidad de la experiencia kuna. Comparado al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de la fe cristiana, que son una y la misma entidad, para la sensibilidad religiosa kuna Baba y Nana no pueden existir sin el otro; si no es así, no hay perfección: en la perfección de Nana estriba la perfección de Baba y viceversa.
Existe una necesidad de poetizar el mito. Si el hombre primitivo falseó la verdad para fundar un mito; el poeta, o mejor dicho, el escritor, poetiza el mito para llegar a la verdad, o al menos, para tener una representación de esa verdad. Es una de las razones que han llevado a muchos autores a crear personajes que devienen en mito. Tal vez el ejemplo más notable en nuestra literatura (no es el único) es Rafael, el personaje de El ahogado, la novela de Tristán Solarte.
En esta novela se puede pensar en una revaloración del mito de la Tulivieja, mito que en otras partes del istmo centroamericano tiene otros nombres como la tepesa o la llorona. Josefina, la madre de Rafael, tiene un encuentro amoroso con un “hombre silencioso” en un río, el hombre desaparece dejando, en principio, una atmósfera esotérica; todo parece indicar que Josefina hizo el amor con el diablo. Al poco tiempo queda en cinta y nace Rafael, la madre enloquece y es internada en el Matías Hernández. El hijo es acosado por la idea de que su madre es la Tulivieja, y que lo persigue. La obra de Solarte está llena de elementos de intertextualidad mítica. Sus personajes son sujetos del mito. De todos los estudios valiosos que hay sobre esta novela queremos mencionar en esta ocasión el estudio de la profesora Berna Burrell: Lo mítico y lo simbólico imbricado en la realidad: la ilusión ficcional de El ahogado. La profesora Burrell hace un interesante análisis del corpus de la novela e identifica los elementos intertextuales del relato folclórico de la Tulivieja en la obra de Solarte. (El ensayo fue publicado en la Revista Iberoamericana, Nº 196, 2001 y en el Boletín de la Academia Panameña de la Lengua. Nº3, sexta época, 2003).
Existen antologías de autores panameños que han tratado de compilar nuestras leyendas y cuentos folclóricos. Quién puede olvidar las experiencias escolares con los libros: Iniciación Literaria de Miguel Mejía Dutary y las Narraciones Panameñas de Berta María Cabezas. Los libros: Cuentos panameños de la ciudad y del campo de Ignacio de J. Valdés; las Tradiciones y leyendas panameñas de Luisita Aguilera Patiño; las Veintiséis leyendas panameñas de Sergio González Ruiz; y los Cuentos folklóricos de Panamá de Mario Riera Pinilla recopilan leyendas y cuentos folclóricos de gran valor para la identidad nacional. Más recientemente, en 1994, Juan Antonio Gómez público el libro El cuento panameño de tema campesino. En esta antología Juan Gómez hace un valioso recorrido por el cuento panameño desde Salomón Ponce Aguilera (el primer escritor panameño que publica cuentos. La primera mujer en escribir cuentos propiamente tales es Graciela Rojas Sucre, y no Luisita Aguilera P., como algunos piensan), pasando por Ricardo Miró, Ernesto J. Castillero R., José María Núñez, Moisés Castillo, entre otros. Pero lo interesante para nosotros es cómo muchos de los temas de estos cuentos son una muestra representativa de las costumbres, creencias y mitos que configuran el ser panameño.
Juan Antonio Gómez también hace una revalorización de la leyenda de La india dormida en otro libro: Del tiempo y la memoria. Lo que hace Gómez es poetizar el mito a través de la recreación literaria. José Gabino Rivera publicó, en el año 2000, una obra titulada Cuentos y leyendas del folklore panameño. Aunque el libro adolece de la falta de un estudio, este escollo se perdona cuando nos encontramos con una serie de cuentos y relatos que van desde las fábulas de Tío tigre y Tío conejo, hasta cuentos de sucesos de la Semana Santa y leyendas que no conocíamos como La niña que se volvió paloma de montaña. Otro atributo de este libro es que fue creado de un trabajo de campo que recopiló el autor de cuenteros de Dolega, Tolé, Macaracas, Bugaba, Renacimiento, Soná, Barú y Santa María.
Nuestra tradición oral es muy rica en torno al tema del mito. Existen muchos estudios de tesis que recopilan información valiosa. Los informante generalmente son los abuelos; la memoria viva de los pueblo. Uno de los trabajos más valiosos es de Dora Pérez de Zárate: La saga panameña, un tema inquietante. Aquí la doctora Zárate logra compilar una muestra muy representativa suministrada por los informantes sobre personajes sobrenaturales (como la Tepesa, por ejemplo) que ella prefiere enmarcarlos bajo el concepto de “saga” y no “mito”, dado que para la doctora
Zárate la “saga” pertenece a un sector más abarcador que incluye las creencias. En este sentido tiene razón ya que muchas de esas “creencias” no sólo devienen en mito, sino en leyendas y cuentos que son estructuras algo más complejas.
De la interpretación, valoración, conocimiento y respeto que tengamos de los mitos depende el aprecio hacia nuestra identidad. Hay una necesidad religiosa de crear los mitos; hay otra necesidad científica de interpretar los mitos y hay una necesidad cultural de practicar el ritual del mito; pero nosotros nos atreveríamos a nombrar una cuarta: la necesidad de aceptar el mito como una realidad que nos ayuda a sensibilizarnos y trascender en lo que nosotros pensamos es la verdadera realidad.
Juan Antonio Gómez también hace una revalorización de la leyenda de La india dormida en otro libro: Del tiempo y la memoria. Lo que hace Gómez es poetizar el mito a través de la recreación literaria. José Gabino Rivera publicó, en el año 2000, una obra titulada Cuentos y leyendas del folklore panameño. Aunque el libro adolece de la falta de un estudio, este escollo se perdona cuando nos encontramos con una serie de cuentos y relatos que van desde las fábulas de Tío tigre y Tío conejo, hasta cuentos de sucesos de la Semana Santa y leyendas que no conocíamos como La niña que se volvió paloma de montaña. Otro atributo de este libro es que fue creado de un trabajo de campo que recopiló el autor de cuenteros de Dolega, Tolé, Macaracas, Bugaba, Renacimiento, Soná, Barú y Santa María.
Nuestra tradición oral es muy rica en torno al tema del mito. Existen muchos estudios de tesis que recopilan información valiosa. Los informante generalmente son los abuelos; la memoria viva de los pueblo. Uno de los trabajos más valiosos es de Dora Pérez de Zárate: La saga panameña, un tema inquietante. Aquí la doctora Zárate logra compilar una muestra muy representativa suministrada por los informantes sobre personajes sobrenaturales (como la Tepesa, por ejemplo) que ella prefiere enmarcarlos bajo el concepto de “saga” y no “mito”, dado que para la doctora
De la interpretación, valoración, conocimiento y respeto que tengamos de los mitos depende el aprecio hacia nuestra identidad. Hay una necesidad religiosa de crear los mitos; hay otra necesidad científica de interpretar los mitos y hay una necesidad cultural de practicar el ritual del mito; pero nosotros nos atreveríamos a nombrar una cuarta: la necesidad de aceptar el mito como una realidad que nos ayuda a sensibilizarnos y trascender en lo que nosotros pensamos es la verdadera realidad.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada